La hija oscura (3)

  29 Abril 2022

La sombra de la maternidad es alargada

la-hija-oscura-0La actriz Maggie Gyllenhaal debuta en la dirección con La hija oscura (The lost daughter, 2021) basada en la novela corta de Elena Ferrante, La figlia oscura. Una historia narrada en clave naturalista sobre la maternidad y sus complejidades, representada en la figura de una mujer madura que no ha resuelto su pasado traumático, ni como hija ni como madre.

En la realidad, hay tantos tipos de maternidad como madres hay en el mundo, que se cifran en un 85% de las mujeres, porque cada una de ellas vive esa experiencia vital de forma diferente por distintas circunstancias de tipo social, económico, de educación, raza, religión, etc. Incluso, cada experiencia de maternidad es distinta en una misma mujer. La edad, el estado emocional… y tantas otras variables, difíciles de cuantificar, también influyen. Eso sin contar a las madres no biológicas, a las forzadas a serlo… y tantos otros modelos de maternidad.

Al ser un tema amplio, y complejo de abordar, el cine y las series han optado casi siempre por una reducción simplista de representación maternal: el de la buena madre, tradicional y ortodoxa, sin resquebrajaduras internas (en línea con el arquetipo maternal jungiano) y el de la mala madre, castradora y absorbente, origen de todos los males de su progenie.

La película La hija oscura se desmarca de esta polarización maniquea y propone una reflexión interior sobre una maternidad «imperfecta», con dudas y frustraciones, no exenta de amor, pero con muchas aristas. 

Argumento

Leda, una profesora universitaria de Literatura Comparada, se dispone a pasar unas tranquilas vacaciones estivales en la costa griega. Un día en la playa llama su atención un vulgar y ruidoso grupo familiar, algo inquietante, en el que no parecen encajar una joven madre llamada Nina y su pequeña hija Elena.  

Ambas mantienen una relación envolvente y tierna que reactiva los recuerdos de Leda hacia una época confusa e intensa de su vida en la que tuvo que enfrentarse a una maternidad temprana y a un matrimonio fallido.

Nina tiene la edad de sus hijas, dos jóvenes veinteañeras, cultas y absorbentes de las que hoy se siente orgullosa, pero que durante su infancia la abrumaban. 

Rememorar aquella época pasada y su obsesión con lo que Nina representa la conducen hacia un comportamiento irracional e insensato que será el desencadenante del conflicto.

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Maggie Gyllenhaal

Nacida en 1977, Maggie es hija de cineastas y hermana mayor del también actor Jake Gyllenhaal. Mujer inteligente y culta, es licenciada en Filosofía y también estudió Literatura y Arte Dramático. Inició su carrera como actriz muy temprano en una película de su padre, Waterland (1992) a la que siguieron otras junto a su hermano como Una mujer peligrosa (1993) y Donnie Darko (2001), aunque se hizo conocida por su papel protagonista en Secretary (2002) junto a James Spader.

Otros títulos importantes de su carrera son Más extraño que la ficción (2006), El caballero oscuro (2008), Corazón rebelde (2009), que le valió una nominación al Oscar como mejor actriz de reparto, Hysteria (2011), Asalto al poder (2013), La profesora de parvulario (2018), etc. En resumen, una carrera muy prolífica, con más de cuarenta títulos, donde las películas elegidas no siempre han estado a la altura de su nivel interpretativo.

Con La hija oscura debuta en el largometraje como directora por la puerta grande con el premio al mejor guion (escrito junto a Elena Ferrante) en el Festival de Venecia 2021 y tres   premios Spirit del cine independiente a mejor película, dirección y guion, además de otros galardones. Al Oscar llegó con otras tres nominaciones en las categorías de guion adaptado, actriz protagonista (Olivia Colman) y actriz de reparto (Jessie Buckley) y aunque no ganó ninguno, méritos no le faltaban.

