Aves de presa y la fantabulosa emancipación de Harley Quinn (2)

  16 Febrero 2020

La locura como reivindicación de la libertad

aves de presa-0Ya desde su mismo y acertadísimo título, la propuesta de Cathy Yan sería algo así como el equivalente fílmico a irse de juerga con los amigos. Y la noche de farra no podría resultar más divertida e irreverente.

Lo que más sorprende del filme es que un argumento exiguo se transforme en algo gamberramente feroz y alucinado gracias a la construcción de un guión que sabe engrandecer la trama y tornarla envenenada y constantemente bien pensada y elaborada.

Dicho de otro modo, consigue hacerse una carrera de vértigo a golpe de ingenio, chispas visuales y un planteamiento estético que casa a la perfección con la dimensión cómic del material de origen en el que se basa. Todo es un festín cuando nos adentramos en este mundo: un festín paroxístico, grotesco y terriblemente empoderado que se ríe de todo y de todos, y constituye toda una oda a los villanos, las mujeres y sobre todo a lo arrebatadoramente incorrecto. 

Ya conocíamos a Harley Quinn, una auténtica loca robaplanos que llamó la atención de propios y extraños en Suicide Squad (2016). En aquella, entre nombres afamados como Will Smith o Jared Leto, teníamos a una Margot Robbie que brillaba entre todos ellos y a la que sólo habíamos visto en El lobo de Wall Street (2013) tres años antes de meterse en la piel de tan suculento personaje.

Harley Quinn, o la novia del Joker, demostró que era un personaje que brillaba con luz propia y que rápidamente dejaba claro que precisaba de una cinta para ella solita dentro del universo de DC.

Todo apuntaba a que, de caer en buenas manos, el filme podría tener buen potencial para elevar el tono de las últimas películas producidas por este estudio. No es que las obras de DC sean terriblemente malas todas ellas sino que más bien tiene al universo Marvel como su némesis principal que, con su saga de Los Vengadores, ha ganado muchísimos enteros en los últimos años.

Harley sin novio

La acción arranca cuando Harley Quinn se encuentra sola, abandonada por su amadísimo Joker, y con pocas oportunidades de aspirar a una vida mejor. Ha perdido todo poder de hacer lo que le venga en gana sin repercusiones por temor a las represalias aplicadas por su ahora exnovio. Para colmo, Roman Sionis, un gánster sádico de Gotham, la quiere ver muerta, aunque acuerda con él que su vida le será perdonada si le consigue al tipo un diamante suyo que le ha sido sustraído por error.

Esta premisa resultaría de lo más simple, casi vulgar, si no fuera por la inclusión de personajes secundarios que resultan esenciales para el desarrollo de la propia trama. No es que ambos, Quinn y Sionis, sean los protagonistas absolutos sino que conoceremos a otros personajes que serán definitivos. Cada uno con su espacio propio, su definición perfecta, y un diseño clave que hace que estemos delante de una curiosa película coral.

El camino de Harley Quinn se cruzará con una niña ladrona que tiene que soportar las peleas constantes de sus padres, con el de una policía de dudosa metodología a la que retiran la licencia, con el de una joven encapuchada que usa una ballesta contra ciertos tipos de la ciudad y con el de una cantante que actúa para Roman con aptitudes ocultas (atención, por favor, a Jurnee Smollett-Bell, otra roblaplanos nata), lo que convierte el argumento en un auténtico torbellino de personajes, situaciones y vidas cruzadas que resulta refrescante, completamente viva y llena de buenas ideas.

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Harley en su mundo

Por supuesto, encontramos también en este tipo de vehículos cinematográficos unos elementos estándares que aquí también resultan de lujo: una fotografía basada en la estridencia del color, un vestuario de infarto, unas secuencias de acción bastante bien resueltas y una catarata de planos alucinógenos que ayudan a la definición de la obra. Porque la elección de Cathy Yan, realizadora china completamente desconocida para el gran público, al frente de una cinta para las masas ávidas de personajes de novela gráfica ha resultado todo un acierto.

Es una diversión extrañísima, inclasificable, que se lo toma todo a guasa, a sí misma sobre todo, lo que no deja de ser sorprendente y exasperante a partes iguales, aunque las carcajadas fluyan sin esfuerzo. Yan nos brinda todo este maremoto de colores, acción plastificada y una galería de personajes feroces —todos ellos con un punto de locura y perfidia inusuales en el fondo— que hace que nos queramos subir corriendo al carro de los villanos divertidos.

Por supuesto, el girl power hace acto de presencia en cada plano de esta peli de antihéroes liderada por mujeres exclusivamente. Ellas pueden con todo y destrozan todo lo que se les pone a tiro, y cuando unen fuerzas aún resultan mejores de lo que ya eran por separado.

Visualmente, está plagada de referencias musicales y cinematográficas concretadas en explosiones constantes de anarquía creativa. Y es que su potencial artístico va a la par con la coherencia narrativa, aunque aquí ésta se despliegue completamente dislocada en su metraje.

Aunque sabemos que su orientación a la taquilla queda patente en su autoconsciencia de su público objetivo, la clave de toda la cinta para que resulta así de fresca es su atinada locura. Desde el momento en que Quinn hace estallar la planta química hasta la lucha final en un parque de atracciones, pasando por el momento en que Quinn se cree Marilyn Monroe o Madonna.

La locura es el vehículo por el que se mueve la película y nosotros nos volvemos locos con ella, locos de risa.

Escribe Ferran Ramírez

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