La isla de Bergman (4)

  16 Agosto 2022

… Y Bergman se refugió en la isla de Faro

la-isla-de-bergman-0Mia Hansen-Love ha realizado ocho películas, simples y a la vez complejas, que son como radiografías de su vida. Todas ellas poseen un gran interés, excepto quizás Maya (2018), su película anterior a La isla de Bergman (2021), que no es su última película, ya que con posterioridad ha realizado Una bella mañana (2022), proyectada en el festival de Cannes en este año.

Aunque su apellido hace pensar en una procedencia escandinava (la posee debido a que su abuelo paterno era danés), es francesa (París, 1981), y su cine es un claro producto del país donde nació, imposible desligar de la cultura y del cine francés, revolucionario en su forma, nacido a la sombra de la nouvelle vague.

Los grandes realizadores de aquella nueva forma de hacer cine, opuesta al clasicismo —lo que denominaban aquellos directores el cine de qualité— procedían del mundo de la crítica (que recuerde, Godard es el único que sigue con vida; eso sí, su cine no ha cambiado, sigue siendo un juego en búsqueda continua de nuevas formas de narración), y concretamente de la mítica Cahiers du cinema. Curioso que Mia haya sido también crítica en esa revista, entre 2003 y 2005, y que su obra esté recorrida por continuas vueltas y revueltas donde cine y vida, la suya, se entremezclan.

Mia y Olivier

El primer trabajo de Mia con el cine fue como actriz en Fin de agosto, primero de septiembre (1996), a las órdenes de Olivier Assayas (París, 1955), otro de los grandes directores franceses actuales, realizador de casi 20 largometrajes, así como series de televisión y varios cortometrajes.

Algunos casos curiosos de su obra, también moviéndose en varios títulos, como los de Mia, por planteamientos personales, serían Carlos, sobre el célebre terrorista (serie de tres episodios, remontada, eliminando lógicamente mucho metraje, y estrenada también como un largometraje) o el caso de la actual serie que acaba de rodar en ocho episodios, Irma Vep, que se basa en el largometraje del mismo título que rodó en 1996.

El primer filme en el que intervino Mia supuso algo más que trabajar con Olivier (también antes de realizador había sido crítico de Cahiers du Cinema), su colaboración, extendida a la intervención como actriz en la siguiente película de Assayas, Los destinos sentimentales (2000), un título claramente definitorio sobre la relación que se produce entre la actriz y el director. Assayas en ese año se separa de su mujer. Su compañera será desde ese momento Mia. No se casa con ella hasta 2009, año en el que nace la hija de ambos.

Mientras, Mia ha comenzado a dirigir. Y como en el caso de Assayas no será solamente directora sino también guionista de todos sus filmes. En prácticamente todos ellos prima un carácter autobiográfico —en algunos de Assayas y muy especialmente en Después de mayo (2012) se dan apuntes biográficos del realizador—, ya sea en su totalidad o en parte. Sobresale tal hecho en El padre de mis hijos (2009) o El porvenir (2016). Edén (2014) no será su historia, pero sí la de su hermano.

Y, por supuesto, si mucho de Mia hay en todos sus filmes, no estará exento de ello La isla de Bergman.

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Buscando a Bergman

¿Son los dos artistas-cineastas que llegan a Faro el reflejo de Mia y Olivier? Daría lo mismo que fuese o no, aunque es muy difícil separar la historia de los dos cineastas —guionista y director— que llegan a la isla que descubriría Bergman cuando realizó Como en un espejo (1961) y que posteriormente convertiría en su sitio de descanso. Lo que, probablemente, nunca supuso es que aquella isla se convertiría en una especie de parque temático sobre su persona

La pareja protagonista trata de encontrar respuesta a muchas de las preguntas que asolaron al director sueco, la razón de su estancia en aquella isla, cuál fue el embrujo que le llevo a vivir en ella. ¿Cuál era el misterio de su creación artística? Difícil encontrar respuesta: los escenarios de sus películas, como la casa de su primer filme rodado allí, ya no existe y habrá que imaginarse su existencia por las explicaciones de una guía que realiza en un bus por la isla el correspondiente safari Bergman, como aparece escrito en el bus.