Como guionista La hija oscura es también su debut cinematográfico. Durante la eclosión de la pandemia del coronavirus, firmó su primer guion en un episodio de la serie de TV Hecho en casa (Homemade, 2020), una serie de 17 cortos realizados por conocidos cineastas de distintos países entre los que figuran Pablo Larraín, Paolo Sorrentino, Antonio Campos, Kristen Stewart, etc. que pueden verse en Netflix. Su deseo de dirigir parece que surgió mientras interpretaba a una directora de cine porno en la serie de HBO, The Deuce.

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Elena Ferrante

Tras el seudónimo de Elena Ferrante se esconde una autora de éxito cuya identidad es todavía un misterio. Después de años de controversia sobre si era un hombre, una mujer, un grupo de autores (a la maniera de nuestra Carmen Mola), o una invención editorial… parece que en 2016 se confirmó que se trataba de la escritora y traductora napolitana Anita Raja (1943), mujer del también escritor Domenico Starnone. No obstante, hoy en día, y aunque todas las hipótesis apuntan en esa dirección, no existe confirmación absoluta sobre su identidad. 

La hija oscura (2006), publicada en castellano en 2011, fue su tercera novela, después de El amor molesto (1992) y Los días del abandono (2002).  Tres novelas cortas recogidas por Lumen en un volumen titulado Crónicas del desamor (2010) y que en 2018 volvió a reeditar por separado en castellano

Su estilo literario pronto cautivó a crítica y público, pero la Ferrante Fever se desató con la famosa saga Dos amigas, protagonizada por dos mujeres, Lena y Lila, que recorre casi seis décadas de sus vidas desde el Nápoles de la posguerra hasta la actualidad: La amiga estupenda (2011), Un mal hombre (2012), Las deudas del tiempo (2013) y La niña perdida (2014).

Su última novela hasta el momento es La vida mentirosa de los adultos (2019). También ha escrito un cuento infantil y un ensayo.

La obra de Ferrante es todo un fenómeno editorial. Empezó siendo profeta en su tierra, pero su fama pronto creció internacionalmente. En 2016, la revista Time la consideró una de las cien personas más influyentes del mundo. Sus libros han sido traducidos a más de 45 idiomas. Dos de ellos ya se habían convertido en películas: El amor molesto (1995), de Mario Martone, que estuvo nominada en Cannes, y Los días del abandono (2005), de Roberto Faenza. De este último título, HBO pretendía realizar una nueva adaptación el pasado año, protagonizada por Natalie Portman, pero el abandono de esta antes del rodaje, canceló el proyecto.

En cuanto a series, La amiga estupenda ya cuenta con dos temporadas en HBO y con la tercera en camino. Para 2022 se espera el desembarco en Netflix de La vida mentirosa de los adultos protagonizada por Valeria Golino y Giordana Marengo.

Los temas de Ferrante son recurrentes (la maternidad, el deseo de independencia, la insatisfacción, la culpa, la necesidad de escribir…) y sus personajes principales siempre son mujeres, podría ser, incluso, la misma mujer en diferentes etapas de su vida.

Su preferencia por la amistad entre mujeres, por captar la confusión de las existencias… y su estilo personal y directo que apuesta por la subjetividad frente a la verosimilitud de los hechos han cautivado a crítica y público.  

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La novela y la película

Cuando una película es buena no debería importar su fidelidad a la novela original. Las comparaciones son odiosas, y por la misma razón, cuando se conocen ambas, inevitables. Maggie Gyllenhaal ha adaptado el texto de Ferrante (colaboradora también en el guion) con la libertad que la propia escritora le demandaba cuando le vendió los derechos de su obra.

El cine se nutre a diario de la literatura, pero, sea porque el espectador no conoce todos los textos adaptados o porque aun conociéndonos algunos son más fáciles de obviar que otros, o incluso porque se olvidan, el caso es que, afortunadamente, solo se juzga la película por sí misma. Cuando el referente literario es potente y original o lo tenemos muy presente, como es el caso, eludirlo es más complicado.

