Rambo, Last Blood (0)

  20 Febrero 2020

Ofender la memoria

rambo-last-blood-0Siguiendo un camino paralelo al del innecesario renacimiento de Terminator (la otra saga ochentera recuperada en 2019), con rodaje en España y un guión que uno no se explica cómo ha logrado rodarse, esta «última sangre» de John Rambo alude tanto al final del personaje (subrayado con un resumen de imágenes en el epílogo de este film, sobre todo del primer Acorralado, 1982) como al título original de ese primer episodio, significativamente bautizado por el novelista David Morrell y el director Ted Kotcheff como First Blood (Primera sangre).

Es, con diferencia, el único detalle original de la función.

Para empezar, aquí no se entiende bien el cambio de escenarios: ahora el largo viaje le ha devuelto a su hogar (It’s a long road, la gran canción de Jerry Goldsmith en el primer film, una inteligente forma de subrayar el tema, el viaje, en aquel primer episodio). Ese hogar que nunca vimos en anteriores episodios. Pero no será en su hogar donde transcurra la trama, salvo una orgía de sangre y fuego final.

Porque también hay un cambio de trama, ahora el enemigo es otro: se han inventado una sobrina, secuestrada por los malvados mejicanos para comerciar con ella sexualmente. Y Rambo se presenta allí como lo que ha acabado siendo: un vulgar justiciero («vigilante» lo llaman los americanos) dispuesto a matar a los malos y salvar a los inocentes. Sin más.

De lo más vulgar, oigan.

Vista hoy, resulta significativa la evolución temática que ha sufrido la saga Rambo.

Si en los 80 los malos eran los americanos (episodio 1: regreso al hogar tras Vietnam), poco a poco se transformaron en unos asiáticos de pega (episodio 2: rescatar a los prisioneros) o en unos rusos de risa (episodio 3: sí, el de Rambo a caballo huyendo de un moderno avión y batiendo el récord de víctimas en un film)…

Obviemos ese regreso del episodio 4, motivado por la necesidad de un éxito comercial de Stallone, algo que consiguió a medias en 2008…

Llegamos al episodio 5: el peor de todos, que ya es decir.

Este último título (es un decir) está dirigido (por decir algo) por Adrian Grunberg, seguramente porque en su filmografía figura un thriller de frontera mejicana con Mel Gibson, con el que guarda no pocos parecidos: Vacaciones en el infierno (Get the Gringo, 2012).

Paseo por el dolor y la muerte

El sorprendente éxito de Acorralado (First Blood, 1982) puso en marcha la maquinaria hollywoodense para crear, como ahora es costumbre, una saga.

En aquellos tiempos sólo los grandes eventos tenían su serial cinematográfico (Indiana Jones, Star Wars…) pero esta pequeña película encajaba en el prototipo de héroes musculosos, de pocas palabras y mucha acción, que triunfó en los 80.

De hecho, Stallone y Schwarzenegger competían en aquella década por el trono de máximo accionista del género. En todos los sentidos. Y nació una amalgama de títulos que crearon escuela… sobre todo entre la serie B y Z de aquellos momentos.

Toda la saga partía de una novela de David Morrell, que no fue invitado a participar en ninguno de los títulos de la trilogía inicial, ni como guionista ni productor ni asesor. Nada.

En cambio, Morrell sí se ocupó de la novelización de las siguientes películas, a veces con situaciones tan curiosas como tener que adaptar al libro un guión escrito por el mismísimo James Cameron para Rambo: Acorralado, parte 2 (que acabó dirigiendo el veterano y discreto George Pan Cosmatos)… aunque ese guión no fue el que se utilizó en la película. Por lo cual, novela y película se parecen poco.

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Sobre el tercer episodio, dirigido por un director de fotografía, Peter MacDonald, reconvertido en máximo responsable (es otro decir) de Rambo III, mejor corramos un tupido velo: baste decir que su aproximación a la presencia de rusos en Afganistán despedía el mismo tufillo ideológico que el cine que se rodaba en Hollywood décadas antes sobre la Segunda Guerra Mundial.

(Entre paréntesis. Siempre me ha hecho gracia la incoherencia de los títulos cuando se convierten en saga. Este es un gran ejemplo. El primer episodio se tituló Acorralado. El segundo llevaba por título Rambo —y un subtítulo aclaratorio: Acorralado, parte II—. En cambio el tercero pasó a llamarse directamente Rambo III. ¿Qué fue de Rambo 2? ¿No hubiera sido más lógico titularla Rambo 2: Acorralado 3? Eso sí, parecería un partido de fútbol. Entendido. No mola.)

