MARGOT Y LA BODA (1)

  25 Junio 2008
margotylaboda0.jpg
Título original: Margot at the Wedding
País, año: Estados Unidos, 2007
Dirección: Noah Baumbach
Producción: Scott Rudin y Anne Ross
Guión: Noah Baumbach
Fotografía: Harris Savides
Vestuario: Ann Roth
Montaje: Carol Littleton
Intérpretes:

Ciarán Hinds, Nicole Kidman, John Turturro, Jennifer Jason Leigh, Jack Black, Zane Pais

Duración: 93 minutos
Distribuidoras: Paramount y Dreamworks
Estreno: 20 junio 2008

El malestar en la familia
Escribe Juan Ramón Gabriel

El origen de la tragedia griega se asienta sobre los conflictos familiares a través de dos grandes ciclos: el ciclo de Argos o de Micenas (Agamenón) y el ciclo de Tebas (Edipo). El incesto y el parricidio son los tabúes que hay que reprimir para poder edificar un modelo de familia y de convivencia. 

margotylaboda1.jpgDe estas pasiones humanas se ha nutrido toda la literatura occidental y, por ende, el cine en el siglo XX. En mayor o menor medida las problemáticas relaciones familiares permean todos los géneros cinematográficos y sustentan la filmografía de grandes directores: la familia castrense en John Ford; la famiglia mafiosa en la trilogía de El Padrino, de Coppola; la familia castradora en Bergman, Allen o Bertolucci; la familia italiana como un subgénero en sí misma (Scola, Fellini).

De hecho, el drama psicológico o la comedia dramática es el molde genérico de toda una serie de películas centradas en el análisis profundo de ese conflictivo modo de organización social, moral y sentimental; molde en el que quiere insertarse Margot y la boda. La celebración del título es el pretexto para el reencuentro de dos hermanas (Nicole Kidman-Margot y Pauline-Jennifer Jason-Leihg) que han permanecido separadas en los últimos años,  y el desencadenante de una inmersión en los abismos anímicos y afectivos de ambos personajes.

Sin embargo, esta inmersión deviene mero chapuzón por la superficialidad y la fragilidad con que el director trata toda una serie de temas transcendentales y que en sus manos se banalizan: malos tratos en la infancia, abusos, incapacidad de amar, frustración profesional e individual, egoísmo, envidias cainitas, edipismo… La enumeración está incompleta,  pero el filme se impregna del fracaso que caracteriza a sus personajes.

margotylaboda2.jpgLa tragedia temática se trivializa por la indefinición genérica y los bandazos entre lo grave y sus intentos de contrapunto humorísticos, de tal manera que la historia parece una antología de lugares comunes extraídos de una serie de referentes fílmicos de “culto”. Los diálogos no muestran los desgarros interiores de los personajes, sino que quedan en simple verborrea; los gestos no expresan la carcoma que, en teoría, se empeñan en decir que los corroe; los constantes planos contraplanos desenfocando el escorzo de uno de los personajes, los travellings de seguimiento cámara en mano y los continuos cambios de eje no transmiten el desasosiego que, pretendidamente, late en el fondo de su corazón.

La concentración temporal y espacial de los acontecimientos no logra crear un ámbito de intimidad propiciador de las confesiones: la heredad familiar donde transcurre el argumento es un laberinto tramposo porque el espectador enseguida percibe la salida del mismo; la densidad temporal no apremia a los personajes a exprimir su malestar, más bien los reafirma complacientemente en él.

La inclusión de una serie de planos con elementos irracionales, casi surrealistas (el ratón muerto en el fondo de la piscina; el despiece de un cerdo por parte de los vecinos siniestros y primitivos, el árbol enfermo que preside el jardín familiar) no añaden ningún significado interpretativo implícito a la falta de significado explícito.

margotylaboda5.jpgLa sombra del espectro paterno, aparente origen y núcleo del malestar de las hermanas, no se exorciza ni con gritos ni susurros, ni siquiera a través de los relatos literarios de Margot.

En el duelo interpretativo entre las dos hermanas protagonistas, Kidman pierde la batalla, pues carece de recursos dramáticos para sustentar a un personaje contradictorio de por sí y, sobre todo, por los errores de guión. La secuencia en la que Margot se masturba en su habitación acompañada del silencio de la noche es inverosímil e improductiva para la caracterización de su personaje.  Jason-Leigh consigue dotar de mayor entidad a su antagonista y rival.

Una fotografía de tonos apagados y grises se esfuerza por envolver las aflicciones de los personajes, así como el entorno geográfico de las playas de Vermont, espacio predilecto de la intelligenstia neoyorkina a la hora de ventilar sus inquietudes.

Toda la pretensión de otro modelo de representación que apunta la película, más naturalista o realista, zozobra por culpa de una retórica que persigue poner en escena un  tono menor y más intimista, verdadero, pero que, a la postre, resulta más retórico e impostado que el modelo del que pretendía huir.

Ya empieza a resultar molesta toda una tendencia de cine independiente (estadounidense) o etiquetado como tal, o que se ampara bajo ese paraguas, cine que, paradójicamente,  ha instaurado una ideología de la “corrección” políticamente incorrecta más conservadora e, incluso, alienante, que aquella ideología que pretende combatir. Tal cine, como en este caso concreto, es soporífero, pretencioso, autocomplaciente. El vuelo excede el ala.

margotylaboda4.jpg