Mentes maravillosas (2)

  04 Junio 2022

A caballo entre la autobiografía y las obras de autoayuda

mentes-maravillosas-0Louis dirige y gestiona una empresa de pompas fúnebres. Es un hombre divorciado y solitario que vive dedicado por entero a su trabajo. Un día se cruza con Igor con motivo de un pequeño accidente, un personaje singular, un espíritu perspicaz y cultivado en un cuerpo minusválido como consecuencia de una parálisis cerebral, una enfermedad que afecta a la esfera neuromuscular, pero no a la intelectual. De hecho, Igor, además de repartir verduras ecológicas, trabajo con el que se siente feliz, tiene una inteligencia fuera de lo común que cita igual a Sócrates, Nietzsche y Spinoza, entre muchos pensadores más que lee asiduamente.

Por una travesura de Igor, ambos emprenden un viaje en el coche fúnebre de la empresa para transportar el cuerpo de la difunta Madeleine al lugar donde debe ser enterrada. El recorrido se verá salpicado de encuentros y anécdotas varias: el encuentro con una autoestopista de despedida de soltera, una comprensiva prostituta y un funeral con un sorprendente giro de guion final.

Ambos personajes irán conquistando la libertad sobre la mirada de los demás y aprendiendo a amar la vida tal y como llega, liberándose de sus prejuicios y ataduras. Además, acabarán siendo grandes amigos.

El filme puede asociarse con películas como Rain Man (1988) o Intocable (2011), y habla de dos hombres muy diferentes que acaban compenetrándose, entendiéndose y colaborando para sortear las vicisitudes de la vida con alegría. También el proceso por el que un hombre logra que otro despierte a la vida. En suma: química entre los personajes, una pequeña dosis de humor negro, inclusividad, disertaciones filosóficas sobre el sentido de la vida y episodios de comedia.

A diferencia de los filmes mencionados, este posee otro tono no tan cómico, que durante sus noventa minutos consigue que pasemos de la sonrisa a la emoción. El título original en francés, Presque («Casi»), proporciona pistas, pues uno de los protagonistas es casi normal. 

En inglés, este tipo de películas se conocen con el nombre de feelgood movies, siendo como en este caso, un cine optimista, con buen humor, buen rollo, reconfortante, agradable, que incita a la felicidad y con una visión positiva de la vida. Por eso, este tipo de obras hay que saberlas visionar y hacerlo con cautela, con reparo si se quiere, algo parecido a lo que pasa con los libros de autoayuda. Lo cual no quita para que podamos pasar un buen rato.

Este filme está bien protagonizado, dirigido y escrito por Bernard Campan y Alexandre Jollien, basándose libremente en su auténtica relación de amistad, aunque la idea de llevarla a la gran pantalla fue de Philippe Godeau, el productor, que al verlos juntos no dudó que compartían una historia que debía ser contada. Una historia en la cual enternece el contraste entre las barreras mentales que atenazan a Louis —que, encerrado en sí mismo, se niega a aceptar su soledad— y el buen ánimo con el que Igor, que es muy consciente de su situación, se enfrenta a sus limitaciones.

El propio Camp ha declarado, con relación a su amistad con Alexandre: «Un día vi a Alexandre en la televisión presentando uno de sus libros. Hablaba de la filosofía como el arte de vivir. Me llegó mucho su discurso. Busqué su contacto y le llamé por teléfono. Espontáneamente empezamos a hablar de temas que nos interesaban a los dos, como la muerte y nuestra relación con nosotros mismos para poder mejorar y evolucionar».

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De cómo surgió la idea de hacer una película inspirada por su propia amistad, Jollien declaró durante su visita al festival de Málaga, donde ganaron la Biznaga de Plata Premio del Público: «La base del guion es nuestra amistad. Nuestra relación está basada en el progreso interior. Había que encontrar una historia y unos personajes que dieran forma a esas ideas. Nos hicimos muchas preguntas, porque no sabíamos hasta qué punto queríamos copiar y pegar nuestras vidas. Cuando se acercaban demasiado los personajes a nosotros necesitábamos una mirada exterior para ver las cosas con perspectiva. La película es el resultado de un trabajo de equipo».

