GOODBYE, DRAGON INN (4)

  15 Junio 2008
goodbyedragoninn0.jpg
Título original: Bu san
País, año: Taiwan, 2003
Dirección: Tsai Ming-Liang
Producción: Hung-Chih Liang y Vincent Wang
Guión: Tsai Ming-Liang
Fotografía: Ben-Bong Liao
Sonio: Du-Che Tu
Montaje: Sheng Chang Chen
Intérpretes:

Lee Kang-sheng, Chen Shiang-chyi, Kiyonobu Mitamura, Tien Miao, Chun Shih

Duración: 82 minutos
Distribuidora: Avalon (en DVD)
Estreno: 1 julio 2005

Réquiem por el cine
Escribe Adolfo Bellido López

Cine sobre salas de proyección

Películas sobre el cine se han hecho varias. Algunas excelentes, otras no tanto. Por ejemplo, se pueden recordar dos títulos muy conocidos: Cinema Paradiso de Tornatore y Splendor de Scola. He escrito, y mal, de películas sobre el cine, pero más bien tendría que haber escrito películas sobre salas de proyección de cine. He citado dos pero hay bastante más casos en los que también la sala de cine se presenta como “protagonista” principal o secundaria. Son los casos de El silencio es oro de Clair o Amarcord de Fellini y (aunque no sea una sala propiamente dicha), para cerrar este preámbulo, El asesino anda suelto de Bogdanovich, pero, claro, no se puede olvidar La última película del mismo realizador o Angustia de Bigas Luna o En el curso del tiempo de Wenders o...

goodbyedragoninn1.jpgEsta película de Taiwán tiene también como protagonista una sala de cine. Una sala que, como en el caso de La última película, se dispone a dar su última sesión. Va a cerrar. Una sala perdida en un barrio solitario de cualquier ciudad en la que nunca deja de llover.

En la sala donde va a tener lugar la última proyección apenas hay una docena de personas. Sala tétrica que sólo parece acoger a personas salidas de la noche o de... la niebla. Y ya se sabe lo que la niebla esconde (como nos cuenta el último y en algunos puntos, no todos, apreciable filme de Darabont, La niebla de Stephen King): a veces terribles secretos, como también lo expresaba la excelente La niebla de Carpenter. Aquí realmente esconde pocos secretos. Tan sólo admite o arroja a personajes grises, hundidos, solitarios al interior o al exterior.

Dentro del cine se proyecta una película. Fuera llueve. Dentro también. En algunos lugares el agua se filtra a través de los techos. Alguien llega corriendo a la puerta de la sala. Como no parece que haya nadie en la taquilla se mete rápidamente en el cine y se pierde en la oscuridad. Es un joven del que poco sabemos. Un ladrón, un asesino, un ser normal... ¿quién sabe?

La taquillera arrastra su cojera por los servicios, las escaleras que llevan a lo alto del edificio. A veces busca a alguien. Quizá al proyeccionista. Pero nunca lo encuentra. Los pasos lentos de la taquillera se deben a su cojera. Arrastra el pie en un caminar sin rumbo hacia sitios donde parece no hay nadie con el que poder comunicarse.

El Antonioni de Taiwán

goodbyedragoninn3.jpgEl director de esta película es Ming-liang Tsai, un sorprendente director que puede maravillar, aburrir o ahuyentar a los espectadores que vean sus películas. Eso sí, nunca nadie se quedará indiferente ante sus obras. Las denostarán totalmente o las reverenciarán como cayendo en éxtasis.

Prestidigitador en la forma de reunir y separar caracteres genéricos, su obra es, sobre todo, deudora de Antonioni. El tema que domina todo su cine es el de la incomunicación, la falta de relación, de unión, entre los seres, la ausencia de amor en un mundo dominado por el egoísmo. Todo ello contado parsimoniosamente, con una lentitud exasperante, al estilo del citado realizador italiano. Si alguna de sus imágenes parece haberle influenciado más claramente, habría que citar el largo plano fijo con el que se cerraba El eclipse.

Algunas de las películas de este sorprendente director asiático son Viva el amor (1994), The hole (1998), El sabor de la sandia (2005) y este inaudito canto de desesperación a la muerte del cine que es Goodbye, Dragon Inn (2003).

Si los dos habitantes del cine (dignos de una película de terror) son incapaces de comunicarse, ¿qué podemos decir de los pocos asistentes a la sala? Por los indicios, parecen haber acudido para reclamar o prestar servicios sexuales. Son hombres, por lo que lógicamente habrá que deducir que los personajes son homosexuales.

Pero tampoco nadie, en esa incomunicación generalizada, es capaz de mostrar sus querencias o sus ofrecimientos. Cada uno parece esperar una señal del otro que nunca se produce. Los espectadores se cambian de asiento, van a los urinarios, se ponen uno junto a otro, tratan de que el más cercano reaccione, pero... se termina por volver a la sala o a cambiar de sitio. Los activistas sexuales no se incomodan porque alguien a su lado en la butaca (en, insisto, un cine casi totalmente solitario) se acerque más de lo preciso o haga más que curiosos gestos. Nada pasa.

