Te quiero, imbécil (2)

  25 Enero 2020

El amor en tiempos del Tinder

te-quiero-imbecil-0Hay varios momentos durante la primera media hora de Te quiero, imbécil que me hicieron pensar que podríamos estar ante una comedia divertida y diferente dentro de la producción cinematográfica española. Hay que reconocer que la premisa de la película es divertida: Marcos, un chico al que le acaba de dejar la novia y que ha sido despedido del trabajo, está decidido a reinventarse y triunfar, pero no tiene ni idea de por dónde empezar. Busca ser un hombre del siglo XXI. Por eso acude al lugar donde todo se encuentra: Internet. 

Resulta francamente divertido ver las clases virtuales que un youtuber, interpretado por Ernesto Alterio, ofrece a todos aquellos que busquen ligar, ser más guapos o simplemente triunfar en la vida. Unos consejos que Quim Gutiérrez seguirá a rajatabla y con los que iremos viendo cómo fracasa y es rechazado por todo tipo de chicas. Sí, algo muy parecido a lo que Will Smith contaba en Hitch, especialista en ligues.

Pero no, no nos engañemos. Poco a poco todas las buenas ideas de la película van tornando en mediocridad y estupidez.

Una pena, ya que la cinta dirigida por la catalana Laura Maña (La vida empieza hoy, Clara Campoamor. La mujer olvidada) tenía suficientes elementos para lograr ser una comedia divertida. Por ejemplo, cuenta con un Quim Gutiérrez en estado de gracia, que se mueve muy bien en la comedia y el conflicto. Aunque claramente lo mejor de la película es el youtuber que da vida Ernesto Alterio, lleno de comicidad y divertida arrogancia. Un pequeño papel que finalmente se convierte en el punto más fuerte de la historia.

Es decir, Te quiero, imbécil parte de algunos puntos interesantes pero que finalmente quedan deslucidos por un pobre guion lleno de tópicos y lugares comunes. Las situaciones se repiten en exceso, hay pocas bromas logradas y la mayor parte de los personajes se mueven en escena sin saber muy bien cuáles son sus objetivos y motivaciones. En este sentido el romance entre los personajes interpretados por Quim Gutiérrez y Natalia Tena es tan poco creíble como al mismo tiempo previsible.

Laura Maña banaliza el sexo y las relaciones sentimentales para ofrecer el retrato de una sociedad moderna que ha superado todo tipo de complejos y problemas morales. Sin embargo, también retrata una juventud con tendencia a la depresión, sin valores y socialmente vacía.

El resultado final juega en ambos bandos, pero sin apostar por ninguno en concreto. Habría resultado interesante que la película se posicionara en una postura clara y ofreciera una moraleja o una salida real para sus personajes. «Para ser feliz debes guiarte por el corazón y quitarte las caretas sociales», sentencia uno de los personajes como moraleja final. Un mensaje que casi llega en el descuento y que no evita que estemos ante una propuesta excesivamente carca y anticuada.

Finalmente, Te quiero, imbécil es una comedia que no ofrece nada nuevo y que se mueve por el terreno fácil de la comedia romántica clásica. No hay trasgresión y las pocas bromas que funcionan no son suficientes para salvar la película de la mediocridad.

Escribe Vicente Ignacio Sánchez | Artículo publicado en Cine Nueva Tribuna 

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