La brigada de la cocina (2)

  28 Junio 2022

Película amable, simpática con una pizca de carga social

la-brigada-de-la-cocina-0He ido a ver esta peli hace unos días y creo que puede servir para recreo y buena onda en este inicio de verano 2022 en que parecen haber remitido los calores furibundos de hace apenas una semana.

Se trata de una comedia francesa con un poco de temática social, es también jovial, divertida, vistosa y correcta. Además, es acorde a otras obras de producción gala con parecida línea argumental, con análoga estructura, que tratan un tema central.

En este caso es la cocina, pero en otros casos fueron expresidiarios, cuidadores, la ópera u otros. Títulos como Guillaume y los chicos, ¡a la mesa!, 2013; Una razón brillante, 2017; Entre rosas, 2020; Tenor, 2022, etc. Todo ello en aras al entendimiento intergeneracional, la armonía entre diferentes culturas y entre las distintas clases sociales.

Cathy es una severa chef de cuarenta años y cuando todo hace pensar que podría tener su propio negocio, esta exigente y puntillosa cocinera se ve obligada a buscar trabajo, pues por su carácter se ha despedido del restaurante donde trabajaba, con lo cual lo que había planeado da un giro importante. Además, tiene dificultades económicas y necesidad de trabajar.

Pero en su búsqueda para la subsistencia y no sin reticencias, encuentra trabajo en el comedor de un centro para jóvenes inmigrantes, que, naturalmente, tienen otros problemas y otras prioridades que las de utilizar correctamente los cubiertos o entender prácticamente nada de cocina.

Contratada finalmente para esa residencia de inmigrantes, la misión de Cathy es hacer los mejores platos, aun en las peores condiciones. Y, aunque tiene mal carácter, poco a poco accederá a que los muchachos del centro, internos de todo pelaje, se conviertan en sus ayudantes: la integración social a través de la cocina

Poco a poco, las habilidades de Cathy y su pasión por la cocina comienzan a cambiar la vida de los chicos, que también tienen mucho que enseñarle a ella. Entre todos llegarán a formar una auténtica brigada de cocina en la cual muchos de los muchachos habrán de encontrar una manera de emprendimiento y un sentido a sus vidas: la ilusión por aprender, la superación de obstáculos, la lealtad y el compañerismo.

Solvente dirección de Louis-Julien Petit, con buena intención, donde se aprecia entusiasmo y respeto, tanto por la materia como por los personajes que retrata. Petit lleva a buen puerto una especie de comedia con buenos mensajes a modo de peli de aleccionadora.

Colabora Petit a que el público entienda mejor la existencia y la realidad de eso que en España llamamos «menas» (menores extranjeros no acompañados), o sea, chicos (en este caso son varones) menores de 18 años, migrantes, que se encuentran separados de sus padres y que tampoco están bajo la tutela de ningún otro adulto.

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Un guion bien pergeñado para la ocasión de Liza Benguigui, Sophie Bensadoun, Louis-Julien Petit y Thomas Pujol. Música acogedora de Laurent Perez del Mar y buena la fotografía de David Chambille. Y un cine que continúa teniendo algo de protesta y reivindicación.

En el reparto está muy bien Audrey Lamy, veterana actriz en progresión que tiene ese don para fundir simpatía y antipatía en el mismo plano, a la vez que sabe ser tierna en determinados pasajes de la historia de la protagonista que interpreta. François Cluzet muy eficiente y en su línea (Intocable, 2011 o Un doctor en la campiña, 2016). En sintonía y correctos: Chantal Neuwirth, estupenda como Sabine, Fatou Kaba (creíble), Yannick Kalombo (bien como GusGus), Amadou Bah, Mamadou Koita, Alpha Barry, Yadaf Awel, Demba Guiro, Boubacare Balde, Irakli Maisaia o Sayed Farid Hossini

La estructura de la película, su realización y sentido, podríamos decir es la común del cine de progreso, entendido este como superación, mejora a todo nivel y no politiqueo ni ideología barata. La película es simpática, controla y maneja los obstáculos a superar, ofrece una imagen buena de los jóvenes inmigrantes y permite al espectador salir de la sala con una idea más desprejuiciada y limpia sobre los extranjeros que arriban a nuestras costas sin recursos y con grandes expectativas.

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Además, para estimular un poco más los sensibles corazones del espectador y dar mayor confiabilidad al personaje de Cathy, unos breves pero oportunos flashbacks nos muestran la infancia desvalida y triste de la chef. Sí, Cathy fue una niña abandonada por sus padres, recluida en un internado y criada por una buena mujer que fue quien le enseñó cocina y la elaboración de algunos de sus platos más exquisitos. Esos platos juegan ahora el papel de la magdalena de Proust (En busca del tiempo perdido), cuya obra aparece por cierto en la película en manos de la protagonista. ¡Bingo!

Hay ráfagas de actitud biempensante en su parte final sobre todo y hay mirada social que va conduciendo el relato hacia un filme humanista con una pizca de libro de autoayuda junto a los meandros y sinuosidades de la reconciliación y el entendimiento entre seres distintos e incluso discordantes y opuestos. Unas cosas por otras, la cocina barrida, la cacharrería bien colocada y la encimera limpia como una patena.

Película que apuesta por un modelo mainstream de comedia popular francesa, al modo del dúo Nakache y Toledano (Intocable) y otras, lo que no estando mal, puede hacer resentir el realismo y veracidad de la temática, pudiendo en ocasiones parecer menos auténtica, a pesar de la apuesta por actores no profesionales, algo últimamente recurrente.

Tintada de ingenuidad y ligereza, simpática y digestiva, educativa, es propiamente para el verano, Petit pone ante el espectador las contradicciones de la sociedad francesa sin mucho hierro ni profundidad, sin renunciar a la sonrisa.

Escribe Enrique Fernández Lópiz | Imágenes Caramel Films

  

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