EL NIÑO CON EL PIJAMA DE RAYAS (1)

  28 Septiembre 2008
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Título original: The Boy in the Striped Pyjamas
País, año: Estados Unidos - Inglaterra, 2008
Dirección: Mark Herman
Producción: David Heyman y Mark Herman
Guión: Mark Herman, basado en la novela El niño del pijama de rayas de John Boyne
Fotografía: Benoît Delhomme
Música: James Horner
Montaje: Michael Ellis
Intérpretes:

Asa Butterfield, Vera Farmiga, David Thewlis,  Jack Scanlon,  Amber Beattie,  Rupert Friend,  David Hayman

Duración: 96 minutos
Distribuidora: Walt Disney
Estreno: 26 septiembre 2008
Página web:  www.boyinthestripedpajamas.com

El paraíso alemán de la inocencia
Escribe Juan Ramón Gabriel

El movimiento inicial de la cámara que abre la película configura el punto de vista desde el que se pretende narrar las terribles consecuencias que acarrea la inocencia cuando se desenvuelve en medio del horror.

elnioconelpijama1.jpgDesde detrás de un fondo de tonos rojizos sobre el que se superponen los títulos de crédito, cual los decorados de un escenario teatral, la cámara se asoma a una plaza engalanada con los colgantes y banderas del partido nazi: estamos en el centro del Berlín nacionalsocialista de los años cuarenta y se nos va a ofrecer un espectáculo que mostrará los entresijos de los actores-habitantes que el telón rojo cubría.

Para evitar la demonización cinematográfica (y moral) de los protagonistas, se opta por la focalización de la historia en el personaje de un niño de ocho años, Bruno, que, a pesar de encontrarse en medio de la vorágine histórica de aquellos días, vive en la más absoluta ignorancia respecto a los acontecimientos que se desenvuelven a su alrededor.

Instalado en su burguesa y decimonónica residencia familiar, su vida transcurre maravillosamente en mitad de su paraíso infantil. El ascenso de su padre a comandante en un nuevo destino acarrea el traslado de toda la familia, teniendo que abandonar su cálido y confortable hogar, su pequeño universo de amistades, por la nueva residencia (fría y funcionalista) junto al campo de trabajo que su padre dirige.

elnioconelpijama2.jpgEn la fiesta de despedida celebrada antes de abandonar Berlín, aparecen los abuelos. La madre del comandante manifiesta su desagrado por el nuevo destino de su hijo, al que ridiculiza cuando lo ve aparecer con su nuevo uniforme, recriminándole que siempre ha tenido que disfrazarse, incluso en la niñez, para sentirse seguro de sí mismo. A la manera de los buenos alemanes (Thomas Mann), no comparte los ideales nazis de su hijo, del que abjura.

Durante la fiesta se nos muestra un anticipo de lo venidero a través de la despedida, mediante un reflejo especular, de la abuela y sus nietos. Instalados en su nueva casa, se pretende volver a recuperar cierta cotidianidad familiar y reconstruir el hogar abandonado, pero la soledad y el aislamiento al que se ven sometidos la mujer y los hijos del comandante lo impiden.

Greta, la hermana mayor de doce años, empieza a tontear con el teniente ayudante de su padre, hecho que la inducirá a iniciar un proceso de nazificación, con la ayuda de un viejo profesor contratado para ejercer de tutor de los niños. Bruno se aburre soberanamente en medio de su cárcel particular, desde la que divisa unas granjas en lontananza,  por lo que decide llevar a cabo, movido por su gusto por las novelas de aventuras, la exploración (que tiene vedada) de los alrededores. He aquí que descubre las alambradas de un campo de trabajo y, detrás de ellas, a Shmuel, un niño judío de su misma edad que viste “un pijamas a rayas”. Entre ellos se entablará una amistad.

Mientras, el aislamiento y encierro al que se ven sometidos en su nuevo hogar empieza a minar el núcleo familiar, al que empiezan a llegar filtraciones del mundo exterior. La madre se derrumba cuando adquiere conciencia de cuál es el material cuya combustión  provoca la pestilencia en el aire que respiran. Al mismo tiempo, ciertos episodios de violencia permitidos por el padre (el apaleamiento fuera de campo de un servidor judío por derramar una copa de vino) destruyen la imagen idílica de la figura paterna, del mismo modo que las discusiones en que se enzarza el matrimonio provocan la angustia de Bruno.

elnioconelpijama3.jpgUna secuencia significativa es la proyección de un documental propagandístico respecto a las buenas condiciones de las que disfrutan los prisioneros judíos en sus campos de encierro, imágenes que Bruno observa a escondidas y que le servirán para reconciliarse con el “ogro” paterno, a la vez que serán el desencadenante de la tragedia, pues su “veracidad” serán la causa de que Bruno responda a la petición de ayuda de su amigo Shmuel para que se introduzca en el campo y le ayude a buscar a su padre “desaparecido”.

Estos, pues, son los mimbres con los que se ha tejido un relato inverosímil, que obvia sin ningún tipo de complejo toda la literatura habida y por haber sobre el holocausto, tanto los documentos históricos como toda la literatura escrita y cinematográfica, omisión que se quiere apoyar en la mirada inocente del protagonista, confundiendo la inocencia con la estulticia.

Como consecuencia de la adopción de un punto de partida falaz, de forzar una mirada poética mediante la poetización de lo contemplado, no de la propia mirada contempladora, los escollos que se atraviesan en el camino le resultan insalvables al director: no hay un desarrollo dramático de los personajes, en especial de Bruno, que se mantiene incólume a lo largo del relato; en el caso de los demás personajes, sufren alteraciones y vaivenes injustificados, sin que respondan a una trabazón lógica.

El guión está construido persiguiendo un final traumático, pero ese final se adivina en los primeros balbuceos de la película; no hay un crescendo que dosifique y gradúe la temperatura emocional que se quiere transmitir al espectador. Incluso el diseño de producción resulta pobre en determinadas escenas, restando la verosimilitud necesaria.

Parece como si todas las escenas y secuencias fueran un mero relleno para poder alcanzar un final trágico previsto de antemano y no fruto natural de la maduración del relato. Las simetrías que se han intentado perfilar no funcionan, los conflictos esbozados no se desarrollan ni culminan, son platos cocinados apresuradamente para dar paso cuanto antes al  “postre” final.

Convendría haber visto (y asimilado) por parte de guionista y director algunas de las enseñanzas de Alemania, año cero, de Rossellini; con más de sesenta años, sigue siendo mucho más moderna, profunda y poética (y moralmente más insoportable) que este ejercicio de edulcorada y pervertida inocencia.

Quizá el problema radique en el intento de limar todas las aristas para que las imágenes no hieran la sensibilidad epidérmica de un complacido espectador, al que la visión del filme le provocará una leve sensación de malestar, la justa y necesaria para seguir reconfortándose en su propia satisfacción emocional y moral.

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