La hija oscura es un drama psicológico que impacta por el duro retrato que hace de la maternidad poco ortodoxa a través del personaje de una mujer divorciada, de mediana edad, profesora universitaria que, liberada al fin del cuidado de sus hijas veinteañeras, decide pasar unas tranquilas vacaciones en la costa preparando sus clases para el nuevo curso.

Pero todos sus conflictos internos no resueltos se reavivan de nuevo cuando conoce en la playa a un grupo familiar cuyos integrantes, cada uno a su manera, la desestabilizan y convierten su estancia en un infierno personal.  

La primera diferencia entre original y adaptación es la forma de focalizar la historia. En la novela la voz narradora de la protagonista es subjetiva, una especie de monólogo interior, oscuro y atormentado, con puntuales diálogos intercalados, que sirve al lector para enfocar la situación. 

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En la película, Gyllenhaal, sin perder el espíritu revulsivo de su referente, traduce en puro lenguaje audiovisual una narración literaria basada exclusivamente en esa voz interna y deposita su confianza en el espectador, para entender la enrevesada mente de Leda, sin recurrir a la voz en off. Un recurso que facilitaría la comprensión del relato pero que solventa con éxito. Con más dificultad en los minutos iniciales, al apostar todo el flujo de conciencia de la protagonista a la baza de la propia expresividad de la actriz, a su interpretación y a la puesta en escena.

Los significados que al principio se escapan, emergen a medida que la película avanza y entran en juego otros elementos narrativos, estéticos y sonoros, como los diálogos, los flashbacks, la música, la planificación… y el montaje. Entonces el discurso fluye, se articula con naturalidad y seduce.

Se trata de que el espectador lea en la imagen, en las miradas, los gestos, los sonidos y los silencios el pensamiento de Leda. La propuesta de Gyllenhaal es huir de la literalidad, «escuchar entre las palabras», sugerir para llegar a entender, y convertir el drama de Ferrante en un thriller psicológico con un enfoque de misterio y ambigüedad más intenso.

A incrementar ese misterio contribuye la estructura narrativa, otra de las diferencias entre el texto literario y el audiovisual. La novela está dividida en 25 capítulos (numerados cardinalmente) que delimitan una narración que comienza en el presente (capítulo 1) y a partir del capítulo 2 retrocede a un pasado cercano que se desarrolla de forma cronológica, con recuerdos intercalados, hasta el final, sin volver nunca al punto de partida. El enigma del prólogo queda resuelto para el lector cuando acaba el último capítulo, aunque siembre su alma de incertidumbre.

La película, en cambio, tiene una estructura circular de flashback, con un prólogo, un desarrollo (con presentación, nudo y desenlace que incluye otros retrocesos temporales) y un epílogo que nos devuelve al inicio para cerrar el círculo con un final ambiguo.

En la secuencia inicial (prólogo) vemos el rostro desencajado de una mujer que camina titubeante por una playa solitaria hasta caer desplomada, de espaldas a la cámara, sobre la arena. No sabemos si está desmayada o muerta. Un salto atrás en el tiempo nos retrotrae a un pasado cercano que nos cuenta quién es y cómo ha llegado hasta allí.

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La última secuencia (epílogo) retrocede al punto inicial. La directora crea esta pieza aparte, que no está en la novela, para ofrecer su personal interpretación del final de la historia con una puesta en escena tan atractiva como enigmática, cuyas claves se desvelarán más adelante.

Otro de los cambios relevantes de la adaptación es el entorno geográfico y cultural de la historia. En la novela la acción transcurre en la costa italiana del mar Jónico. Todos los personajes son italianos, por lo que la coherencia entre trama y entorno es absoluta. En la película todos los personajes son americanos y cuesta más justificar su presencia en una isla griega tan alejada de su entorno habitual. Esa extrapolación resulta, a veces, chocante, pero nunca chirria lo suficiente como para desenfocar el relato del tema esencial.

