El proyecto Adam (1)

  26 Marzo 2022

La fórmula mató el ingenio

el-proyecto-adam-0Cuando hablamos de cine de escape a algunos se les iluminará los ojos como paradigma de espectáculo y diversión sin fin, mientras que otros lo tomarán en su acepción literal como símbolo claro de escapatoria, de no acercarse a su planicie ni por todo el oro del mundo.

Ni unos ni otros podrán salir ni entusiasmados ni decepcionados del cine; simplemente porque la película que nos ocupa llegó directamente a la plataforma madre de todas las plataformas. Hace unos años un tipo de propuesta como El proyecto Adam hubiera hecho furor entre la platea dominguera feligresa del consabido centro comercial con multicine incorporado.

Protagonistas estelares y carismáticos, efectos especiales a tutiplén y acción a raudales al mismo ritmo que se ingerían productos ¿alimenticios? que no hacían ningún bien. Todo eso casi se acabó. Cada vez encontramos más blockbusters que no se proyectan en salas, lo que no deja de ser una paradoja ya que en teoría fueron concebidos para ello, y no para ser disfrutados en aparatos mínimos.

El guion de esta mezcla de ciencia ficción y menosdrama familiar llevaba dando vueltas por los cajones de las productoras desde hacía ya una década, con Tom Cruise como anhelado héroe de la función. Mucho nos tememos que no fue precisamente concebido para verse por televisión, pero al final vence el hambre canina de quien necesita producto fresco a todas horas para seguir saciando a la bestia. Y tampoco es que los encargados de remozar el libreto para adaptarlo a los nuevos tiempos que corren se hayan roto mucho la cabeza a la hora de darle sentido a lo rocambolesco de la historia.

Y miras la ficha técnica y lees que lo firman cuatro guionistas (uno de ellos el mismo director, Sam Levy) y no te queda otra que echarte las manos a la cabeza. Es como cuando acudes a un organismo público y te sobran un número ilimitado de funcionarios por metro cuadrado. ¿Realmente es necesaria tanta gente para darle forma a una obra a la postre tan deslavazada como intrascendente? 

Pues se ve que sí. Igual es que cada actor tiene su propio escritor a sueldo que le va escribiendo sus líneas de diálogo, porque si no, no tiene explicación alguna. Si al menos se hubieran molestado en proponer algún tipo de explicación ocurrente al galimatías espacio-temporal que se nos plantea, pues el invento hubiera valido la pena, pero en el momento en el que se meten en un vericueto de difícil comprensión, optan por hacer mutis por el foro y pasar a otra cosa mariposa, que tampoco está el respetable para cuestiones que les hagan exprimirse el limón.

Otro tema que daría para un rato de reflexión es el del rejuvenecimiento de los intérpretes por obra y gracia de la inteligencia artificial. Desde que en 2019 esta tecnología puntera se aplicara a John Goodman en la serie de HBO Los Gemstones (premio para el que se acuerde de ella) muchos directores se han visto tentados de prescindir de los añorados parecidos físicos razonables y se han lanzado en barrena al lavado de cara virtual como estilete y abuso de flashbacks.

A este respecto, uno le había perdido bastante la pista a Catherine Keener, ya que en el último lustro se ha dedicado más que nada a lucir palmito en series de relumbrón como Kidding o la reciente Nuevo sabor a cereza. Aquí ejerce de malvada en todos los arcos temporales en los que transcurre la acción. Pues bien, ¿cuáles son los rasgos físicos de la actriz en la actualidad? Los desmejorados del presente o los pulcros y aseados del pasado. Pues nada, a buscar fotos actuales para salir de dudas.

el-proyecto-adam-3

El resto del elenco no tiene que pasar por ese centrifugado facial, aunque a algún intérprete veterano se le noten las pocas ganas de participar en el ejercicio, y se límite a vomitar, con la excusa de su profesión ficticia, parrafadas ininteligibles mientras mira al vacío cromático esperando que llegue la hora de cobrar el jugoso cheque pactado.

¿Y Ryan Reynolds? Pues como Antonio Resines, repitiendo rol hasta la saciedad, aunque no tiene la fortuna de mostrarse irreverente, pues aquí hay niños de por medio y en teoría se trata de un producto destinado para todos los públicos que se conformen con el mínimo común múltiple.

Y hablando de corrección política, no nos resistimos a comentar la corriente generalizada en este tipo de productos donde proliferan muertes por doquier, pero en el que la hemoglobina no hace acto de presencia en ningún instante. Se ve que aquello de «tú asesina que nosotros limpiamos la sangre» pasó a mejor vida y ahora se prefiere finiquitar al adversario vía pulverización.  Al menos en series blancas como El Equipo A no moría nadie, y los malos solo se llevaban un susto morrocotudo.

Aquí sí que van pasando a peor vida todos en fila, pero sin mostrarnos ningún tipo de violencia que nos pueda llevar a pensar que hayan sentido ningún tipo de dolor. Anestesiados todos, y sobre todo los que consumen compulsivamente este cine palomitero de planteamiento nulo, nudo destartalado y desenlace precipitado. 

En cuestión de producciones futuristas de viajes en el tiempo, nos seguimos quedando con Terminator, a la que en comparación este Proyecto Adam no pasa de boceto habitual.

Escribe Francisco Nieto

  

el-proyecto-adam-2