ANTES QUE EL DIABLO SEPA QUE HAS MUERTO (4)

  29 Mayo 2008
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Título original: Before the Devil Knows You're Dead
País, año: Estados Unidos, 2007
Dirección: Sidney Lumet
Producción: Michael Cerenzie y Brian Linse
Guión: Kelly Masterson
Fotografía: Ron Fortunato
Música: Carter Burwell
Montaje: Tom Swartwout
Intérpretes:

Philip Seymour Hoffman, Amy Ryan,  Albert Finney, Ethan Hawke, Marisa Tomei, Rosemary Harris

Duración: 123 minutos
Distribuidora: Azeta Cinema
Estreno: 23 mayo 2008
 

Retrato de familia
Escribe Adolfo Bellido

Un joven de ochenta y tres años

antesqueeldiablosepa3.jpgUn Oscar Honorífico no ha bastado para hacer callar al “joven” Lumet de más de ochenta años. Uno de los pocos realizadores que a su edad siguen en activo y en plena forma.

A lo largo de esta temporada, de una u otra forma, nos han llegado las producciones de otros realizadores que, como Lumet, siguen dando lecciones de cine desde la cátedra que se han ganado después de muchos años de dirigir películas. Citemos, por ejemplo, a Rohmer, Oliveira, Rivette o Chabrol. Lúcidos, revolucionarios y críticos, siguen, cada uno de acuerdo a sus miras, fieles a su estilo.

Es curioso cómo –a pesar de la diferencia de tratamiento y de enfoques– hay una cierta semejanza entre la forma de mirar que, por ejemplo, utilizan Rivette y Lumet. Reflexionan sobre un tiempo y unos personajes (distantes y distintos) por medio de unos encuadres muy estudiados y unos mínimos movimientos de cámara. Uno y otro, por ejemplo, dan prioridad a los actores, a su fuerza expresiva, a las emociones que generan unas situaciones que se desbordan. Basta con ver la secuencia en que Andrew (Philip Seymour Hoffman) es abandonado por su mujer, quedándose solo en la casa, para comprender el gran sentido de la narración que posee Lumet.

El director de Veredicto final lleva hace años denunciando situaciones injustas a través de un cine policiaco, un género que suele derivar hacia lo que denominaríamos melodrama policiaco. Se trata de historias con personajes hundidos en el barro. Seres que, poseyendo el cielo, se zambullen en un infierno sin retorno. Y como centro de esos personajes aparece la familia, con sus hipocresías, su falso sentido de la verdad, sus ocultaciones.

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El cine de Lumet

Sydney Lumet, el padre de la generación televisiva, se inició con un drama policial desarrollado en una habitación: la excelente 12 hombres sin piedad (1957), filme que a su vez emergía desde una emisión televisiva dirigida por Franklyn J. Schaffner en 1954. Posteriormente, han existido otras versiones de éste “clásico”: un filme para televisión (1997) dirigido por William Friedkin y una película del año pasado que se estrena en junio de 2008 en los cines españoles, con el título de 12, que Mikhalkov ha realizado en Rusia.

antesqueeldiablosepa8.jpg12 hombres sin piedad, la película de Lumet, sobre unos jurados que dirimen sobre la inocencia de un acusado en tiempo real, puede considerarse como la obra pionera del cine de la generación ascendida a Hollywood desde los estudios televisivos: la generación de la televisión. Sin duda, es la película más significativa de ese movimiento (si así puede ser denominado). No obstante, casi todos otorgan ese honor a la premiada y más bien “pequeña” Marty (1955), primeriza obra para el cine de Delbert Mann, otro de los realizadores televisivos (pero muy menor).

Frustrado actor (al igual que John Frankenheimer, amigo y compañero de generación al que apadrinó en la realización de películas), Lumet devino en importante director de prácticamente una película al año, ritmo que hoy en día sólo mantiene Woody Allen. Curiosa carrera que gana al realizador de Match point por el hecho de que algunos años ha filmado más de un título.

Películas las suyas que se refieren a obras de teatro o a filmes de denuncia sobre determinados medios y actitudes. La familia, bien en cuanto vínculo o en cuanto a relación de personas ligadas a estamentos o grupos que trabajan en común, es una de las prioridades de su cine.

Realizador de actores, ha trabajado con los más grandes de Hollywood, desde Henry Fonda a Paul Newman, de Marlon Brando a William Holden y, en fin, desde Al Pacino a Philip Seymour Hoffman.