En la obra literaria, Leda es una profesora napolitana de lengua inglesa, divorciada, de casi cuarenta y ocho años, delgada, elegante y de apariencia más joven. Liberada porque sus hijas se han ido a vivir con su padre a Canadá, decide pasar unas vacaciones en la costa. Allí conoce a Nina, una madre joven con una hija de tres años que no parece encajar en una inquietante familia napolitana muy numerosa y estridente (que le recuerda a su propia familia), entre los que destacan Rosaria, su estrambótica cuñada, y el marido de Nina, un hombre grotesco y vulgar.

En la película, Leda Caruso es profesora de italiano nacida en Queens. Su apariencia física es diferente a la descrita en la novela, no es delgada ni aparenta menos años de los que tiene, incluso se podría decir que más. Cuando viaja a la costa griega la familia que allí conoce son, como ella, turistas americanos de Queens. Un paralelismo esencial para justificar el estrato social del que proviene Leda y que tanto rechazo le produce.

Los personajes principales conservan sus nombres originales. Leda, Nina, Elena, son universales, y poseen una simbología cultural. El resto adapta el nombre a su nacionalidad y algunos cambian incluso de aspecto, como el marido de Nina, mucho más atractivo que su referente literario, pero igualmente vulgar y machista; o su cuñada Callie, una versión «choni» a la americana de Rosaria. 

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Modelos de maternidad

El tema central de novela y película es la maternidad y la complejidad que implica, con sus contradicciones y renuncias, responsabilidades y gratificaciones.  Tanto en la novela como en la película se aprecian varios modelos de maternidad. Todos con reverso.

—La madre amantísima: Es un tipo de madre que ama más que educa, que consiente y no cuestiona, que juega y asiente, que corre riesgo de obnubilarse y perder el contacto con la realidad. Este tipo de madre cariñosa, tierna y paciente está representada por Nina, al principio de la película. Leda ve en ella el modelo de madre que le hubiera gustado ser, que envidia. Una madre tranquila que mantiene con su hija una relación cómplice y serena llena de mimos y gestos comunes. Sin embargo, la pérdida de la muñeca desata una relación nueva entre madre e hija que pone a prueba la consistencia de este modelo de madre entregada y sin fisuras.

—La madre incondicional: Es el perfil de la madre tradicional, entregada y satisfecha que acepta su rol con sumisión. Cree que su deber es cuidar de sus hijos y no contempla la queja, ni la disidencia como forma de comportamiento. De hecho, la considera aberrante. Este tipo de madre siente la maternidad como un don. Su realización como mujer depende de su rol de madre. Es el tipo de maternidad aceptado socialmente como el más perfecto.

Encaja con el arquetipo del inconsciente colectivo, definido por Jung, de la madre incondicional, protectora y cuidadora de los hijos, de actitud paciente y comprensiva.

En esta historia está representada por Rosaria/Callie, una madre tardía que prioriza su función reproductiva por encima de cualquier otra aspiración. Desprecia cualquier comportamiento materno que no superponga a los hijos por encima de todo lo demás. No entiende que sean una carga como expresa Leda cuando la conoce en la playa: «Los hijos son una realidad aplastante», y menos aún que se les pueda abandonar.

La presencia de Callie en la película es menos intensa que la de Rosaria en la novela y su representación menos chabacana, pero su comportamiento con Leda es igualmente crítico y lacerante. Cree que la profesora es una mala influencia para su cuñada e intenta alejarla de ella.

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—La madre desnaturalizada: Así se define Leda al final de la película cuando Nina le reprocha su actitud despiadada por infligirles a todos un dolor tan grande con su inexplicable acto. «Soy una madre desnaturalizada», le dice, incapaz de justificar su comportamiento.

La maternidad aquí llamada «desnaturalizada» es la que compatibiliza el amor por los hijos con la frustración y el agobio que provoca su crianza. Es la madre protectora y educadora, orgullosa de sus vástagos y a la vez con ambiciones profesionales y deseos personales. Aspiraciones y sentimientos comunes a muchas madres, que no se atreven a confesar para no ser severamente juzgadas por la sociedad.

Para otras madres, Leda es un mal ejemplo por atreverse a tener aspiraciones, deseos e ilusiones propias de mujer independiente y ponerlas en práctica.

