VICKY CRISTINA BARCELONA (0)

  02 Octubre 2008
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Título original: Vicky Cristina Barcelona
País, año: Estados Unidos - España, 2008
Dirección: Woody Allen
Producción: Stephen Tenenbaum, Gareth Wiley, Letty Aronson
Guión: Woody Allen
Fotografía: Javier Aguirresarobe
Música: Varios autores, seleccionada por Woody Allen
Montaje: Alisa Lepselter
Intérpretes:

Javier Bardem, Scarlett Johansson, Patricia Clarkson, Penélope Cruz, Rebecca Hall, Christopher Evan Welch, Chris Messina, Kevin Dunn

Duración: 96 minutos
Distribuidora: Warner Bros.
Estreno: 19 septiembre 2008
Página web:  www.vickycristinabarcelona
lapelicula.es
 

Artistas y postales
Escribe Marcial Moreno

Dicen los títulos de crédito que la película ha sido escrita y dirigida por Woody Allen. Así será, si así lo dice, pero tras verla cuesta creer que el mismo autor de Match Point o El sueño de Casandra, por poner dos ejemplos recientes, sea el responsable de semejante ocurrencia. Porque, y no nos vayamos por las ramas, comenzando por el título y acabando por donde se quiera, a esta Vicky Cristina Barcelona no hay por donde cogerla.

vickycristinabarcelona1.jpgAlgunos, quizá impresionados por venir de dónde viene, han creído descubrir un nosequé que la hace estimable, incluso hay quien cree encontrar en ella aires rohmerianos. Ya está bien, y llamemos a las cosas por su nombre.

Si quieren referencias, ¿por qué no aquellas películas de los setenta en las que se pretendía potenciar el turismo patrio? O si eso es secundario, como también se ha leído por ahí, si lo importante es la relación entre los personajes, entonces algún culebrón mejicano. Los días entre semana después de comer, sin ir más lejos. ¿Que exagero? A quienes lo piensen quisiera ver yo en una cata a ciegas, si ello fuera posible.

La ciudad

vickycristinabarcelona2.jpgComencemos, porque por algún lado hay que comenzar, por el marco geográfico. Woody Allen ha hecho magníficas películas sobre Nueva York en las que la ciudad está sin estar, es la protagonista sin por ello convertirse en un soporífero inventario de postales turísticas. Películas en las que la ciudad vive en los personajes y en las que éstos dejan mostrar a través de sí mismos las peculiaridades del lugar que habitan. Pensamos, claro, en Manhattan, pero también en la Nueva York desolada posterior a los atentados que tan extraordinariamente retrató en Todo lo demás, una de las obras capitales y al mismo tiempo más infravaloradas de Allen.

Claro está que en estas películas la ciudad aparece como algo real, complejo, vivo, lleno de matices. Nada de eso, en cambio, ocurre aquí. Por una parte la conexión de la historia con la ciudad es puramente circunstancial, ocurre aquí pero perfectamente podría ocurrir en otro lugar, en Oviedo mismo, sin ir más lejos. Tan sólo habría que cambiar las vistas. Además, todo es estupendo. La gente es cordial, hace buen tiempo, los extranjeros están muy integrados, hay un índice de artistas por metro cuadrado que ni en tiempo de los Medici, y hasta las putas son la mar de colegas de esos artistas. La Arcadia feliz.

vickycristinabarcelona3.jpgSabemos que Allen ha recibido financiación para su película a condición de hacer de altavoz publicitario, y eso, claro, conlleva ciertas servidumbres, pero se ha pasado. O se ha quedado corto, según se mire. No sé si en el contrato figuraba la lista de lugares que necesariamente habrían de aparecer retratados, porque no hay conversación o paseo que no se haga frente a un monumento de renombre, quizá sea por la condición de artistas (de facto o potenciales), de la mayoría de los protagonistas. Y cuando el encuadre no acaba de quedar bien, no hay el menor recato en hacer un barrido de cámara que nos sitúe. ¿Tanto pagaron? ¿No era Woody Allen el paradigma de cineasta que no estaba dispuesto a someterse a las exigencias de la industria, y de ahí su exilio europeo? En fin...