Bien es verdad que no se pueden considerar buenas todas las obras que ha realizado (esos deslices que aparecen en Gloria, el remake del clásico de Cassavetes, puede servir como ejemplo), pero en su larga filmografía hay excelentes películas. Y esta última es, sin duda, una de las mejores.

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La familia bien, gracias

En 1989, Lumet realizó Negocios de familia, una película que con un cierto tono humorístico presentaba los devaneos de una falsa honrada familia dedicada al lucrativo oficio del robo. El humor o el sarcasmo es algo que siempre ha querido utilizar el director, pero cuando mejor resultado le ha dado es cuando lo ha presentado de forma tangencial. Cuando lo ha hecho de forma “directa” sus películas se han quedado en la medianía, como demuestran los citados negocios o En estado crítico. Sin embargo, cuando lo ha presentado en forma “secundaria” ha logrado filmes tan interesantes como Tarde de perros.

antesqueeldiablosepa000.jpgDe todas maneras, el cine donde mejor se mueve Lumet es cuando echa mano de planteamientos dramáticos: denuncias condenatorios de situaciones, hechos existentes en una sociedad que miente, se escabulle o de tratar de olvidar (hipócritamente) el mundo en que se encuentra.

Dos hermanos con problemas son el eje sobre el que pivota toda la película. Ambos, aparentemente acomodados y con buenos trabajos, se encuentran enfrentados a unas deudas contraídas bien por cuestiones familiares –en el caso de Henry (Ethan Hawke)–, o por su adicción a las drogas –en el caso de Andrew (Philip Seymour Hoffman)–. A ambos lados de sus problemas se encuentran Gina (Marisa Tomei), la mujer de Andrew y amante de Henry, y Charlie (Albert Finney), el padre de ambos, convertido finalmente en dios justiciero.

Las interpretaciones de Henry y Andrew son tan contradictorias como la falsa honorabilidad de sus personajes. Mientras el hermano drogadicto actúa como un personaje tranquilo, capaz de dominar las situaciones, Henry se presenta nervioso, moviendo y gesticulando como si estuviera atiborrado de droga.

Dos seres que se verán involucrados en unos hechos que destrozarán sus vidas. Para poder arreglar las cuentas que normalicen sus vidas (Andrew saca dinero de la empresa inmobiliaria en la que trabaja, mientras que la ex–mujer e hija de Henry le exigen el pago de las deudas) Andrew propone a Hendy robar la joyería de sus padres. Será un robo limpio, sin problema alguno. Ni tan siquiera, ante su sencillez, existe un plan claramente concebido. Se trata, simplemente, de entrar en la joyería cuando abra, encañonar a la encargada y salir con las joyas. Andrew es la cabeza del robo, Henry el brazo ejecutor.

antesqueeldiablosepa9.jpgEl problema es doble: Henry no se atreve a realizar directamente el trabajo, por lo que contrata a un amigo y, por otra parte, resulta que la encargada de la joyería no será quien acuda ese día al establecimiento. En su lugar va la madre de los dos hermanos.

Henry, disfrazado casi cómicamente, expresión del absoluto patetismo del personaje, conducirá el coche en el que esperará delante de la joyería a la persona que ha contratado para que realice el robo. Y la espera tiene lugar sin saber que es su madre, quien está con su compinche en el interior de la joyería. Estalla el drama.

El atraco es, casi, el comienzo de esta dura historia, que se abre con un prólogo: una escena de sexo entre Andrew y su mujer. Se supone que el matrimonio se encuentra en un hotel de Río disfrutando de unos días de lujo y “amor”. Dos seres aparentemente enamorados, estallando de sexualidad por motivos externos: droga y la visión de una película (no porno, por cierto), la comedia de Stanley Donen, Lío en Río (1984). Las palabras que cierran el prólogo son toda una llamada de atención: disfrutemos al menos quince minutos en el paraíso –dice Andrew a Gina– antes que el diablo se lleve (al infierno) a los muertos.

Y la película mostrará, después del fundido que sigue a esa secuencia, un infierno de destrucción y muerte.

Desde el centro del atraco

antesqueeldiablosepa5.jpgEl relato se plantea desde una narración nada ortodoxa. Se presentan bloques no cerrados en los se muestran las idas y vueltas de los distintos personajes antes, durante y después del atraco.