Para no desquiciarse, e incluso, no morir en el intento, tuvo que llegar a una entente cordiale consigo misma: amar a sus hijas, cuidarlas, y pensar en ella, a la vez. Actuar en consecuencia ha conseguido que pueda armonizar su vida hasta el presente, pero no esquivarlo.

Leda siente la ejemplaridad maternal de Nina como un reproche que reaviva su culpa por no haber sido el modelo de madre ideal, sacrificada y asertiva que se esperaba que fuera. No siente remordimiento por ello, pero la actitud dulce y paciente de la joven con su hija contrasta con su estresante experiencia de madre joven e insatisfecha, incapaz de conciliar vida familiar y profesional, emocional y amorosa.

La renuncia a su rol de madre durante una época de su vida es un recuerdo que todavía la hiere y su acto irracional en la playa es consecuencia de esa mal curada naturalidad moral que exhibe, sin complejos, pero aún sin cicatrizar.

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—La madre tóxica/castradora: Este tipo de madre es la que proyecta en sus hijos sus propias frustraciones y amarguras. Es superprotectora y agobiante. Exigente, autoritaria y amenazante. A menudo pierde los papeles y deja en sus vástagos un poso de dolor y horror insuperable que perdura en el tiempo.

En la historia está representada por la madre de Leda. Es un personaje sin nombre. En la película apenas se la menciona, pero en la novela su presencia es constante. No necesita tener nombre para sentirla como un tufo tóxico que impregna toda la existencia de Leda.

Ya en el primer capítulo, Leda se refiere a ella como la responsable de muchos de sus miedos actuales, de traumas que no ha podido superar a pesar de los años. Una madre siempre vigilante, seca y distante, que la atormentaba con sus continuos reproches y amenazas. Una madre amargada e infeliz cuyo recuerdo todavía la atormenta y hacia la que siente un rencor sordo.

Su madre representaba para ella todo lo que no quería ser, todo aquello de lo que quería huir: la vulgaridad, la violencia, la incultura, la infelicidad. Se afanó tanto por no parecerse a ella que las decisiones que ha tomado en su vida, en parte, han sido por distanciarse de ese modelo de maternidad, para ella, fallido, pero que no ha conseguido enmendar del todo.

La película no da a la madre de Leda la importancia que tiene en la novela. Gyllenhaal prefiere obviar la relación de Leda con su madre y centrarse en la que mantiene con sus hijas y por extensión en la de Nina y Elena como proyección de su propia insatisfacción, deseos y obsesiones. El filme no se resiente de esa omisión, que sin duda hubiera añadido complejidad a la trama, pero hubiera ayudado a entender el comportamiento de Leda con sus hijas, su personalidad, y sobre todo aclararía el porqué del título.

A falta de esta referencia materna ¿quién es en la película la hija oscura? En su línea de huir de la obviedad, la directora no traduce literalmente el título original de la novela (La figlia oscura) y opta por colocar el adjetivo lost, en vez de dark, quizás para justificar esta omisión, y añadir ambigüedad y misterio a la historia.

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Los elementos simbólicos

La profusa utilización de elementos simbólicos, más o menos evidentes, añade cierta complejidad significativa a la vez que acentúa la atmósfera inquietante que envuelve la trama.

El primer elemento sobre el que la cámara repara es el bol de frutas que recibe a Leda a su llegada al apartamento. Colocado en el centro de la mesa, el frutero en su conjunto es «una naturaleza muerta» que parece viva, el elemento iconográfico que representa la existencia de Leda. El símbolo de un mundo que parece hermoso, de unas vacaciones que parecen perfectas, de una vida que parece feliz…  Todas las frutas que contiene lucen con un brillante aspecto que resulta ser solo apariencia. En realidad, todas están podridas por debajo y por dentro.

Leda hará este descubrimiento ya muy avanzada la película. En la novela, en cambio, se produce al principio. Lo que en Ferrante se interpreta como una advertencia para Gyllenhaal es una constatación. La fruta fresca y sana es un símbolo de salud y vida, abundancia y fertilidad y en esta historia de maternidades diversas todas tienen reversos, incluso las más puras.

