Memoria (4)

  31 Mayo 2022

El sonido como una experiencia cinestésica

memoria-0La película ahora estrenada en salas comerciales españolas del director tailandés Apichatpong Weerasethakul, es una invitación a sumergirnos en su mundo personal, aportando a los espectadores una experiencia cercana a lo onírico. Su tipo de cine exige asumir sus reglas narrativas y su fascinación por lo fantástico.

Apichatpong Weerasethakul nació en Bangkok en 1970 (Tailandia). En 1994, se inició en la realización de cortometrajes y finalizó su primer largometraje, Misterioso objeto al mediodía, en el año 2000.  Es considerado actualmente como uno de los directores más originales del cine contemporáneo. En 2010, ganó la Palma de Oro en el Festival de Cine de Cannes con El tío Boonmee recuerda sus vidas pasadas.

Trabajando al margen de la industria cinematográfica tailandesa, Weerasethakul es un cineasta y artista plástico vinculado al cine independiente y experimental, a través de su empresa de producción Kick The Machine Films, fundada en 1999.

Memoria cuenta la experiencia de Jessica (Tilda Swinton) una botánica británica que trabaja en Colombia. Una noche la despierta un sonido intimidante, desasosegante, no identificado, como de otro mundo. A partir de entonces, la necesidad de encontrar el origen de ese sonido, que se sigue reproduciendo solo para ella, hace que la protagonista emprenda un viaje que la lleva hasta el corazón de la selva.

Allí encontrará aparentemente la respuesta en un hombre pacífico (Hernán), que limpia peces meticulosamente, a la orilla de un río, mientras comparte sus puntos de vista sobre la vida y lo trascendente. Tiene sentido buscar un paralelismo o sintonía —nunca mejor dicho— con experiencias cinematográficas de retos aparentemente similares, aunque con objetivos distintos, como es el caso de Encuentros en la tercera fase (1977).

La propuesta del director tailandés es exigente para el espectador: la comprensión del mundo (también del cine) se aborda según sus vibraciones y sus frecuencias, no según lo icónico. Se trata de convertir el sonido en una experiencia cinestésica, que permite conectar lo físico con lo espiritual. Apichatpong da continuidad a este relato en formato de viaje. La protagonista busca inicialmente respuestas en el mundo urbano, para posteriormente trasladarse a la selva amazónica colombiana, buscando soluciones en clave espiritual, entrando en contacto con la naturaleza.

Se trata, por tanto, de una historia en la que el elemento principal de la trama es el sonido. La protagonista, Jessica, excelentemente interpretada por Tilda Swinton, que aporta a su personaje determinación, pero también ambigüedad, viaja desde Bogotá hasta la selva amazónica, tratando de conocer el origen del ruido que la desasosiega. Es un tránsito de lo urbano a lo rural, un deslizamiento hacia el «descubrimiento», persiguiendo el origen de ese sonido inexplicable.

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Aquí cabe arriesgarse buscando respuestas a la propuesta que nos propone esta audaz y a la vez fascinante película. La representación de lo espiritual como un juego entre lo visible y lo invisible, entre lo cotidiano y lo fantástico, entre lo mundano y lo mítico.

Pero por encima de todo, cabe poner el sonido. Este registro sensorial y su importancia nos remiten a la idea de que a través de la escucha podemos conectar el tiempo y la memoria. Aquí la banda sonora de la película asume el protagonismo de la narración.

Tal como señalamos en la crónica escrita sobre el Festival de Cine de Sevilla, donde la película se presentó en noviembre de 2021, su desarrollo contiene escenas cautivadoras.

Así, en la primera parte, vemos a la protagonista en un estudio de sonido donde un joven técnico ayuda a Jessica a reproducir el sonido que la persigue allí a donde va. Se trata de una escena inmersiva por el modo en que la dimensión abstracta del sonido se concreta, tanto en las pantallas que ecualizan las ondas sonoras como en las precisas descripciones del sonido aportadas por Jessica (es una científica). Ella describe el sonido como «una bola de ‘concreto’ que cae en un fondo de metal rodeado de agua salina». Y luego: «el sonido es como un estruendo procedente del núcleo de la Tierra». Así es como Apichatpong pone en primer plano la dimensión plástica del sonido y lo convierte en un elemento discursivo.

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Con el desarrollo de varias subtramas se van identificando elementos espirituales que dotan a la narración de una profundidad sorprendente. Memoria especula con cuestiones como la posibilidad de que los animales puedan poseer alma humana. El personaje de Tilda Swinton cree que la persigue un perro callejero que podría haber maldecido a su hermana, que se recupera de un accidente en un hospital colombiano.

El relato, de tintes fantásticos, se desarrolla apoyado en un tratamiento realista de imágenes y sonidos que desasosiega, pero a la vez fascina al espectador. Rodada en inglés y en español, encontramos en algunos momentos un sentido del humor inteligentemente incorporado; es el caso de la escena donde Tilda Swinton acude a una consulta médica.

En cuanto al desenlace, ya que no podemos olvidar que se trata de una narración, la propuesta del director puede resultar algo decepcionante, dejando abiertos algunos de los interrogantes formulados. En la larga conversación que Jessica mantiene con Hernán en la selva, ambos comparten experiencias como la transmisión de sueños, un proceso de narcolepsia por parte de él, y una posible solución al origen del sonido que abruma a Jessica, a través de una revelación de otro mundo. A este desenlace abierto, cabe añadir la duración del film (136 minutos) que hace que la propuesta no sea apta para todos los públicos.

Película diferente, para espectadores inteligentes, que plantea cuestiones trascendentes, no habituales en nuestro mundo moderno y acomodado. En la anterior edición del Festival de Cannes la película recibió el Premio del Jurado. También recibió el premio a la mejor película en el Festival Internacional de cine de Chicago.

Escribe Juan de Pablos Pons

  

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