El método Williams (3)

  16 Diciembre 2021

Ironías de la vida

el-metodo-richard-0Parece un sarcasmo que fuera a ver esta película sobre el mundo del tenis el mismo día que nos dejó uno de nuestros tenistas grandes, Manolo Santana. Pero así fue, he visionado esta cinta en un cine de La Plata (Argentina), aquí se titula Rey Richard: Una familia ganadora, un título acertado, aunque largo (en el original: King Richard).

La película es un biopic sobre el padre de las archiconocidas tenistas negras Venus y Serena Williams, un padre y tutor inasequible al desaliento, un hombre infatigable y perseverante que planeó meticulosamente la crianza, la educación y el entrenamiento de dos de las deportistas más importantes de todos los tiempos, que acabaron cambiando de manera sustancial el mundo del tenis femenino.

Cuentan que un día el Sr. Williams, viendo la televisión se tropezó en la pantalla con la tenista rumana Virginia Ruzici jugando y que, cuando vio cómo ganaba un torneo y se embolsaba una fuerte suma de dinero, decidió tener dos hijas más para que llegaran a ser las mejores tenistas del mundo.

La cosa es que Richard tenía una clara, precisa y perfilada visión de cómo sería el futuro de sus hijas desde que nacieron, e incluso antes de nacer. Lo cual plasmó en unas decenas de páginas donde se podía leer su propio «método» para conseguir sus fines.

Algunos comentaristas dijeron que las ilusiones y anhelos de Richard eran fantasías de un excéntrico, pero la historia le habría de dar la razón. Richard se servía de técnicas poco convencionales y diseñó un plan concienzudo y global, que impulsó a Venus y Serena Williams de las calles de Compton en California al Olimpo del tenis, convirtiéndolas en iconos legendarios.

«Estoy en el negocio de la crianza de campeonas», anunciaba Williams con una enorme sonrisa cuando entraba a los clubes de tenis de blancos, entregando folletos sobre los talentos de sus hijas a la gente que iba encontrando. Ilusiones de un tipo poco común a la vez que genial, en apariencia un poco tocado, que acabaron cumpliéndose, más allá de que sus detractores todavía lo consideran un controlador y manipulador.

Dirección, reparto y aspectos técnicos

Reinaldo Marcus Green lleva a buen puerto esta biografía con un Will Smith canoso e irreconocible en el papel principal. Green (Monsters and Men, 2018), construye una buena y apasionante historia con un atractivo y dinámico guion de Zach Baylin, que acierta a aglutinar los flecos de un relato clásico en el cual un niño negro, que creció huyendo del Ku Klux Klan en Luisiana, acaba poniendo su empeño y su fuerza en un objetivo aparentemente ilusorio y logra hacerlo realidad.

Smith interpreta sin afectación, magistralmente, de manera natural y metiéndose de lleno en Richard Williams, un personaje bufo y presumido que exclama frases como: «Estoy pensando en comprar el Rockefeller Center, ahora no tengo tiempo para el tenis». Los que lo conocieron de cerca lo describen como un padre amoroso (aunque abandonó a su primera familia) y un estratega muy sagaz, que supo llevar a buen puerto cada uno de sus sueños. «Su locura tiene un método. Todo lo que dice está muy bien pensado y 99 veces de cada 100 obtiene ese resultado. No hay que subestimarlo», dijo más de una vez Keven Davis, uno de sus asesores legales.

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La cosa es que Smith crea un protagonista más ambiguo de lo que esperamos ver, en lo que podría haber sido una historia formulada sobre el triunfo de una familia negra. Smith está muy inspirado y es capaz de llevar la película él solo, apareciendo en casi todas las escenas y asumiendo su rol con gran capacidad de convicción.

Igualmente, Smith ha declarado: «Me encantan las historias en las que crees que sabes lo que va a suceder, pero retiras el velo cuando la gente ni sabía que había un velo. Richard Williams fue tremendamente incomprendido. Disfruté de poder humanizar una figura que, de alguna manera, había sido demonizada en el deporte. De hecho, es un genio. (…) Lo que me hizo conectar con el personaje fue la sensación de que nadie creía en él. Cuando tienes un sueño gigante y todo el mundo te sigue diciendo lo equivocado que estás, lo tonto que eres y lo imposible que es eso. Ahí es donde comencé a construir a Richard, eso me motivaba. Más allá de eso, usé la relación con Willow [mi hija] para comprender el desarrollo de una mujer joven».