Otro elemento negativo es el bicho que encuentra Leda sobre su almohada. En la novela deduce que es una cigarra hembra, porque no canta (un insecto con muy mala reputación, en su versión macho, por su carácter vago y cantarín). Leda la arroja con asco por la ventana.   

El símbolo más potente de la historia es Nani, la muñeca de Elena, embarazada de una lombriz de mar que escupe lodo negro. Una muñeca con nombre, como lo tenía la muñeca infantil de Leda. Objetos que adquieren personalidad precisamente porque tienen nombre. Ambas son un elemento desestabilizador, el símbolo maternal de una infancia pasada y presente, que en dos momentos concretos de la historia hacen saltar las alarmas.

Las muñecas son un símbolo recurrente de la autora napolitana y en esta película la muñeca Nani es, además, una especie de McGuffin, sobre el que se articula todo el conflicto. Cuando la muñeca desaparece Leda rompe la idílica relación entre Nina y su hija. Su aparición es el inicio de una nueva ruptura (Leda - Nina) y el final de un espejismo.

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Entre los símbolos positivos de la película está la naranja, un elemento que liga la relación pasada y actual de Leda con sus hijas. Símbolo de optimismo y energía, pelar una naranja en espiral, sin romper la cáscara, la retrotrae a momentos de regocijo y alegría vividos con las niñas. Cuando en la secuencia final la vemos de nuevo pelar una naranja con forma de serpiente, mientras habla con ellas por teléfono, este elemento recupera la positividad perdida es la escena del frutero y reafirma el verdadero amor que las une.

La simbología de los nombres tampoco es casual. Leda no parece un nombre elegido al azar. Por las connotaciones mitológicas que tiene y por extensión, sexuales, feministas... Ferrante, estudiosa de lenguas clásicas, utiliza el nombre de la princesa etolia y reina de Esparta que Zeus sedujo en forma de cisne para representar a la angustiada e infeliz Leda joven seducida por el profesor Hardy, un dios para ella, con el que comparte pasión literaria y sentimental.

En la película, se hace referencia explícita al poema de Yeats Leda y el cisne (en la novela no aparece) el cual alude directamente a la violación como forma de conquista. Con esta alusión Maggie ha querido darle un tono más reivindicativo al nombre, en un momento en que la violencia sexual contra las mujeres es portada internacional.

Hay otros momentos en la película en que la violencia de género y el desprecio contra la mujer es evidente: en el trato poco paritario entre Leda y su intelectual exmarido, que evita el cuidado de sus hijas; en la actitud posesiva del marido de Nina con ella (tocándole la nalga, agarrándola del mentón…); en la mirada (obscena) de los hombres de la taberna y sobre todo en la escena del cine, donde una pandilla de adolescentes (todos chicos y parientes de Nina) insulta a Leda (zorra, vieja) por pedirles que callen durante la película.

Elena, el nombre de la niña, también tiene connotaciones clásicas evidentes. Helena de Troya fue la hija que engendró Leda después de yacer con Zeus convertido en cisne.  Agente del caos en la guerra de Troya, aquí la pequeña desencadena la crispación de toda la familia.

En cuanto a Nina, suponemos que la directora lo ha mantenido porque es un nombre de ascendencia hebrea (la madre de Maggie es judía), uno de los más frecuentes en Italia y también muy utilizado en otros países, incluido Estados Unidos.

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La interpretación

Gran parte de la seducción que desprende la película se debe, aparte de la articulación de sus elementos fílmicos, a la utilización del primer plano y a la expresividad de sus actrices protagonistas, especialmente la de Jessie Buckley que interpreta a Leda joven. 

Olivia Colman es la Leda madura, contenida y melancólica. Observadora y obsesiva, hay en su mirada voyerista cierto parecido con la mirada contemplativa del protagonista de Muerte en Venecia (sin llegar a su lirismo trágico) en ese embelesamiento enfermizo que le produce la contemplación de la maternidad idílica. El talento de Colman es conocido y no sorprende.

