LOS CRONOCRÍMENES (3)

  08 Julio 2008
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Título original: Los cronocrímenes
País, año: España, 2007
Dirección: Nacho Vigalondo
Producción: Esteban Ibarretxe, Eduardo Carneros, Javier Ibarretxe
Guión: Nacho Vigalondo
Fotografía: Flavio Martínez Labiano
Música: Eugenio Mira
Montaje: Jose Luis Romeu
Intérpretes:

Karra Elejalde, Bárbara Goenaga, Candela Fernández, Nacho Vigalondo, Juan Inciarte

Duración: 88 minutos
Distribuidora: Versus entertainment
Estreno: 27 junio 2008

Atisbando el futuro
Escribe Daniela T. Montoya

En sus cortometrajes, Nacho Vigalondo se apropia de diversas formas narrativas para dar lugar a un producto sui generis. Entremezcla de géneros, obviamente, también presente en su primer largometraje, Los cronocrímenes (2007), que hace de su primer largometraje una loscronocrimenes1.jpgpelícula explosiva. Si bien tiene imperfecciones propias de un novel, la destreza con que articula las piezas de su singular rompecabezas, convierten Los cronocrímenes en una atractiva propuesta cinematográfica.

Estructurada la narración de forma similar a un juego de rol, Vigalondo toma a Héctor (Karra Elejalde) como el protagonista que conduce y padece la acción. Reposando mientras su mujer va a buscar la cena al pueblo, capta la atención de Héctor una mujer que se desnuda en el bosque que hay al otro lado del jardín de su chalet en reformas. Atraído por el misterio que se oculta en la frondosidad, Héctor se adentra en una historia de intriga, que avanza en espiral debido a saltos en el tiempo. El futuro será retornar a través de Héctor al presente, una y otra vez. Idas y venidas, reiterativamente ubicados en el mismo perímetro de acción, pero variando el punto de vista, le sirven a Héctor (y al espectador que se identifique con él) para ir recogiendo fragmentos que nos permitan reconstruir un sentido.

loscronocrimenes3.jpgLa meticulosidad de la planificación de Los cronocrímenes crea nuevos alicientes cuando la historia parece caer en la planicie. Asimismo, la credibilidad de la ciencia-ficción que imagina Vigalondo cobra credibilidad gracias a la soberbia interpretación de Karra. Tanto su caracterización externa, con un escrupuloso trabajo de maquillaje, como también por las variaciones anímicas que infiere al personaje (o los personajes) de Héctor, hacen de Karra el pilar que sostiene esta misteriosa ficción que se aproxima al thriller.

Pero que nadie se engañe: las similitudes que pudiese guardar con Memento (2000) son pura ilusión, tanto por estilo como por ética. Vigalondo no pretende alardear simplemente de sus habilidades de montaje, porque Los cronocrímenes es el resultado de una compleja estructura que implica algo más que contar la historia al revés. Ni el objetivo es, ni mucho menos, llegar a desvelar una verdad clarificadora.

Al contrario, Vigalondo opta por permanecer en la espesura y la oscuridad de lo incomprensible, lo inabarcable, lo incontrolado. Todo lo cual se refleja en el uso que hace del humor. Con un poso de cinismo, como ya dejaba ver en sus cortos, sus protagonistas no pueden más que rendirse ante la incapacidad para controlar el rumbo de su destino.

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