Mientras eso ocurre en la sala, la taquillera vuelve a su taquilla. Se sienta. El proyeccionista pone cubos debajo de las goteras. La película sigue proyectándose en la sala.

A veces la cámara de la película que nosotros vemos, se asoma a la calle. Sigue lloviendo.

La película que se proyecta

goodbyedragoninn2.jpgNo hay diálogos. Nadie de los que están en la sala pronuncia una sola frase. Tampoco los “cuidadores” del cine, Las únicas voces que oímos proceden de la película que ven: un filme en color de artes marciales. Es Dragon Inn, película de Taiwán dirigida en 1966 por King Hu.

Planos largos y fijos, algunos de gran duración.

Vi el filme en un ciclo de cine asiático actual que pasó la Filmoteca Valenciana. Poca gente cuando comenzó la proyección. Pero esos pocos espectadores se fueron reduciendo cada vez más a medida que transcurría la película.

Fuera del cine donde ven Dragon Inn llueve. También, ese día, llovía en Valencia.

Entre los espectadores de la sala asiática, sorprendentemente, hay un niño. Le acompaña una persona mayor. El niño es el único de los asistentes que permanece hipnotizado por las imágenes que se proyectan. Ensimismado, contempla la película mientras devora unas golosinas.

Goodbye, Dragon Inn no cuenta ni más, ni menos que esa última proyección señalada por el título. No existe otra historia. Hay acciones, movimientos, gestos, paseos lentos de alguien, una persona que recorre un largo pasillo, otra que sube hasta la sala de proyección. La cámara desde lejos (en el primer caso) o desde el punto más alto de la escalera (en el segundo) permanecerá quieta esperando que el personaje llegue a su destino. Mientras tanto, las voces de desafío, los gritos de la lucha de la película que se proyecta siguen pegándose al edificio.

goodbyedragoninn4.jpg

Lágrimas por el cine desaparecido

Cuando la película termina, las dos personas mayores presentes en la sala se reconocen. Uno de ellos es el que acompaña al niño. Los dos ancianos pronuncian las únicas palabras que dicen los intérpretes de la película que nosotros estamos viendo, y que, como la que ellos han visto, está a punto de terminar. Sus palabras explican quiénes son y lo que hacen en ese local. Son dos de los actores de la lejana Dragon Inn que han venido a recordar (“y llorar”) sus tiempos de gloria. El cine ya no es lo que era.

Fuera de la sala sigue lloviendo. Los escasos personajes que han visto la película se resguardan, como pueden, del agua.

Dos seres fantasmales recuerdan sus triunfos ante la presencia de un niño. ¿Descubrirá el niño, en el futuro, el poder de la imagen? Fantasmales seres como los que ahora cierran el cine quizás para siempre. Ni siquiera se han despedido la taquillera ni el proyeccionista. Éste baja una trapa y deja un cártel en la puerta indicando el cierre provisional (definitivo, en realidad) de la sala.

Cuando la película que se proyecta en la sala ha terminado, la taquillera comprueba que la sala está en orden. Una vez realiza la comprobación (dada en plano fijo) sale de la sala, pero la imagen (de la sala vacía) se sigue manteniendo a lo largo de un tiempo que parece eterno.

Los pocos espectadores que quedaban aún en la sala (real, en la que estamos) se marchan. No aguantan más. Tan sólo hemos debido quedar tres personas. Este plano, inmenso, capaz de atacar los nervios del más pintado, parece reflejar, como si de un espejo se tratase, a la propia sala de proyección en la que estamos. Ficción y realidad se han emparentado.

Sorprendente película sobre la muerte del cine, sobre los cines convertidos en salas habitadas por criaturas del más allá o del más acá, dependiendo de quien lo mire.

Una rareza que se ama o se desprecia. Personalmente paso a formar parte del primer grupo (escaso, muy escaso). El Antonioni de Taiwán sabe lo que se hace. Lo suyo es investigar y expresarse a través del cine. Ésta es una obra ejemplar sobre una no-narración, sobre la destrucción del cine, su muerte. Pocas veces una idea ha sido expresada de forma tan lúcida: un adiós desde otro adiós, o lo que es lo mismo: una reflexión compleja sobre lo que hoy supone, y es, el cine. Una triste realidad para todos los que amamos el cine.

Este filme ha sido editado en DVD por Avalón, dentro de un pack sobre el Festival de cine asiático de Barcelona, junto a otros títulos relevantes de las cinematografías de Corea del Sur, Taiwán... En esta sección de críticas de nuestra revista iremos analizando cada uno de esos títulos. Estas interesantes películas así lo requieren.

goodbyedragoninn5.jpg