El vientre del mar (3)

  13 Enero 2022

Trágico escenario

el-vientre-del-mar-0La carrera cinematográfica de Agustí Villaronga es inclasificable dentro del panorama de nuestro cine y si hubiera que calificarla necesitaríamos tildarla de libre, arriesgada y tremendamente personal, tres conceptos difíciles de compaginar para desarrollar una filmografía de largo recorrido.

A pesar de ello, El vientre del mar supone su décimo largometraje de una filmografía que se inició con la inquietante Tras el cristal (1985), una reflexión sobre los monstruos y el mal. Desde esa primera película el director mallorquín se ha movido en el terreno de un cine autoral de alcance minoritario salpicado en ocasiones con trabajos que sí han obtenido repercusión, como fue el caso de Pa negre (2010).

El vientre del mar se estrenó en la pasada edición del Festival de Málaga, donde consiguió seis galardones —entre ellos el de mejor película—, iniciando un recorrido por festivales en los que ha obtenido diferentes premios. Tras su estreno en noviembre de 2021 en salas de cine el filme llega ahora a la plataforma Filmin.

La película se basa en uno de los capítulos de la novela Océano Mar, de Alessandro Baricco, en el que se recrea el naufragio de la fragata Alliance —también llamada La Méduse— ocurrido en 1816 frente a la costa de Senegal, un suceso que conmocionó a la opinión pública francesa por el dramatismo de los acontecimientos en el que 147 hombres fueron abandonados en una balsa en la que se sucedieron todo tipo de tropelías (violencia, asesinatos, canibalismo); la tragedia inspiró a Théodore Géricault para su pintura La balsa de la Medusa.

La idea original de Villaronga era que este material sirviera de base para realizar un montaje teatral, pero la situación provocada por la pandemia hizo que el proyecto se recondujera hacia el formato cinematográfico, aunque el origen teatral permanece en el sustrato del filme.

Siguiendo el texto de Alessandro Baricco, El vientre del mar se asienta en los relatos en primera persona de un oficial egoísta y de un marinero rebelde que Villaronga articula a través de las declaraciones que ambos realizan frente a un tribunal que juzga los hechos sucedidos. Unos relatos que se convierten en un pretexto para desplegar un ejercicio estético que mezcla la narración del suceso real con su representación en un escenario que desvela su raíz teatral estableciendo una correlación entre la realidad de los acontecimientos y la recreación.

Rodada en un magnífico blanco y negro, que en ocasiones se tiñe con colores ocres, la película deconstruye la narración mediante el uso de los recursos cinematográficos, teatrales o pictóricos mostrando una variedad de texturas que deja al descubierto las capas de su estructura, contribuyendo a reforzar la idea de las diferentes formas en que se puede abordar un relato.

La escasez presupuestaria, al contrario de convertirse en una limitación, tiene la virtud de favorecer la recreación en interiores —solo se rodó dos días en el mar— de tal forma que el referente teatral permanece a través de una minimalista balsa artificial, un elemento que se convierte en el escenario en el que se reflejan las tensiones y los conflictos originados por el espíritu de supervivencia que representa de muy distinta manera a los dos mundos opuestos que encarnan ambos protagonistas.

Esta libertad formal aleja la narración de la mera reproducción historicista pues el filme, partiendo del suceso original —europeos naufragando en la costa africana— se transforma en una alegoría del drama migratorio que se vive actualmente en el Mediterráneo. La inclusión en el filme de personajes de color permite conectar el clasismo con la temática racista.

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La abstracción escénica y la inserción de las fotografías e imágenes del proyecto In the Same Boat, de Francesco Zizola, que documentó la actuación del barco Bourbon Argos en el año 2015, conectan el mensaje del naufragio del siglo XIX con la situación trágica que se vive en el mar con todas las innumerables víctimas que se dejan la vida intentando llegar el paraíso europeo.

El tono poético del texto de Alessandro Baricco envuelve el discurso de Villaronga que expone los temas comunes de su filmografía con una profunda carga estética que no oculta la brutalidad del clasismo, el racismo, la lucha por la supervivencia, el miedo y la cobardía ante la muerte, y la presencia del mal como elemento intrínseco del ser humano.

A pesar de la multiplicidad de los puntos de vista, Villaronga consigue la confluencia de las diferentes capas unificando un relato en el que se refleja la angustia de la tragedia. Pese a la ausencia de un tono naturalista, la película traslada al espectador la fragilidad del ser humano expuesto a la fuerza de la naturaleza y la lucha de unos contra otros cuando la supervivencia está en juego.

El hecho de que esta visión se extienda más allá del acontecimiento histórico concreto, siendo equiparable a los sucesos que vemos en la actualidad, no hace más que confirmar que el metafórico naufragio de la sociedad no tiene delimitación temporal.

En esta experiencia onírica, Agustí Villaronga interpela directamente al espectador con una reflexión sobre el egoísmo y la crueldad que se manifiesta en los tiempos inciertos. Resulta llamativo que Villaronga, que precisamente venía de realizar el encargo de la superproducción titulada Nacido rey (2019), haya conseguido en El vientre del mar, con escasos medios, realizar un filme tan arriesgado, como difícil, lírico y libre.

Escribe Luis Tormo | Fotos Filmin

  

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