Pero como decíamos, también se ha quedado corto. Porque si la intención era desarrollar un paseo turístico por Barcelona, eso hay que trabajarlo, conocerlo a fondo e integrarlo en la historia. Parece como si le hubieran dado al director una lista de temas a tratar, y éste los hubiera ido incrustando uno tras otro sin el menor interés en dotarlos de cierta coherencia. Así se explicarían escenas como la ya mencionada de las putas joviales, la inenarrable de las pajarerías de las Ramblas, o esa en la que los protagonistas pasan junto a un espectáculo de pirotecnia (correfocs) sin que les llame en absoluto la atención y sin que haya allí nadie mirándolo, como si de un elemento más del mobiliario urbano se tratara.

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Los personajes

Pero bueno, seamos tolerantes. Ya se sabe: el americano que llega a Europa y se encuentra un poco desubicado. Vayamos a su fuerte, el tratamiento de los personajes.

vickycristinabarcelona5.jpgPues peor. No puede ser más desolador. Podemos empezar por donde queramos; no haremos otra cosa que descubrir tópicos sobre tópicos.

Por ejemplo, el novio americano, medio bobo, vulgar y aburrido (y bajito), incapaz de hacer feliz a su novia, y no como el latino (éste más alto), tipo macho cabrío (como queda reflejado en la primera escena), pero sensible (no en vano ha deambulado por todas las artes), que es capaz de rendirlas con un par de miraditas, o quizá es que una experiencia sexual con él las marca de por vida. La cuestión es que Vicky, presentada al principio como una chica fría, calculadora y estable, no tarda en caer a los pies del primero de este tipo que se le cruza. La americana facilita, vamos.

¿Y qué decir de María Elena? ¿Va en serio este personaje? Quizá sea un esperpento destinado a hacer reír, aunque maldita la gracia que tiene. Es la mujer racial por excelencia, la latina más auténtica que ha dado la historia del cine, una mezcla explosiva de Lola Flores y Ana Magnani, el sueño erótico de jóvenes y viejos. Y para construirla no puede haber mayor acumulación de tópicos y vulgaridades que el que aquí nos encontramos: es artista, claro, como todos los españoles que aparecen en la película, pero además de primera fila, y en varias artes (pintura, música, fotografía...), lo que ocurre es que lastrada, suponemos, por su condición de mujer, no ha recibido el reconocimiento que se merece (el inveterado machismo español). Ahora bien, como quizá eso de pintar es demasiado sutil para ella, puro fuego, pinta con rodillo, nada de pinceles finos. Además, de cada tres palabras que pronuncia (casi siempre gritando y enfadada) dos son tacos.

vickycristinabarcelona6.jpgO sea, que una auténtica española no puede ser educada. Y ésta suponemos que ha recibido una formación, pues tal como nos dice, estuvo en una academia de pintura, y pudo ser concertista de piano, pero ni aún así. Se ve que pudo más su constitución racial. Hasta las putas felices parecen más respetuosas que ella. ¡Y cómo fuma! La verdad es que los españoles fuman a todas horas, no se sabe si en su condición de españoles o de artistas, mientras que los americanos ni prueban el tabaco.

¿Cómo lo tomamos, como un rasgo de rebeldía, de transgresión, o directamente de estupidez? A gusto del consumidor. Y al final, tragedia de celos. La María Elena se agencia una pistola (¿cómo?, ¿de dónde?) que parece sacada de un western y arma la de Dios... ¿Esperábamos otra cosa de ella?

Con todo, mi personaje favorito es otro, el padre de Juan Antonio (Bardem), un poeta inédito que vive recluido en un caserón de Oviedo y que no publica su obra porque está enfadado con la sociedad debido a la falta de amor y ha decido castigarla negándole su obra. Así, como suena. Y además tiene sueños eróticos con su ex-nuera, lo cual comenta tranquilamente con su hijo. Ya se sabe, la mente abierta de los artistas. Podríamos preguntarnos por la razón de ser de este personaje, pero a estas alturas quizá resulte ya un tanto superfluo.