Bernard Campan le vio en televisión hace veinte años y quedó fascinado por su discurso y capacidad de comunicación. Se hicieron amigos. «Me conmovió profundamente escucharlo; hablaba de una filosofía de vida orientada al interior, al arte de vivir. Moví cielo y tierra para encontrar su teléfono y me puse en contacto con él», contó Campan en Málaga.

El título de la película lo eligió Jollien. «Todos tenemos dificultades para integrar esta realidad de la discapacidad. Siempre estamos juzgando al otro, construyendo esa realidad a nuestra medida y sin darnos cuenta de que la verdadera está siempre un poco más adelante, un poco más atrás o un poco más al lado. El casi de la realidad».

Como dato de interés, Alexandre Jollien es natural de Suiza (1975) y sufrió en el parto una atetosis que le provocó discapacidad neuromotora por falta de oxígeno al estrangularse con el cordón umbilical. 

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De pequeño, sus padres creyeron que lo mejor para él era internarlo en un centro de educación especial, donde vivió recluido y alejado del mundo hasta la adolescencia. De ello da cuenta la cinta.

Un amigo cura le animó de jovencito a superar sus dificultades con la ayuda de lecturas filosóficas. Con el tiempo, se convirtió en un escritor y divulgador con éxitos de ventas como El oficio de ser hombre y El filósofo desnudo.

Actualmente es un escritor y filósofo, licenciado por la Universidad de Friburgo, que fue galardonado por la Academia Francesa con el premio Mottart de ayuda a la creación literaria y el premio Motyon de literatura y filosofía. Elogio de la debilidad, fue su primera obra.

También firma el guion la escritora Hélène Grémillon con las colaboraciones de Manuel Poirier y Marine Autexier y completan el reparto Tiphaine Daviot, Julie-Anne Roth, La Castou, Marie Benati (muy bien como la prostituta), Marilyne Canto (bien como la ex Judith), Anne-Valérie Payet, Laëtitia Eïdo, Sofiia Manouscha, Marie Petiot, Maurice Aufair, Roméo Henchoz, Joahim Chappuis, Annie Christ, Catherine Guggisgerg, Rosette Aghiga, Barbara Tobola, Frank Semelet y Safi Yé.

Está muy bien y alegre la música de Niklas Paschburg y tiene una buena y cálida fotografía de Christophe Offenstein, amén de buena puesta en escena.

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Jollien y Campan no intentan ponerse estupendos en las distintas secuencias de la película, más bien transmiten con sencillez su reconfortante mensaje. La historia es la suya y pese a que es imposible no enhebrar referencias, aciertan con algunos quiebros elegantes justo cuando la trama parece abocada a lo trivial. Podría decirse incluso que la obra tiene un valor terapéutico.

Esta obra no es en sentido estricto aleccionadora ni didáctica. Más bien nos pone delante, en la pantalla, cómo reaccionamos ante alguien diferente, llevados por nuestros prejuicios. Es una feel good movie, como decía, que no esconde lo que es y que no trata al espectador como si fuera corto de entendederas. «Soy como Igor, pero a la hora de abordarlo me ayudó mucho el consejo de mi mujer: me dijo que lo convirtiera en ese ser universal que representa la fragilidad, la estigmatización y el aislamiento», declaró Jollien. «Que fuera la voz de los que no la tienen, a pesar de que, en la vida real, y en el espacio de unos minutos, puedes sentir un rechazo y luego encontrarte por la calle con una persona a la que han salvado mis libros».

La película aborda los prejuicios, la mirada del otro, toca temas sensibles y lo hace de una manera profundamente transparente, sin imposturas, sin condescendencia, en tono afable y directo que no ofende ni trivializa. Su mensaje es veraz, alegre y emotivo, en el justo término entre la ternura, lo patético y lo cómico, todo lo cual se desprende de la condición de sus protagonistas, con secuencias plenas de humanidad, como el encuentro con la chica de compañía.

Escribe Enrique Fernández Lópiz

  

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