TERROR EN LA NIEBLA (0)

  12 Diciembre 2006

Título original: The Fog
País, Año: EE.UU., 2005
Dirección: Rupert Wainwright
Intérpretes: Tom Welling, Maggie Grace, Selma Blair, Rade Sherbedgia, DeRay Davies, Kenneth Welsh, Adrian Hough, Sara Botsford, Cole Heppell
Guión: Cooper Layne
Producción: Revolution Studios, Columbia Pictures
Fotografía: Nathan Hope
Música: Graeme Revell
Montaje: Dennis Virkler
Duración: 100 minutos

Terror no, pánico
Escribe Mister Kaplan

En el número anterior de Encadenados, hablando uno de nuestros redactores de La masacre de Toolbox y de los viejos dinosaurios, como Tobe Hooper, George Romero o John Carpenter, ya insinuaba que la situación en la que se encuentran resulta cuando menos chocante: si quieren volver a dirigir han de hacerlo en secuelas de su propio trabajo, en modestas producciones que apenas pueden competir con remakes de sus viejos éxitos hoy dirigidos por especialistas en videoclips o, sencillamente, refugiarse en la televisión.

A todos ellos y algunos más los podemos disfrutar en la exitosa serie Masters of horror (de distribución en canales de pago, pero parece que ninguna televisión gratuita se atreve a dar una serie pródiga en sangre, sexo y discursos políticamente incorrectos: vamos, cine de terror de verdad), pero en la pantalla grande la cosa se complica.

De hecho, de John Carpenter sólo tenemos dos películas estrenadas en los últimos ocho años: la excelente Vampiros (1998) y la irregular Fantasmas de Marte (2001). ¿Y de qué vive este buen señor? Pues, además de dirigir algunos episodios para televisión (dos, de momento, en la serie Masters of horror), de firmar como productor asociado o algo así en cualquiera de las secuelas de Halloween (¿cuántas van ya?) y de vender los derechos de su música, parece ser que paga las hipotecas con el dinero que le genera (¡atención!) la venta de los derechos de sus guiones. Irónico ¿no?

¿Dónde está la ironía se pregunta algún despistado? Sencillamente, Carpenter fue siempre un gran director, un gran creador de ambientes, un especialista en contar con imágenes... ¡pero sus guiones eran lo peor de la función en la mayoría de sus grandes clásicos!

Tras el revival habitual de Halloween (un episodio cada dos o tres años), no hace mucho le tocó el turno a Asalto a la comisaría del distrito 13 (cuyo remake no estaba mal, pero no mejoraba el original) y ahora es el momento de La niebla.

¿Para qué sirve una nueva versión de un título que apenas tiene veinticinco años y que está más o menos fresco en la memoria de los habituales del género? Para ganar dinero, lógicamente. Pero, ¿para algo más?

Repasemos sus méritos y saldremos de dudas.

Terror en la niebla sigue más o menos fielmente el guión del original firmado por John Carpenter en 1980, pero con algunas “originalidades” que... ¿cómo decirlo? Humm... Vamos, que destrozan completamente la historia original y convierten la nueva versión en una castaña. Veamos algunos ejemplos (sin ánimo de ser exhaustivo, que tampoco merece tanto tiempo el bodrio de marras).

El ataque inicial de la niebla a una barca en alta mar permite ver que “la niebla” no necesita tocar a las víctimas para demostrar su fuerza (vemos a dos chicas lanzadas a través de una ventana; otro individuo –indeseable, por cierto: merecía morir– recibe su merecido mediante de un cuchillo lanzado por la niebla –que ahora posee poderes telekinésicos, suponemos–). Bien, una vez claro que tiene este poder (como Carrie White), va y resulta que un negrito simpático se escapa de la muerte porque (atentos) se esconde en una nevera... ¡donde la niebla no puede alcanzarlo! Pero ¿no habíamos quedado que la niebla mueve objetos? Pues que abra la puerta de la nevera y se lo cargue. Punto.