Jessie Buckley es la Leda desatada y crispada. En ella recaen los momentos más dramáticos de la película, la relación con su entonces marido, con sus hijas pequeñas, con su amante. Su interpretación es el espejo de la frustración matrimonial, la insatisfacción sexual, el deseo de libertad, la lícita ambición profesional… La sensual presencia de Buckley y su poderosa actuación ejercen una atracción magnética en el espectador.   

Dakota Johnson como Nina tampoco defrauda. Un personaje con dos caras al que también saca partido. Su rostro cubierto de pecas y sus miradas son las bazas más icónicas en las que se apoya su interpretación.   

Respecto a la atractiva Dagmara Dominczyck (Callie), con un físico potente, no pasa desapercibida, pero su papel tiene menos peso en la trama que su referente literario. 

Entre los personajes masculinos destacan las interpretaciones de Peter Sarsgaard (profesor Hardy), Ed Harris como el otoñal y desarraigado Lyle y la del joven Will (Paul Mescal). Todos correctos en sus papeles secundarios.

La utilización expresiva que hace Gyllenhaal del close-up y de los rostros nos recuerda mucho el planteamiento cinematográfico de Fellini, por el efecto revulsivo que veía en ellos el maestro italiano. Creía que una cara podía enriquecer un guion y revolucionar totalmente una película, fuese de un actor famoso o desconocido. Con el rostro de su mujer lo demostró muchas veces. La propia directora ha confesado que pensó en que a Olivia Colman le cayera una lágrima negra al final de la película como le sucede a Giulietta Massina al final de Las noches de Cabiria (1957). Las connotaciones son distintas, pero no hubiera desentonado nada y habría disparado el contenido simbólico.

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Epílogo

Tras un paréntesis traumático de recuerdos auténticos y falsas expectativas, las idílicas vacaciones que Leda se prometía tranquilas han acabado de forma dramática.

En la última secuencia de la película antes del epílogo, que conecta con el prólogo, una Leda ofuscada y herida sale del apartamento tirando las maletas por las escaleras en un gesto brusco y rotundo de indignación e impotencia. Tras conducir algunos kilómetros tiene un accidente, y mareada camina por una playa desierta hasta caer desplomada sobre la arena.

Así la habíamos dejado al acabar el prólogo. Sin saber entonces quien era y si estaba muerta o viva. Quizás un poco ambas, como expresa en el capítulo final de la novela. Leda habla por teléfono con sus hijas y cuando estas le preguntan: «Mamá, ¿qué haces?, ¿ya no nos llamas? ¿nos dirás al menos si estás viva o muerta?». Ella contesta emocionada con una paradoja: «Estoy muerta, pero me encuentro bien».  

Un final abierto y esperanzador no exento de incertidumbre. El lenguaje escrito nos permite esos juegos retóricos de significados cruzados y opuestos que no necesariamente tienen que ser literales. 

El epílogo de la película no es menos desconcertante. La mujer desmayada, Leda, se levanta, se recompone, se sienta mirando al sol, habla contenta con sus hijas por teléfono y pela una naranja, fresca y sana, mientras sonríe.

Este final tan sugerente, que no está en el relato original, es sin duda, además de la interpretación libre y personal de Gyllenhaal, la forma cinematográfica más poética, simbólica y enigmática de conectar con el espíritu de la novela y desconcertar al espectador.

Podemos interpretar que sus desafortunadas vacaciones han servido a Leda para reconciliarse con su pasado y recuperar su presente, fortalecer la relación con sus hijas, demostrar que su modelo de maternidad es tan natural como los demás… O podemos interpretar otra cosa.

Mucho se ha especulado sobre si este final es verosímil o surrealista ¿sueño, deseo… realidad? A estas alturas ¿a quién le importa? La verosimilitud está sobrevalorada. Es para personas sin imaginación. Si no que se lo pregunten al maestro del suspense. 

Escribe Leo Guzmán | Fotos Vértigo Films

  

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