Salvar o morir (2)

  07 Marzo 2020

La batalla del fuego

salvar-o-morir-0Estamos ante el segundo largometraje (cuarto si se tiene en cuenta que dirigió dos más para televisión) del realizador francés Fréderic Téllier, del que ya pudimos disfrutar hace un lustro de SK1, un noir adrenalítico sobre la obsesión de un policía con un caso de asesinato. Ahora nos presenta Salvar o morir, donde pone en imágenes el drama de un jefe de bomberos que tiene un accidente que le produce graves quemaduras.

La función comienza sin preliminares. Acción y drama en vivo y en directo. La vida diaria como bombero no es fácil. Esto es lo que emerge de las primeras escenas que presentan a Pierre Niney a través de su profesión. A veces las cosas salen bien, y otras acaban en tragedia. Toma iniciativas siempre desde la corrección y la profesionalidad que se le presupone, y sufre cunado la misión se tuerce.

En su vida doméstica más de lo mismo: cultiva sus grandes brazos, sabe mostrar humor, tiene empatía, avanza, hace feliz a su esposa, y además es el yerno perfecto. Sus colegas lo veneran y él aspira a mayores responsabilidades. Si participa en un partido de fútbol, ​​obviamente es él quien marca el gol. En resumen, a todos les gusta y  es lo mejor en el mejor de los mundos.

Divertida pintura de la realidad para una película que pretende ser realista. Porque así es como Frédéric Tellier filma. Todo de manera un poco ruda. Desde la primera escena que nos sumerge en medio de una secuencia de reanimación, pasando por momentos de alegría derivados de la tradicional celebración del 14 de julio en la estación de bomberos.

Deberíamos detenernos en esta primera parte (que en realidad es un prólogo) porque da un tono, un estado de ánimo en el que los espectadores ya sabemos que está condenado de antemano. La película establece aquí el gran principio de ruptura: el después contra el previo. Es decir, confrontar dos partes totalmente opuestas, cada una en las antípodas por su dinàmica para mostrar lo que se ha perdido y lo que nunca se encontrará.

El director, como hemos dicho, se esfuerza por seguir al personaje interpretado por Pierre Niney en su vida diaria, ya sea profesional o sentimental. En lugar de mirarlo desde fuera y solo informar sobre una realidad, hace lo que hacen la mayoría de los directores que usan el mismo proceso: escribe cada secuencia.

A partir de ahí el ritmo parece casarse con el letargo del personaje principal, y termina apresurándose en una concatenación de acontecimientos que buscan, de una manera bastante honesta, pero poco original, tocar la fibra del espectador. Hay un afán por transmitir preocupaciones mucho más cercanas a las personas, a la realidad, a la contemporaneidad.

En ocasiones el guion se excede en situaciones que más que aportar sonrojan, como aquella en la que el protagonista, como si fuera un remedo cruel de El exprreso de medianoche, insta a su pareja a quedarse en paños menores para congratular su voyeurismo, aunque Tellier se abstiene de llevar su película a cotas más y más oscuras.

La pareja protagonista está estupenda, desprendiendo química en cada fotograma. Pierre Niney (de quien tuvimos la oportunidad de ver Altamira, Promesa al amanecer y la más reciente Tan cerca, tan lejos) transmite de una manera coherente y sensible  la mezcla entre el poder físico y la fragilidad, mientras que su partenaire en pantalla, Anaïs Demoustier, está llamada a ser una de las grandes de su generación, como ya demostró en la magnífica Las nieves del Kilimanjaro, y de quien podemos disfrutar todavía en cartelera con la comedia Los consejos de Alice.

Igualmente conmovedor, el enfoque, también muy documental, del tratamiento de las víctimas de quemaduras, del tiempo de curación nunca llega a completarse, a pesar de los trasplantes y las numerosas operaciones. 

Escribe Francisco Nieto | Artículo publicado en Cine Nueva Tribuna

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