The Gentlemen: Los señores de la Mafia (3)

  08 Abril 2020

 

Película divertida, bien narrada y que se hace corta

the-gentlemen-0La historia pone en lugar principal a Mickey Pearson (Matthew McConaughey) expatriado estadounidense dueño y señor de la marihuana en Londres, que intenta vender su imperio para retirarse felizmente con su bonita esposa Rosalind (Michelle Dockery).

Por medio, el protector y principal guardaespaldas y socio de Mickey, Raymond (Charlie Hunnan), que igual se emplea en diálogos rápidos que en lanzar insultos, golpes o disparos. Muy cerca de todo y como quien no quiere la cosa, Coach —entrenador— (Colin Farrell), maestro que dirige a un grupo de avezados boxeadores jóvenes que pasan de robar a Mickey a ser literalmente sus salvadores.

El gran villano es Dry Eye (Henry Golding), jefe de una banda asiática que a punto está de desbancar a Mickey. Y el vértice es el relator de la película, un reportero corrupto y depredador que controla cada paso de Mickey y sus secuaces y que acabará cogiendo un taxi equivocado. 

La película de Guy Ritchie es un thriller extravagante y peliagudo sobre un gran capo de la hierba, a la que denominan «la nueva fiebre del oro». Es, en realidad, una especie de padrino verde que elude las drogas mortíferas, tipo la heroína, tiene pasaporte estadounidense y es dueño de una potente industria ilegal de cannabis, con la complicidad de las familias más adineradas y aristocráticas inglesas, quienes a cambio de dinero a espuertas, prestan sus magníficas fincas para que Ritchie cultive a placer y subterráneamente las floridas plantas psicotrópicas.

Ritchie hace gala unos diálogos ocurrentes, a veces febriles, todo ello en un discurso muy educado y plan gentleman. El libreto vertebra una película muy divertida, con un ritmo trepidante y tan pleno de referencias, gestos y trabalenguas, que por momentos la marihuana deviene pura estimulación anfetamínica.

Pareciera como si Ritchie hubiera tomado impulso de aquel su «cine británico de Goodfellas», con la genial obra Lock & Stock (1998), película de póker y mafiosos, vibrante, eléctrica, de situaciones disparatadas y banda sonora perfecta; o retomando aquella «diversión letal», como calificó Turan a su película de 2000, Snatch: Cerdos y diamantes, mezcla de estilo verbal e ingenio visual.

Pues bien, Guy Ritchie vuelve a ese cenagal sucio del hampa y lo hace, como escribe Oti Rodríguez, «con un equipaje lleno de recursos estilísticos, músculo narrativo, sorpresas visuales, ironía lingüística y gran cantidad de material de derribo ético». Todo eso y más, tiene esta cinta en la que si de algo se puede estar seguro es de que no aburre ni un minuto del metraje. No es poco.

Posee un estilo narrativo en plan juego malabar, donde personajes, tramas, subtramas, y meta argumentos, vuelan, flotan y siempre guardan un raro equilibrio que es pura salsa o mejor rap, que es lo que suena con fuerza al final de la cinta, en medio de los títulos de crédito, justo cuando la gente se levanta y no te deja ver bien la fiesta de letras y ritmo que ha surgido en la pantalla a modo de cierre.

Toda la trama se desarrolla a caballo entre la alta sociedad y los bajos fondos, pero son unos bajos fondos muy pulcros, propiamente de restaurantes de lujo y gastropub de moda. Hay mucho accesorio y ropa de lujo en el film: gafas de sol de marca y ropa cara propia del nuevo Londres y de los nuevos ricos que en dos décadas parecen haber transfigurado la capital inglesa.

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Tiene la película un narrador que es el carismático Hugh Grant, que interpreta a Fletcher, un arriesgado y ambicioso investigador, gay y amante del cine, en pleno disfrute de su verborrea y cinismo, que pretende sacarle la pasta al rey del cotarro. Grant parece haber dejado de lado su estigma de pijo total, para acometer este papel crucial con absoluta solvencia.

Abusa la cinta un tanto del barullo verbal y visual, pero acierta con el ritmo y el tono, junto a un elenco actoral que le sigue el paso, entre vertiginoso, sugestivo, cómico y también violento, propiamente de un cine lúdico que no olvida la estela del sketch humorístico.

A la presencia de Grant se une un magnífico y siempre resultón Mathew McConaughey, como Mickey, el rey, capo distinguido, brutal y a la vez sentimental. Cuenta con Charlie Hunnam en la piel de matón hipster, socio calculador y despiadado e incondicional de Mickey, un rol que interpreta con gran acierto.

Camuflado, pero que está muy presente, Colin Farrell se mete en la piel de un singular entrenador de boxeo y maestro de una juventud marginal, en chándal él y tan bueno de verbo como rotundo e implacable en sus acciones. Henry Golding, muy bien como peligroso mafioso oriental. Y Michelle Dockery, muy bella y capaz, como la esposa fiel de Mickey; siendo la única presencia femenina de la película, es un personaje frío y directo en conseguir sus metas, pero entregada a su marido.

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En el reparto destacan igualmente Eddie Marsan, Jeremy Strong, Jason Wong o Jordan Long, entre otros. Todos ellos hacen gustosa una obra de ángulos y sabores muy variados que, empero, se digiere con la facilidad del agua que fluye; y es que se hace corto el tiempo de visionado. Todo está pensado y organizado para ser un producto cinematográfico divertido, asombroso y travieso.

Quiero añadir también algunos méritos de plus como algunos escenarios que podemos visionar y aspectos de vestuario que, como apuntaba antes, son llamativos, pues se vinculan con la personalidad y el carácter de los personajes más ricos y los más pobres, aunque no se trate obviamente de una cinta social. Excelente fotografía de Alan Steward y una música ad hoc de Christopher Benstead, mezcla de clásicos del pop antiguos y nuevos, rap incluido.

Concluyendo, esta nueva comedia de acción de Guy Ritchie parece restituir al escritor y director británico de 51 años, a ese mundo estilizado de gánsteres de Londres, donde se hizo famoso hace dos décadas. En esta ocasión la cosa ha llegado elegante y con paso firme de futurible éxito a todo nivel. Ciento trece minutos refrescantes, divertidos y trabado hábilmente por un guion ingenioso. 

La violencia juega un papel importante en una cinta de este corte, pero tiene de bueno que en lo sustancial, lo peor sucede fuera de pantalla, con un número de bajas además, sorprendentemente bajo: de agradecer.

Las clases altas británicas mercadeando maldades, vicios y vilezas con malhechores de baja estopa. Y el detalle de que siendo todos pájaros de cuidado, gánsteres en mayor o menor medida, criminales que saben golpear, disparar y apuñalar, sin embargo, entre tanto malo, los más buenos, incluso podríamos decir «los buenos» son, curiosamente, Mickey Pearson y sus adláteres; como señala Mickey a un traficante de heroína y prostitución chino: «mi droga (el cannabis) al menos no mata a nadie».

Escribe Enrique Fernández Lópiz

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