Unas notas que sí merecen la pena

La música de Jerry Goldsmith en las tres primeras entregas se ha convertido con el paso del tiempo en una trilogía excelente en cuanto a bandas sonoras se refiere. Ejemplo del mejor momento creativo del maestro (los 70 y los 80), donde combinaba sinfonismo con electrónica con exquisita elegancia y grandes resultados.

Son las notas más positivas de toda la saga. Las musicales.

Pero en el siglo XXI, fallecido Jerry, el autor de las bandas sonoras pasa a ser de Brian Tyler en las dos últimas: utiliza por momentos el tema principal… pero queda lejos de aquellos tiempos de esplendor. Como todo en este título.

Tampoco en el apartado interpretativo la cosa mejora.

Hoy, en 2019, no queda actor, sólo una figura que se mueve como buenamente puede. La edad no perdona: el rodaje de películas de acción con más de 70 años resulta muy complicado, acudir a los dobles y a las digitalizaciones es una opción, pero no ha funcionado ni con Terminator ni con Rambo.

Pero más que el intérprete, molesta el personaje, la traición a sus principios morales… si es que los tuvo.

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Vulgaridad absoluta

Ya no hay más que una máquina de matar, este guión (por llamarlo de alguna manera) podría haber servido para rodar el último Terminator: casi indestructible (pese a numerosas heridas), sin sentimientos (pese a la escena junto al cadáver de su pariente más querido: cosas del guión), incapaz de nada, salvo matar…

Molesta que lo conviertan en un vigilante más: idéntico a cualquier otro.

Molesta que en el camino para justificar su venganza final lo veamos como un torpe que se mete en la boca del lobo sin armas: como si Rambo confiara en la naturaleza humana, a estas horas…

¿De verdad es el mismo Rambo que ha acabado con medio ejército ruso?

Molesta la grosería con la que se expone la vida al otro lado de la frontera: en eso los tiempos no han cambiado, los malos son tan malos y tan torpes como hace tres décadas. Eso sí, ahora son mejicanos.

Porque Méjico está de moda en el cine norteamericano.

En la última década se ha premiado con el Oscar en varias ocasiones a directores mejicanos y el conflicto entre ambos países ha aparecido en numerosos títulos.

Tiene mucho que ver la política en el cine que se hace. Y en el que se premia. Trump no es ajeno. Tanto los que están con él como los que están contra él.

Cine y política van de la mano en la industria del espectáculo.

rambo-last-blood-00Molesta, en fin, que todo apunte hacia esa media hora final de preparación de la súper trampa (la granja convertida en un inacabable juego de túneles y armas) y su desfile de violencia gore

Unas vacaciones en el infierno… ya lo decíamos antes.

No existe la lógica en este viaje al final del largo camino, ni la originalidad, ni los detalles…

Tan mal explicado está todo, que los guionistas echan mano de una ocasional voz en off para subrayar con los pensamientos de John Rambo lo que tienen claro que las imágenes no son capaces de transmitir: sus pensamientos reflejan sus motivaciones, los porqués del personaje, las justificaciones…

Quizá una de las voces en off más torpes del cine del siglo XXI.

Y, con todo, su balance final, con la recopilación de imágenes-resumen de su vida y su obra, se permite un pequeño guiño con un caballo… no sea que al final la película funcione en taquilla y haya que realizar un episodio 6.

¿Positivo? Sí, la promoción de Portugal y las Canarias (especialmente Tenerife, donde se han rodado muchas escenas) contribuye a consolidar nuevamente España como escenario para rodaje de films (lo mismo que Terminator: Destino final, aunque allí las localizaciones más usadas fueron Murcia y Almería)…

Aunque, como siempre, no se ha rodado sólo en España. Hoy es obligado compartir rodaje con Europa del Este. Tasas no pagadas, subvenciones, grandes estudios y bajos precios no tienen rival. Por eso se ha rodado también en este caso en Bulgaria.

Vivimos tiempos de cine hamburguesa. De comida rápida.

O cine támpax. De usar y tirar.

Aunque tiene su lógica: por su violencia exagerada, por su guión simplificado al extremo y por su escaso nivel en general, este Rambo: Last Blood es a la serie original de los 80 lo mismo que el spaghetti-western hispano de los 60 era al western original norteamericano: un pálido y torpe reflejo.

Escribe Mr. Kaplan

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