Y, por supuesto, habrá que visitar el cine que construyó, y donde siempre el lugar que ocupaba en la primera fila permanecerá vacío. Ver cualquier película del maestro, poder escribir en la misma mesa donde él escribía, habitar en su casa… todo ello supone el gran placer de un cinéfilo admirador, entusiasta de uno de los más grandes directores del cine y… del teatro suecos. Pero, ojo, dormir en la cama donde durmieron los protagonistas de Secretos de un matrimonio puede ser peligroso porque, como dice la gerente de la casa, es una cama donde se han producido muchos divorcios.

¿Se sabrá quién era Bergman tratando de recomponer sus pasos, su proceso, en la isla? Bergman, como se adivina, no fue un ser amable sino egoísta, duro. Tuvo, se dice, ocho hijos de ocho mujeres diferentes, y nunca quiso saber nada de esos hijos, aunque cuando cumplió los sesenta años todos se reuniesen para rendir tributo al genio. Y, se pregunta la protagonista, por qué no podría ella tener ocho hijos de ocho hombres diferentes. Una broma, pero que implica el sentido de la libertad femenina frente al esclavismo del hombre.

El protagonista del filme, un director, parece sentirse muy a gusto en aquel ambiente, piensa en su próxima película, en cómo plantearla, cree saber todo sobre Bergman, es una especie de director de escena perdido, sin saberlo, entre los devotos cinéfilos que acuden a visitar los lugares por donde camino y vivió el genio. Algo que la gente del lugar condena, esa gente extraña, ignorada, que ha visto romper la serenidad de la isla.

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Es revelador el momento en que al ser preguntados unos lugareños por si tal lugar u otro era el frecuentado por el realizador, miren a los interlocutores con una cara de pocos amigos, negando conocer a esa persona sobre la que ellos preguntan.

Sin que a él le importe mucho, su compañera (¿amiga, amante, esposa?), le comienza a contar una historia que está escribiendo, que se le ha ocurrido en la isla. Y que habla de amores, de dudas, vacilaciones, rupturas, encuentros y desencuentros. Ella cuenta, describe ese relato que se convierte en la segunda parte de la película, que tiene mucho que ver con la propia pareja, aunque pueda suponerse lo contrario. Parejas, la del relato y la formada por los dos protagonistas, que, como las de Bergman, están al borde de la ruptura. Poco tienen ya que decirse, poco a nada tienen ya en común, salvo que ambos están en el oficio del cine.

Ella ha sentido la falta de su pequeña hija a la que ha dejado al trasladarse a Faro, algo que a él (como a Bergman) le trae sin cuidado. Una niña que necesita a la madre, una madre que siente la añoranza de esa hija que ha dejado allá y con la que habla de tarde en tarde.

Al final sólo quedará eso: la llegada de la hija, el abrazo, la soledad de una isla, la dificultad de amar. Bergman en estado puro, pero también Mia y Olivier, que acaban de romper antes del rodaje de la película. Una historia de ¿amor? que ha durado unos veinte años y de la que pervive una hija, como le ocurre a la protagonista.

Nuevamente Mia relacionando su suya y el cine. En el trayecto, ha dado también pie a que en un papel muy, muy secundario aparezca uno de los ocho hijos que tuvo Bergman. Continuidad y ruptura, la vida con su tristeza y sus risas, con sus dudas y vacilaciones, explotaciones y aires circenses, sigue… hasta que la muerte haya vencido al caballero, salvando a los que se aman, en una partida de ajedrez, como al final de El séptimo sello.

Escribe Adolfo Bellido López

  

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