GARAGE (4)

  14 Julio 2008
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Título original: Garage
País, año: Reino Unido, 2007
Dirección: Lenny Abrahamson
Producción: Ed Guiney
Guión: Mark O’Halloran
Fotografía: Petr Robertson
Música: Stephen Rennicks
Montaje: Isobel Stephenson
Intérpretes:

Pat Shortt, Anne-Marie Duff, Conor J. Ryan, Tommy Fitzgerald

Duración: 90 minutos
Distribuidora: Avalon films
Estreno: 18 julio 2008

Realismo y soledad
Escribe Carlos Losada

El subtítulo empleado podría ser como el resumen de esta estupenda película, que nos muestra los mecanismos para conocer la Irlanda profunda, la que no está en las postales turísticas, pero que sí es objeto de atención literaria, y de algunas canciones que se oyen en los pubs.

garage1.jpgRodada a finales del verano de 2006, en varias localidades del medio oeste irlandés, y muy trabajada en el guión –preciso y contundente, sobre todo en las elipsis, debido a Mark O’Halloran– y en la composición de los diversos escenarios –esos ríos, el puente, el lago, los bosques circundantes, las callejuelas–, así como en la fotografía y en la música, nos muestra el quehacer cotidiano de Josie (un sensacional Pat Shortt), empleado en una gasolinera llamada Garaje, a las afueras de un pueblo que no tiene mucha actividad, como si estuviese dormitando, con gentes apegadas a sus rudimentarias ideas y creencias, molestas con ellas mismas y despreciando a sus vecinos.

Allí está Josie, el simple, al que su jefe y propietario de la rústica gasolinera, le trae un mozalbete, David (estupendo Conor Ryan), para que le ayude. Y debemos contar con Carmel (magistral Anne-Marie Duff), que atiende el pequeño supermercado del pueblo, donde compra Josie y se nota la amistad de ambos. Y otras gentes, como el matón impertinente, Breffni (un entonado Don Wycherly), vecinos del pub, mujeres descolocadas, algún viejo demasiado solitario, y los camioneros –alguno le regala una porno a Josie, que las llama “de guarras”–, y Sully (muy bueno Andrew Bennett) con sus problemas sobre los numerosos cachorros de perro.

garage2.jpgY todos beben, más que nada cerveza; y hay entendimiento entre Josie y David, y hasta con sus amigos; y las pequeñas juergas en el pub, que ponen una nota ácida y nos hablan de una constante incomunicación. Sin olvidar los encuentros de Josie con el caballo, al que da manzanas; y los cielos con nubes que provocan comentarios entusiastas; y los paseos solitarios por los alrededores y los encuentros en el lago, a veces rondando la noche, con fogatas incluidas.

Este realismo, casi minimalista, se trastoca al mostrar Josie a David la película “de guarras” que le trajo el camionero y los comentarios que le hace, provocando en David turbación, y sentimientos encontrados hacia su amigo Cleam y su novia, que le vuelven arisco y vacilante.

Sigue la intervención de la policía, que detiene a Josie; y la exposición, por elipsis magistral, de la hipócrita mezquindad y sordidez, que nos lleva a la constatación de la soledad que nos alimenta, y que es capaz –cuando el cerebro y el sentido de la vida no pueden más– de sumergirnos en la desesperación.

garage3.jpgEl siguiente paso es la desaparición física, y la nostalgia, al comprobar que la vida es cruel, inoportuna, egoísta; y que de nadie se apiada. Esta dureza entronca con la soledad que nos posee: imagen lúcida de un caballo avanzando hacia la cámara.

Y nos llegan secuencias de Peter Fleischmann y sus Escenas de caza en la baja Baviera, donde la incomprensión y la maldad, como en Garaje, parecen la ley del talión. O de los sentimientos ocultos en Whisky, de Juan Pablo Rebella y Pablo Stoll.

Películas como éstas son necesarias para intentar que la comprensión hacia los demás sea la constante de nuestra vida. Y el noble caballo, como en la obra maestra de Fellini La strada, nos recuerda que el cine, en sus mejores imágenes, nos llena de vida, realismo y soledad. 

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