ABRIGATE (1)

  08 Junio 2008
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Título original: Abrígate
País, año: España / Argentina, 2007
Dirección: Ramón Costafreda
Producción: Pancho Casal, Antonio Chavarrías, Juan Vera y Carmen de Miguel
Guión: Fernando Castets, Ramón Costafreda e Inés París
Fotografía: Jesús Escosa
Música: Xavier Font y Arturo Vaquero
Montaje: Guillermo Represa
Intérpretes:

Celso Bugallo, Manuela Pal, Félix Gómez, María Bouzas, Javier Lombardo, María Salgueiro, Luis Zahera

Duración: 90 minutos
Distribuidora: Cameo
Estreno: 23 mayo 2008

Querer y no saber
Escribe Mister Arkadin

Cosas veredes y leereles

abrigate1.jpgTengo en mis manos una crítica (?) sobre este filme, publicada no hace mucho. No salgo de mi asombro. Quien la ha escrito expresa maravillas de esta cosa. Por su calificación (un cuatro sobre cinco) la compara al último Lumet. O sea que el debutante (en cine) Costafreda es ya un maestro consumado. Ojalá...

Pero no es así, la realidad es muy distinta: el escribiente sobre el filme debe haber soñado la película. Algo que está muy de moda ¿Que tiene buenas ideas el filme? Puede que así sea, pero eso no salva del desastre a Abrígate, una demostración palpable de falta de coherencia narrativa.

La historia, para empezar, es inconcebible. Las cosas ocurren porque al guionista, con la ayuda del director, así lo quiere. Y se empeña en llenar la narración de historietas la mar de peregrinas. Así, un tal Marcelo que llega a Betanzos (vaya usted a saber por qué) es hijo de un señor que acaba de morir y que es el amante de la protagonista. Esta señorita, Valeria se llama, es, por imposición del guión, argentina. ¿Qué hace en Betanzos (Galicia, España)? Eso mismo quisiéramos saber nosotros. Ni idea. Simplemente se debió perder por ahí. Y como Valeria, la jovencita, debe confundir Betanzos con, por ejemplo, Iguazú, va casi siempre por el pueblo con pantalón corto.

Valeria y Marcelo –no se sabe cuál es la razón– se van a enamorar. Al final se darán cuenta de ello, algo que el espectador sabe desde el principio.

El padre de Marcelo, o sea el muerto, decidió cambiar su nombre español por uno francés para vender mejor los cosméticos. Se llamaba Ives. A tal personaje sólo lo veremos muerto. Al parecer, era muy querido en el pueblo... aunque cuando se muere nadie va al tanatorio. Por equivocación aparece el hijo en la sala mortuoria. Por equivocación y, naturalmente, por exigencias del guión.

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Personajes y más personajes

También, en el filme, sale la dueña de la peluquería, que, para mayor facilidad del guión (y se supone del espectador) tiene el negocio en la misma casa donde han vivido su amor Ives y Valeria.

Luego aparece un niño extraño (tan extraño como el hijo de la peluquera que tan pronto aparece como desaparece del filme; es decir, como ya saben, a voluntad de los guionistas) que sólo habla por medio de sonidos. O sea no habla, sólo hace ruidos. A poco que investiguemos tal personaje viene catapultado desde un filme de Truffaut, La piel dura. En este Abrígate aparece de vez en cuando para hacer –¿o no?– una gracia.

abrigate2.jpgHay además un señor sin oficio ni beneficio que siempre pasea por delante de la casa de las “mujeres” y que es una especie de “arreglalotodo”.

El padre de Valeria vive en Argentina, pero es “gallego” se supone que de Santander (dice que le gusta el Racing). Casi todos los días habla con su hija por móvil. Un día (se acuerdan de eso de las exigencias del guión) aparece por el pueblo.

Este personaje, en su llegada, da lugar a una de las escenas más increíbles de toda la historia del cine español: la peluquera, después de dar al hombre un masaje en la cara (no tiene espuma de afeitar) procede (mientras el hombre duerme plácidamente a resultas del masaje) a afeitarle en seco con una maquinilla de afeitar de las que utiliza para la depilación. Este “maravilloso” momento –¿cómico?– viene acompañado de un salto elíptico “impresionante”: el padre de Valeria se encuentra felizmente afeitado... y sin un rasguño.

Momentos, narrativa, dislate general

abrigate3.jpgNo sé, la verdad, si esta cosa, por llamarla de alguna manera, intenta ser cómica, poética, realista o todo lo contrario. No importa. Da igual. El todo y la parte tienen el mismo sin sentido y no sólo en cuanto a los personajes. También en la forma resolver incomprensibles situaciones.

Por ejemplo, la secuencia en que duermen en la misma cama Marcelo Jr. y Valeria. Aquello, con la “salida” de la protagonista de la cama (¿han hecho el amor o no?), da lugar a un feísimo plano cenital con Marcelo visto de lado. Después Valeria (por arte del guión) se “refugia” en el cuarto de baño. Y allá se va (lo han adivinado: por imposición de los guionistas) el bueno de Marcelo.

Algunos diálogos son dignos de aquellas conversaciones tebeísticas que llamábamos de “besugos”. Uno sobre todo alcanza un grado de ridiculez notable: el padre de la protagonista preguntándole a ésta por el padre de Marcelo, y tratando de saber si el joven Marcelo es hijo del muerto.

