El plan (4)

  05 Marzo 2020

Un interior tormentoso

el-plan-0El primer largometraje de Polo Menárguez, El plan (2020), supone una gran noticia para el cine español. Película atrevida, impactante, sólida, que en sus 80 minutos de duración nos permite adentrarnos en una historia auténtica, palpitante.

El acierto más sobresaliente del filme reside en la combinación logradísima entre comedia y drama. Esta simbiosis, muy difícil de conseguir, se logra merced a las excepcionales interpretaciones de Antonio de la Torre (Paco) y Raúl Arévalo (Andrade), junto con un Chema del Barco (Ramón) en estado de gracia, verdadero eje de la propuesta cinematográfica de Menárguez.

Los tres intérpretes ofrecen una lección actoral, capaces de oscilar entre la risa y el llanto, el chascarrillo y la reflexión, la cotidianeidad y la crítica. Tres adultos, vigilantes de seguridad, en situación de desempleo, quedan una mañana en el piso de Paco, ubicado en Usera, barrio del sur de Madrid, para llevar a cabo un misterioso plan.

El plan, por diversas circunstancias (avería del coche, problemas con otros amigos, nuevos imprevistos) no se va a realizar. Pero, a cambio, el espectador descubrirá el interior escondido, tormentoso, de estos tres individuos adultos, en plena crisis de identidad.

Desde una puesta en escena sencilla, con casi todas escenas rodadas en el interior del hogar de Paco (casi siempre en el salón; también en la terraza, en el baño, en el dormitorio), se construye un largometraje llamado a perdurar en el tiempo. Este espacio cerrado, de clara simbología claustrofóbica, conecta con la angustia existencial de estos tres amigos. Considero que la huella de Buñuel y El ángel exterminador (1962) es palpable, aunque en la película del director aragonés los personajes pertenezcan a la burguesía y aquí sean de extracción humilde: tres trabajadores que se han quedado en paro.

Por su parte, todo el enfoque realista del largometraje, su componente crítico, de constatación de la problemática inherente al paro, posee un referente clave en la cinematografía hispana: Los lunes al sol (2002), de Fernando León de Aranoa. El triángulo protagónico, y la calidad interpretativa de Bardem, Tosar y Egido, resulta equiparable a la genialidad mostrada por De la Torre, Arévalo y Del Barco en el filme de Menárguez. Y al igual que en la película de León de Aranoa, sobresalen los primeros planos que reflejan la incertidumbre, la desazón de los personajes, así como todas las imágenes rodadas con cámara al hombro, que evidencian la tensión en la que están inmersos, y un nerviosismo creciente según avanza el largometraje.

No quiero adelantar ninguna sorpresa que pueda arrebatar la emoción de una historia sacada desde dentro y que, sin ningún tipo de prejuicios y dogmatismos, se adentra en las galerías profundas, atormentadas, de tres almas desconocidas, metonimia de tantas otras. Baste decir que la película desenmascara toda una tradición de masculinidad que sólo ha servido para ocultar comportamientos abyectos. ¿Por qué el hombre no ha sabido tratar, comprender, apreciar a la mujer?

El plan contiene una raíz esencialmente teatral, debido a que nace de la obra dramática de Ignasi Vidal. La pieza se estrenó en 2015 en la Pensión de las Pulgas, de Huertas, para luego recorrer durante tres años diversos espacios escénicos madrileños como el Kamikaze y el Marquina. En 2018, Menárguez, asiste a una representación y queda maravillado por el universo dramático de la obra de Isasi. Ahí nace un sueño, que ahora se ha hecho realidad: convertir la obra teatral en película.

En el proyecto originario, Menárguez tenía algo clarísimo: quería que el actor que daba vida a Ramón en las tablas, Chema del Barco, hiciera lo mismo en la gran pantalla. Convencer a Arévalo y De la Torre (que ya habían colaborado en Primos, Los amantes pasajeros o Tarde para la ira) fue fácil. Ambos habían visto la pieza de Isasi y les había encantado.

En sólo tres semanas de rodaje, Menárguez y estos tres portentosos actores han creado una opera prima singular, rompedora, llena de hondura. Las palabras de Raúl Brandão, que abrían Claraboya (2011), la novela póstuma de Saramago (que el escritor portugués escribiese en los años 50 del siglo XX), podían ser aplicables a este filme: «En todas las almas, como en todas las casas, además de fachada, hay un interior escondido».

Escribe Javier Herreros Martínez

el-plan-3