HOSTEL (1)

  12 Diciembre 2006

Título original: Hostel
País, Año: EE.UU, 2005
Dirección: Eli Roth
Intérpretes: Jay Hernandez, Derek Richardson, Eythor Gudjonsson, Barbara Nedeljáková, Jana Kaderabková, Jan Vlasák, Rick Hoffman, Jennifer Lim
Guión: Eli Roth
Producción: Screen Gems Inc., Lions Gate Films Inc
Fotografía: Milan Chadima
Música: Nathan Barr
Montaje: George Folsey Jr.
Duración: 95 minutos

Ojo por ojo
Escribe Mister Kaplan

Eli Roth, responsable de Cabin fever, vuelve a la carga. Quentin Tarantino, mejor publicista que realizador, también. Juntos descubren una buena idea: el turismo sexual en los países de Europa del Este puede ir acompañado de otro “turismo” más sangriento. Juntos también averiguan que Checoslovaquia es un lugar barato para rodar. Con pocas nueces pero mucho ruido presentan Hostel, un producto teóricamente fuerte, cercano al gore que, al final, se queda a medio camino en casi todo... menos en la taquilla, donde ha dado jugosos dividendos.

Existen paraísos fiscales, sexuales y de todo tipo, ¿por qué no imaginar entonces un paraíso para aquellos que quieren vivir emociones fuertes? Un lugar donde los torturadores, los psicópatas o, sencillamente, aquellos que alguna vez hemos deseado matar a alguien podamos por fin cumplir con nuestro sueño.

Ésta es la premisa de Hostel. Y parece original, aunque no lo es tanto. Hace ochenta años ya se rodó una película titulada El malvado Zaroff que partía precisamente de esa idea (aunque allí era una isla donde cazaban a los seres humanos: bonito deporte). Como la idea era brillante se apropiaron de ella distintos guionistas, realizadotes y productores, a veces sin pagar los correspondientes derechos. Aunque de todos ellos, quizá el más listo fue un tal John Woo, que eligió esa trama para su debut en el cine norteamericano, apadrinado por Sam Raimi y con Jean Claude Van Damme de protagonista: el título de aquella propuesta era Blanco humano y, vista la evolución posterior del realizador de Hong Kong, sigue siendo su mejor película occidental.

Ahora nos llega esta “actualización” (uy, palabra que da mucho miedo). Su innovación es sencilla: agencias de viajes contactan con buenos mozos y mozas para llevarlos a países del Este con la promesa de sexo fácil; al mismo tiempo, otras agencias más selectas contactan con burgueses ansiosos de vivir experiencias al límite, cazando humanos. Del intercambio de clientes entre una y otra agencia surge un hotel aislado en un pueblucho junto a una fábrica abandonada donde, día sí y noche también, los burgueses dan buena cuenta de sus víctimas entre los turistas del pueblo (pero no se emocionen, de lectura política nada de nada, aquí todo es más simple).

Podría funcionar la cosa, porque sangre y vísceras le ponen. Pero hay demasiadas trampas, demasiadas limitaciones, para que el producto acabe siendo satisfactorio.

En primer lugar, el propio montaje final. No sé si lanzarán un “director’s cut” cualquier día, pero éste que se ha estrenado en cines promete más de lo que ofrece: seguramente se ha rodado mucho material fuerte, pero ese corte (de montaje) en el momento preciso hace que, al final, uno acabe por intuir bastante, pero ver más bien pocos cortes (en las carnes de las víctimas). Lo dicho, más promesas que realidades.

En segundo lugar, la localización. Tanto se ha limitado, tanto se ha concentrado la acción en tres escenarios (el hotel, un par de calles del pueblo y la fábrica abandonada que ahora se utiliza para prácticas de tiro) que da igual si se ha rodado en Checoslovaquia o en un pueblecito de Cuenca. No importa (salvo en el coste de producción, suponemos), todo es más sugerido que aprovechado realmente para la trama. Y, por favor, que nadie me hable de la capacidad de sugerencia del cine... eso es otra cosa.

En tercer lugar, la propia trama. Tanta conspiración internacional, tanto negocio bien montado... para que al final todo quede en unos pocos “malos” de la función (dos chicas que atraen a mozos jóvenes, un contacto y el jefe del tinglado). Y todos ellos acabarán muriendo a manos del jovencito de turno, norteamericano por más señas, que pasa de ser mediocre estudiante ávido de fuertes sensaciones sexuales a héroe vengativo con una facilidad pasmosa (cosas del guión), y que va encontrándose a todos los responsables de la trama de forma casual (uy, uy), mientras intenta huir, por lo que, ya puestos, se los va cargando a todos.

En cuarto lugar, y manteniéndonos con la trama, esta reducción absurda acaba jugando en contra el propio mensaje de la película: frente a la violencia gratuita... más violencia gratuita, aunque, eso sí, la del héroe es con coartada: ¡se trata de una venganza! (uy, uy, uy). Para que quede claro qué es cada uno, el dueño del negocio morirá (tras encontrarse “casualmente” en un tren con nuestro protagonista: vale, mejor no hablamos del guión) a manos de nuestro joven-héroe-yanqui, lo hará en los servicios de la estación y será, literalmente, metido de cabeza en la taza de un váter. Así quedará claro que ese tipo era una auténtica mierda... No, no lo digo yo, es una reflexión propuesta por el propio guión, así de sutiles son todas sus argumentaciones (uy, perdón, había dicho que no iba a hablar del guión).

Lástima que esa idea acerca del turismo sexual como reclamo para atraer víctimas de otro tipo de turistas (llamémosles sanguinarios) haya caído en manos de Eli Roth; quizá bajo el patrocinio de alguien con más pulso narrativo, con más cosas que decir, habría podido suponer una interesante reflexión sobre los peligros de la “globalización”, o sobre las nuevas formas de ocio en occidente, o sobre el canibalismo del ser humano, o...

Pero no, todo ello son disquisiciones absurdas. Hostel no es más que una vulgar apología final de la violencia que acaba anulando un interesante punto de partida. Lástima.