¿Hay quien dé más? Pues sí, la propia película da muchos más motivos para ser considerada como bastante inútil. Sobre todo si nos referimos a la realización. No sólo se obsesiona por mostrar planos de cosas que se cuentan (hay también historias que nunca se cuentan o que no se terminan de contar), también se esfuerza (la realización), debido a claros motivos de ahorro en la producción, en “tocar” una sinfonía de primeros planos orquestados a go-gó. La mayor parte del filme está narrada –de forma sorprendente– a base de primeros planos.

abrigate4.jpgUno de los muchos errores de un filme español reciente, Un poco de chocolate consistía en filmar a todos los personajes de la película en plano fijo –como aquí, pero con otro tipo de rodaje–, debido seguramente a razones económicas. Se les tomaba en conjunto, cuantos más juntos mejor, de forma, además, que nadie se saliera del encuadre.

Aquí, en este filme, se opta por el procedimiento contrario: diálogos en primerísimos planos, como si la película fuera el no más allá de lo psicológico o como si los actores fueran el non plus ultra de la interpretación. No contento con ello, el director se dedica a introducir, además, insertos por aquí y por allá. La utilización del inserto, como se sabe, debe reducirse a la mínima expresión en un filme, ya que el inserto sirve para “señalar”, significar un objeto o un detalle. Las significaciones preclaras deben ser las mínimas. Si se multiplican terminan por cansar y, por tanto, se mostrarán como innecesarias. En eso, como en otras cosas, Hitch era un maestro. No le vendría mal a Costafreda embeberse de los filmes del maestro y comprender la lección: cómo debe ser utilizado tanto el primer plano como el  inserto.

El autor del guión, en colaboración con el director, ha sido Fernando Castets. ¿Les suena? Firmó al alimón con Campanella los guiones de El hijo de la novia y El mismo amor, la misma lluvia... Que estaban bien. Pero, también de Castels es, entre otros, el guión de Luna de Avellaneda también dirigida por Campanella, que estaba más bien regular tirando a mal. Y, sobre todo, era inaguantablemente alargado. Tan alargada como esta Abrígate que, a pesar de su corta duración, no daría más que para un corto muy corto.

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Malo y aceptable

¿Falta algo más? Sí, señalemos una escena más para el recuerdo: la del tanatorio con el plano del hijo de la peluquera mirando desde dentro de la sala del muerto hacia el pasillo. Inenarrable la toma, como también lo es el momento posterior en que (¡viva lo explícito!) la peluquera pregunta dónde estará su móvil, para a continuación (por corte directo) pasar al plano del hijo saltando y bailando en la noche de San Juan. Divertido y gamberro que es uno.

Dejemos a un lado la –igualmente– fallida utilización simbólica de algunos objetos. El más claro, y cantado, es el de las gafas oscuras de Valeria, tan grandes y tan grandotas, ellas. Una clara llamada (poco o muy risible) de atención. De todas maneras, esas gafas dan pie a uno de los pocos momentos válidos del filme: Marcelo se las quita lentamente a Valeria como primera prenda de su desnudez antes de la escena de amor. Destacaré otro instante (hace concebir unas esperanzas que, por desgracia, inmediatamente explotan como un globo): el inicio de filme con el plano sostenido y que dura desde que Valeria se levanta de la cama hasta que se vuelve a acostar junto a... el cadáver de su amante: escena fija demasiado explícita, por la mano abierta del difunto.

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Ramon Castaneda es un experto, según se lee en su currículum, en el rodaje de publicidad, clips y cosas por el estilo, como algún episodio, destacable incluso, para televisión: no está mal. Ahora lo único que hay que hacer es aplicar todo eso a una película y hacer cine de verdad. No quedarse uno con lo que sabe. Se debe transmitir a los que van a sus películas para que en vez de sufrirlas sean degustadas. 

Puntualizando

Para que la cosa quede como muy progre, Abrígate introduce frases o señala (venga o no a cuento) temas o ideas de enjundia. Por ejemplo, se habla de los milicos (alusión a la dictadura militar argentina), de los republicanos que se tuvieron que ir a Argentina (ídem a la guerra civil), de la necesidad de huir de los bancos (el corralito)...

En definitiva, una mezcla verbenera y forzada. Al igual que la agrupación de los numerosos organismos oficiales o de otra índole que han ayudado a poner en marcha este absurdo proyecto.

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¿Qué había poco dinero para poder hacer la película? ¿Que la inteligencia de la realización –sin insultar, por favor– ha conseguido sacar con “cum laude” el proyecto? ¿Qué dirán, los que así opinan, del escaso dinero con el que se pusieron en marcha (en el pasado) títulos del cine español tales como Esa pareja feliz, El mundo sigue, El extraño viaje, El pisito, Los golfos, Nueve cartas a Berta....? ¿Serán, para los glorificadores de esta película, de inferior calidad los filmes citados?

Final

abrigate7.jpgVuelvo al principio. En un lugar he leído una crítica de este filme. Y he alucinado. El crítico, por las razones subjetivas que él sabrá, ha decidido expresar que está ante un filme casi maravilloso. No contento con decir eso, le ha “soltado” de puntuación un cuatro sobre cinco. O sea que según eso está película es tan excelente como la última de Lumet y mejor que la última de Rivette. O lo que es lo mismo, de acuerdo a su calificación, tal película es superior, o igual, que cualquiera de las películas españolas citadas más arriba. Y de muchas más, claro. Y no digamos con respecto a las extranjeras.

Costafreda, según tal crítico (como todos, a veces excelente, a veces despistado), es proclamado no sólo uno de los grandes del cine español (ojalá lo demuestre en sus posteriores películas), sino también parece demostrar con su primera película (para el cine) ser superior a (muchas obras de) Ford, Hitch, Truffaut, Godard, Rohmer, Zurlini, Fellini, Allen... (añadir los directores que se crea conveniente). Ver para creer.

Desde luego en esta película ver (cosas buenas) poco, creer... pues sí, por qué no. Acto de fe: vamos a creer que la próxima película del director de Abrígate será buena o muy buena. Esperanza no nos falta.

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