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El guión

Lo dicho sobre los personajes nos habla ya de la altura del guión, pero no estará de sobra reparar en un par de detalles más para acabar de colocarlo en el sitio que se merece.

vickycristinabarcelona9.jpgEn primer lugar las increíbles frases que algunos personajes pronuncian. Esa inigualable “Yo creo en la vida”, que ruborizaría hasta a un estudiantes mediocre de Bachillerato, o el discursito con el que Juan Antonio se presenta a las americanas, o la voz en off, que asegura que el pintor conocía a todas las putas de Barcelona, o el novio americano, diciendo aquello de “no parece que te hayas alegrado mucho”.

Pero no sólo es demencial lo que dicen, también lo que hacen. Resulta que Cristina (con ese nombre, ¿debemos suponerle una ascendencia latina?) tiene úlcera, y por no tanto no tolera bien el alcohol, hasta el punto que la primera vez que bebe vino tiene una crisis que obliga a ingresarla en el hospital. Pues bien, tras ese episodio la enferma no hace otra cosa que beber y beber con absoluta despreocupación (y sin más problemas, por cierto), lo cual puede tomarse como indicio de su carácter inconsciente. Pero, para colmo, nos enteramos que lleva aspirinas en el bolso. ¿Una enferma de úlcera gástrica que toma aspirinas? ¿Por llevar la contraria también, o por fastidiar a los hospitales, al estilo del padre de Bardem? Hospitales que, por otra parte, funcionan de un modo, cuanto menos, peculiar, como se desprende de la celeridad y eficacia con la que recuperan a María Elena de su intento de suicidio.

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La realización

Ni siquiera aquí se salva la película. La elegancia que en otras obras ha mostrado, se transforma en una vulgaridad espantosa. La escena de la avioneta, que parece extraída de una parodia de Aterriza como puedas, es indescriptible, más aún con Bardem animando a la Johanson a que pilote ella, que es muy fácil. Lo que faltaba para recobrar la confianza en las aerolíneas españolas.

vickycristinabarcelona10.jpgPero quizá aún peor, por su torpeza, sea la escena en la que Penélope y Bardem salen discutiendo a la calle y están al borde de la agresión física: nadie le da importancia a lo que allí ocurre, alguno se gira a mirar sin detener el paso, pero la mayoría ni eso. Los transeúntes recuerdan a esos extras que inmortalizó Fernán Gómez en El viaje a ninguna parte, cuyo trabajo consiste en pasar desapercibidos para poder seguir trabajando.

Y vulgar resulta también el plano final, vulgar y con mensaje, que es el colmo de la vulgaridad: ambas amigas silenciosas, con una cara triste y pensativa, lamentando las oportunidades perdidas, haciendo repaso de su vida pasada y adivinando la futura. Nada que no se viera venir desde el principio.

Y así podríamos seguir y seguir. La voz en off que recorre la película es un claro indicio de lo insostenible de la historia, que necesita ser contada para mantener cierta coherencia. O la música, tan castiza, aunque quizá no tanto de Cataluña (no sabemos si eso entraba en el contrato o se le ha ido la mano al señor Allen), pero tan monótona, repetitiva e innecesaria, como casi todo lo que allí ocurre.

A lo mejor deberíamos interpretarlo todo como una broma cómplice de un intelectual neoyorquino con amplio historial de parodias. Pues vale. Ha hecho la broma más vulgar que cabría esperar, esa broma que podría escucharse perfectamente en la barra de cualquier bar de carretera. Esperábamos algo más de semejante intelectual. Y eso, claro, si aceptamos la hipótesis humorística, pues la alternativa le deja bastante peor parado, por mucho que algunos sigan deslumbrados ante su finura.

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