Monos (3)

  04 Marzo 2020

Película inmersiva, esplendente y turbadora

monos-0Sobre una solemne montaña, surge lo que parece un campamento de verano. Ocho chicos y chicas viven allí entrenando y armados con AK-47, se les llama los Monos. Utilizan unas instalaciones defensivas como vivienda, en un rígido régimen jerárquico militar.

Son jóvenes al servicio de una guerrilla paramilitar que tienen como misión vigilar a una doctora estadounidense (Julianne Nicholson) secuestrada y en espera de cobrar un rescate por ella. Estos chicos conviven bajo la atenta mirada de un sargento paramilitar, un atlético enano que los entrena con dureza y exigencia en plena intemperie.

No sabemos ni quiénes son, ni dónde están, ni por qué hacen lo que hacen. El asunto es que lo que parecía un sólido refugio aislado, pronto se verá acosado por bombardeos y disparos, lo cual que el grupo se traslada al medio de la jungla. El relato es episódico, con los sucesivos intentos de fuga de la mujer secuestrada o conflictos que van diezmando la cohesión del grupo.

En un punto, la misión empieza a peligrar y la confianza entre los jóvenes se pone en entredicho, sobre todo entre ellos mismos, en una especie de microsociedad depravada en la cual los bajos instintos pueden sobre la cultura y el orden.

El brasileño Alejandro Landes nos lleva de la mano de su cámara a las montañas de Cundinamarca, en Colombia, y se va adentrando hasta un territorio agreste dentro del cual se confunde el valor de la vida y de la muerte. Es un escenario tan silvestre que el instinto manda sobre la razón.

Más altos que las nubes, los ocho muchachos armados hasta los dientes son auténticos seres inmaduros, pero listos a volarle la cabeza al que asome por su feudo. Lo importante es no perder de vista al rehén y a Shakira, una vaca prestada a la que cuidan y ordeñan con esmero. Pero estos chicos son también juguetones, con ganas de sexo y sobre todo impredecibles. Un auténtico grupo bomba, inconsciente e impulsivo.

Cuando el disciplinario instructor se marcha, son ellos los exclusivos responsables de lo que allí ocurra. Se prodigan las fiestas con alcohol, celebración de un cumpleaños, bailes en torno a la hoguera y así, esta espiral alocada con las hormonas por las nubes y lo propio de la edad, va haciendo olvidar que su pertenencia es a una organización militar precisa a la que deben obediencia y disciplina. En esta especie de caos que se origina tras la partida del enano comandante, uno de ellos accidentalmente mata a la vaca. La vaca era sagrada y ahora se ven en la necesidad de decidir si mienten para encubrir al culpable. Lo contrario significa una corte militar de la guerrilla, o sea del grupo contra el infractor.

Destaca en esta cinta la belleza de los paisajes, la luz, una cámara en comunión con los bosques, las encrespadas pendientes, los torrentes de ríos y manantiales. La esplendente fotografía de Jasper Wolf pinta la pantalla de vibrantes colores, verdes refulgentes o cielos tono pastel.

Acompaña sintónicamente la estupenda música de Mica Levi. Y cuando todo este lienzo de música y luz parece anhelar la hermosura cósmica, nos tropezamos frontalmente con la saña, el salvajismo y la brutalidad de que son capaces los protagonistas.

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En el film la fotografía está minuciosamente trabajada por Landes, cuyas secuencias de corte naturalista se toman su tiempo para que podamos ver y entender que esa realidad asilvestrada toca de lleno a los jóvenes guerrilleros que parecen sumirse en cierto estado regresivo y selvático, donde la supervivencia es crucial; abundancia de primeros planos de rostros de los confusos jóvenes-monos.

Toda una atmósfera inquietante, pues aunque parece la cosa un juego, sin embargo las armas de todo tipo que portan son reales, afilados los machetes y fusiles que arrojan fuego y plomo. En ese espacio, la misma doctora se ve obligada a encarar sus propias contradicciones morales, pues su realidad está muy lejos de su mundo civilizado y de su moralidad pequeño burguesa. Allí la convivencia es muy diferente a la que ella conoce, la civilización no existe y el contexto de guerra y militarismo salvaje apenas da para adoptar comportamientos y recursos más propios del mundo animal que de los humanos; incluida la disposición para matar. Como señala Marta Medina: «es un filme inmersivo y terrible, tan exhibicionista como costumbrista, tan contradictorio como lo es, por otro lado, el objeto que retrata». O sea, una bajada a los selváticos infiernos, sin anestesia.

Porque en la segunda parte los acontecimientos se precipitan tras eliminar al instructor militar con sendos disparos por la espalda. Es en este punto cuando el paradisíaco paisaje y los propios Monos, se desligan de la Organización militar a la que pertenecieron, para forman su propia célula; en ese paraíso de Adán, la demencia sobrevuela las mentes de los jóvenes que eligen a su líder y se apropian de la prisionera.

Será el gran comienzo del brote de locura que pone de manifiesto la arbitrariedad de cualquier guerra: «Pero lo fantástico de Monos es cómo Landes cuenta esta pérdida de humanidad a través de una secuencia de montaje que nunca renuncia a lo pictórico y a lo espectacular» (Bermejo). El filme se precipita por la pendiente de la sinrazón, en un plano final, momento en el cual ya no discernimos entre secuestrador y secuestrado, entre el bien y el mal, y la música de Mica Levi llena la pantalla de estruendo, sintetizadores, timbales e instrumentos de viento: «mezcla de timbres ilusionantes y aniñados con graves nefastos» (Bermejo). Un escenario surrealista de no ser porque estamos en Colombia y se clarean las FARC y toda esa terrible realidad que nadie sabe bien si ha puesto fin a sus desmanes asesinos.

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El grupo paramilitar de los muchachos es entidad humana de difícil calificación con personajes ultraviolentos como Patagrande, muy bien interpretado por Moisés Arias, trasplantado de Disney —Hannah Montana— a la selva colombiana; los chicos y chicas, capaces de mostrar su faceta edulcorada infantil y cándida como compañeros de juego que peinan a la doctora cautiva, pasan a la brutalidad cuando golpean sin piedad a un compañero para divertirse: Sofía Buenaventura (Rambo), Esneider Castro (Boom-Boom), Laura Castrillón (Sueca), Deiby Rueda (Pitufo), Lady (Karen Quintero), Perro (Paul Kubides), Lobo (Julian Giraldo).

Grupo impredecible y alocado cuyos pocos años son más un aviso de peligro que de solaz; un estudio arrollador sobre la violencia y el desapego, que mantiene al espectador inseguro sobre si el siguiente corte irá acompañado de felicidad, de éxtasis dionisíaco o directamente de pesadilla. Monos presenta una realidad grotesca tan profundamente contradictoria, que deviene especie de socio-paranoia, en una pandilla de púberes capaces de experiencias irregulares, líricas y también sanguinarias.

Película apabullante en lo visual y en lo sonoro que concluye de manera tremenda y paradójica, entre el horror y la belleza.

Premios y nominaciones en 2019: Festival de Sundance: Premio Especial del Jurado - Drama (World Cinema). BAFICI: Mejor música original. British Independent Film Awards (BIFA): Nominada a Mejor película internacional independiente. Premios Goya: Nominada a Mejor película iberoamericana. Premios Forqué: Nominada a Mejor película latinoamericana. Festival de La Habana: Selección oficial largometrajes a concurso.

Escribe Enrique Fernández Lópiz

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