Lumet vuelve la narración hacía atrás retomando el instante del atraco o presentando, de forma entrecruzada, momentos con anterioridad y posterioridad al mismo. En el cruce de tiempos, el realizador muestra un gran dominio del tempo fílmico. Se trata de crear una especie de tela de araña en la que todos los personajes aparecen entrelazados. Una forma de darlo de la cual deberían aprender directores que utilizan formas de narrar parejas. Pienso, por ejemplo, en la mediocre y no muy lejana En el punto de mira.

Un letrero nos indica el momento en que nos encontramos con respecto al atraco: el instante centro y dinamizador de toda la situación. Vueltas y revueltas sobre unos personajes que tratan de huir de un destino que les conduce a su destrucción. Carambolas risibles de un azar dictado por no se sabe quién.

La tragedia, en un concepto griego o shakesperiano, dinamita a los personajes, los conduce a una senda sin retorno. La verdad emerge desde las mentiras y la opresión, recayendo sobre la existencia de unas acciones sin sentido que conducen a la muerte. Basta, para ello, que el padre, como dios vengador, decida incluso, desde su propia vejez, ser el justiciero que clama venganza sobre sus propios hijos. 

Impresionante final

antesqueeldiablosepa2.jpgLa escena final, desarrollada en el hospital, es tan impresionante en realización como dura en la resolución. Un gran actor como Albert Finney (intérprete que no es nuevo para Lumet) comunica el dramatismo del momento.

Se puede achacar a este momento la trampa del guión, tanto en la forma en que el padre llega al tasador de joyas (al que pensaba acudir Andrew para venderle la mercancía después del robo), como su entrada, sin dificultad alguna, en la habitación a la que ha sido trasladado el hijo después del tiroteo.

De todas maneras, el primer pero se esfuma ante el previsible conocimiento de los distintos tasadores por parte del joyero. La segunda trampa puede también admitirse al considerar que la angustia del padre por ver a su hijo malherido permite que pueda acceder a la habitación del hospital al que ha sido trasladado.

Pero, incluso teniendo en cuenta esos “deslices” del guión (propios, por cierto, de todos los guiones de todas las películas que son y serán en la historia del cine) hay que reconocer la fuerza de los instantes finales: la fría actuación de Henry, el hijo que susurra la palabra padre... para concluir con el plano final que muestra al padre “perdiéndose” por un pasillo hacia no se sabe muy bien dónde. También instantes antes hemos visto perderse uno a uno (solos entre multitudes) hacia un futuro sin esperanza, a Henry y Gina.

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Lumet y Gray

Sería curioso comparar Antes que el diablo sepa que has muerto con La noche es nuestra, la discutible película de James Gray. Ambas, desde ecos bíblicos, plantean historias de relaciones paterno filiales. Pero mientras Lumet muestra un camino de destrucción, Gray opta por asentarse en la construcción. Dicho de otra forma: mientras el filme de Lumet supone una mirada ácida sobre la familia, el de Gray proclama el elemento familiar como salvaguardia y centro de unas relaciones.

antesqueeldiablosepa1.jpgDe la condena o crítica reflexión sobre la familia en Lumet pasamos a la aceptación y loa de la institución familiar, o sea, ya se sabe, mientras la familia permanezca unida... O lo que es lo mismo, frente a la (falsa) felicidad que promueve La noche es nuestra se procede a “volar” la unidad familiar en Antes que el diablo sepa que has muerto.

Desde planteamientos bíblicos, las resoluciones en ambas son totalmente diferentes: Gray opta por presentar la llegada de los hermanos al paraíso creado por el dios padre, al menos en el recuerdo de su existencia; mientras que Lumet convierte al padre en un dios vengativo, segador de vidas, incapaz de perdonar a sus hijos.

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Un gran realizador

Lumet, con sus ochenta y pico años, se muestra en plena forma. Lúcido y coherente, es fiel a sus películas más comprometidas. Queda dicho que la película es tan dura como excelente. Si desde su coherencia narrativa llega a obtener una gran calidad, se debe a algo que siempre ha tenido en cuenta el realizador: la enorme interpretación de todos los protagonistas, entre los cuales, Philip Seymour Hoffman sigue demostrando, por si alguien lo dudaba, que es uno de los mejores actores del momento actual.

Ahora, Lumet, nos “amenaza” con un nuevo título. Es fiel a esa adicción suya (y que seguro le hace mantenerse vivo y en forma) de realizar una película cada año. La última debe encontrarse ya en pleno periodo rodaje, se titula Getting out.

Mientras la esperamos, saborearemos Antes que el diablo sepa que has muerto, una de las mejores películas que ha dirigido Sidney Lumet en su larga y fructífera carrera.

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