Además de un Smith rotundo y metido en su rol de padre empecinado, la otra figura que centra el rodaje es una excelente Aunjanue L. Ellis que pone en su lugar el papel jugado por la madre en la carrera de las hijas. Muy bien Sniyya Sidney como Venus y Demi Singleton como Serena Williams; igualmente eficiente y estupendo, como siempre, Jon Bernthal es el entrenador Rick Macci.

Acompañando un extenso reparto donde cabe destacar la presencia de Tony Goldwyn, Andy Bean, Kevin Dunn, Craig Tate, Dylan McDermott, Katrina Begin, Andy Hoff y Jimmy Walker Jr., entre otros.

Gran fotografía de Robert Elswit, música que acompaña muy bien de Kris Bowers y una gran puesta en escena.

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Valores y mensajes pedagógicos

La película deja claras varias cosas. La primera es que el método Williams controló gran parte de la carrera profesional de sus hijas, entrometiéndose incluso en el trabajo del entrenador Rick Macci. Las alejó de los torneos nacionales juveniles para protegerlas del ambiente racista de un «deporte de blancos», pero nunca desatendió su educación ni el disfrute del propio juego. 

Junto con su esposa Oracene Brandy Price —un pilar esencial en la vida de estas campeonas—, basaron la crianza de sus hijas en el Triángulo de vida de los Williams: compromiso, confianza y coraje, tres valores unidos por la fe. Porque, al final del día, ganar no era lo más importante.

De modo que tiene la obra importantes mensajes educativos, de formación (les hacía ver a las hijas la película Disney La Cenicienta para que aprendieran a ser humildes), el sesgo religioso y siempre el respeto por el contrincante.

También hay un importante mensaje que subraya el problema del racismo en los EE. UU. De hecho, el padre inculca en Serena y en Venus la idea de que sus carreras tenísticas deben servir para alentar a los afroamericanos a ejercitar este o cualquier otro deporte e insertarse socialmente con más facilidad y con la cabeza alta. Las Williams fueron ejemplarizantes a indicación de sus padres.

De otra parte, los valores son igualmente algo que se subraya. No dejarse llevar por la codicia, ni por las prisas, no dejarse tentar por lo fácil y elegir el camino correcto, aunque sea más dificultoso y aparentemente errado.

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Conclusiones

Como es sabido, el 25 de febrero de 2002, Venus Williams se convirtió en la primera jugadora afroamericana en ser número 1 de la clasificación de la WTA (Women’s Tennis Association). Serena Williams lo consiguió el 8 de julio de ese mismo año y se mantuvo ahí por 57 semanas consecutivas. La profecía de Richard se cumplió. Aún hoy, las hermanas Williams son consideradas dos de las mejores jugadoras de la historia del tenis.

Se le ha criticado a la película no darle demasiado lugar a la trayectoria de las tenistas y concentrarse sobre todo en el padre y mentor de las chicas. Pero hay que saber que esta cinta tiene toda la aprobación de Venus y Serena, que acordaron convertirse en productoras ejecutivas y ayudar en el proceso; querían ver la película antes de decidir si pondrían sus nombres. Y dieron su visto bueno, esta era la historia que ellas querían contar. No sólo de su padre, también de su madre y cómo la familia en su conjunto, incluidas las hermanas, las convirtieron en estrellas del deporte y en referentes para la juventud alrededor del mundo.

Es una buena película con aire noventero que entretiene, aunque puede hacerse un poco larga por momentos (138 minutos). No es una gran obra, ni memorable, pero tiene su interés y sus mensajes positivos, aunque hace un retrato bastante indulgente del protagonista Richard (ya saben, no es oro todo lo que reluce). Es, pues, una cinta más de luces que de sombras que busca realzar la figura del Sr. Williams.

Dirigida por Reinaldo Marcus Green posee los elementos y cualidades que gustan a la Academia de Hollywood, de modo que optará al Oscar. Entre otros, tiene un gran mensaje que cala profundo en el público, pues es diferente a los dramas biográficos deportivos habituales que se centran únicamente en los triunfos y en las adversidades.

Escribe Enrique Fernández Lópiz 

  

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