Otra “mejora” del guión original. La conversación entre el trabajador del servicio meteorológico (que informa de la existencia de algo raro en esa niebla) y la locutora de radio (que informa al resto a través de su emisora de radio, situada en un faro) se realizaba en el filme de Carpenter por teléfono. Tras el ataque a la estación meteorológica la comunicación se cortaba y todo quedaba sugerido, pero nunca explícitamente mostrado. Aquí, cosas de los tiempos modernos, se comunican por una webcam y (atentos) cuando la niebla ataca se corta la luz en todo el edificio, pero ¡el ordenador, Internet y la webcam siguen funcionando! Así, la chica puede ver a través del ordenador cómo la niebla (que ya ha recobrado sus poderes telekinésicos) lanza al meteorólogo a hacer puñetas. ¿Con qué funciona todo el equipo? ¿Con pilas antiniebla?

Hablando del faro y la chica: la escena más angustiosa en el original, el ataque al faro, con la huida de la locutora hasta el techo del faro, aquí... esto, cómo decirlo, aquí, como no se veían con fuerzas para mejorar el original, simplemente ¡han eliminado toda la escena!

Para Carpenter y su socia del momento, Debra Hill, la clave estaba en una maldición que había que cumplir y ello se evidenciaba a través de un madero del barco fantasma en el que se explicitaba la maldición con un texto: “Seis deben morir”. Vale, pues aquí ni seis ni diez, los que sean precisos. Y de maldición enlazada con la historia del poblado, nada de nada... ¡A morir, que son dos días!

El padre Malone encontraba, siempre en el guión de Carpenter y Hill, un diario oculto por un antepasado suyo en la iglesia y, como todos los elementos tenían relación con la maldición, se cerraba el círculo al final del filme, cuando Blake volvía a la iglesia a por el padre porque, lógicamente, era el sexto que debía morir. Bien, aquí el diario lo encuentran en un embarcadero donde la chica cae “accidentalmente” (subrayo lo de accidental porque así parece estar escrito en el guión). La coherencia con todo lo demás se pierde y, como parecen darse cuenta de ello (aunque tarde: ya tenían rodada la película), nos sorprenden con un final “innovador”: Blake vuelve a por la chica (sí, la misma que buceaba sin querer en el embarcadero y, de paso, encontraba el diario) porque esa era su chica hace cien años (de ahí que de vez en cuando viviera flash-backs o algo así). ¡Sorprendidos, eh!

Bueno, se acaban los dos folios (dice el boss que hay que escribir ochenta líneas para poder cobrar la crítica... si no de qué iba a estar este cronista enumerando meteduras de pata de un guión que ha debido ser aprobado por algún ejecutivo ciego). Simplemente, la película destroza sistemáticamente toda la coherencia de que hacía gala el filme de Carpenter, al menos en su planteamiento sobre el papel... y nos queda la realización.

Ah, la puesta en escena, ese concepto que habla de la forma en que los elementos nos son mostrados o sugeridos en la pantalla para que el espectador complete el mensaje y lo haga suyo. Bien, pues, sorpresa, hay una gran escena: sobre un travelling circular de una estatua que homenajea a los fundadores del poblado se realiza una transición, pasando de la estatua que se inaugura en el presente a la imagen real de los protagonistas hace cien años. Un gran plano: atractivo, conciso, sugerente... Lástima que sea el único.

Sí, porque en ese único plano se acaba la imaginación del director (parece ser que sí, que la película tenía uno), el resto podría pasar por un telefilme de cualquier sobremesa de fin de semana: imágenes planas (y no porque predomine la filmación con teleobjetivo, marca habitual de los realizadores procedentes de la publicidad), nula capacidad de sugerencia, ningún susto reseñable, ni idea de lo que es crear un clima de terror, tampoco hay festines para los amantes del gore, ni sexo (ojo: menos que en el original, hoy todo es muy políticamente correcto), ni sangre...

En fin, que no es una película de terror. Si acaso... da pánico.