Jumanji: Siguiente nivel (1)

  14 Enero 2020

Al final nos lo pasaremos

jumanji-siguiente-nivel-0Tercera partida. Algo que parece inevitable en un videojuego es repetir una y otra vez los mismos movimientos, si se comprueba que han funcionado, para seguir avanzando hasta la pantalla final y acabar la aventura.

Algo parecido deben haber pensado los responsables de Sony Pictures Entertainment y Columbia Pictures a la hora de componer la última aventura de la saga Jumanji, que tuvo su primera entrega hace ya 25 años, pero que se reeditó con un formato totalmente nuevo en 2015, cosechando un éxito notable en parte debido a la presencia de Dwayne Johnson y Jack Black y en parte a su original planteamiento, que supo aprovechar el salto generacional que iba de los espectadores acostumbrados a juegos de mesa a los usuarios de videoconsolas.

La idea de que una película con formato de videojuego pudiera atraer a hordas de gamers que disfrutan con entretenimientos más interactivos que la pura contemplación de una pantalla en una sala oscura, no sería mala del todo si en realidad hubiese algún tipo de correlación causal entre tales supuestos.

Cine es cine y videojuego es juego, así que sería aventurado afirmar que pueda darse una continuidad fluida entre formatos. Sin embargo, sí parece que los recurrentes guiños a la mecánica de las aventuras gráficas en las películas pudiera despertar simpatía entre los usuarios de las videoconsolas. De hecho, uno de los —escasos— encantos de la película de 2015 era el poder adivinar qué estaba pasando en pantalla al establecer una comparación con el funcionamiento de un videojuego: los puntos fuertes y débiles de cada personaje, la pérdida de vidas, la asunción de roles completamente distintos en la vida real y virtual, los bucles y los NPC (Non-Player Characters, personajes no jugables) podían llegar a constituirse en pequeños —muy pequeños— desafíos a la capacidad hermenéutica del espectador, si era capaz de adelantarse a una explicación que los guionistas tenían preparada para los menos hábiles.

Pero todo eso estuvo bien para una entrega. Repetir la idea y los movimientos en una película es la mejor manera de mostrar que el cine no funciona como una aventura interactiva: todo suena a ya visto. Hasta las supuestamente espectaculares luchas contra los avestruces o los monos resultan poco estimulantes. Esa es la conclusión que puede sacarse del visionado de Jumanji: Siguiente nivel.

Bien es cierto que los guionistas han procurado darle algún giro interesante con la atribución de roles distintos a los personajes, pero la sensación de rutina es creciente a medida que avanza el metraje. Tanto es así que incluso llegados a cierto punto, los autores parecen considerar que sería mejor dejarse de novedades y volver al formato anterior. Un movimiento innecesario, mediado por un recurso poco elegante, que diluye lo poco que había conseguido aportar esta nueva entrega.

Pero no nos engañemos: Jumanji funcionaría bien como entretenimiento si no fuera porque es una secuela casi clónica de su antecesora: hay mamporros y ocurrencias que dan brío a la acción. Hay una especie de deliciosa esquizofrenia en la idea de contemplar a Dwayne Johnson actuando como Danny De Vito —y viceversa— y a Kevin Hart como Danny Glover. Hay un interesante juego en la inquietante —y a veces graciosa— traslación de los roles del mundo virtual al mundo real, aunque la capacidad para explotar ese recurso parece haberle quedado grande a unos guionistas que prefieren moralizar sobre ello.

Pequeños detalles que, en fin, hacen que uno no tenga la sensación de haber tirado del todo el dinero, pero que señalan también que se ha puesto poco interés en dar un nuevo aire a un producto que ya empieza a oler a cerrado.

O quizás no, porque si lo recordamos, la acción de la primera Jumanji se trasladaba del juego a la vida real. Una escena postcréditos sugiere un retorno a esa idea. De la misma forma, se anticipa con ello una nueva entrega.

Pero la innegable vis cómica de Johnson, Black, Hart y Gillan no parece ser suficiente para sostener otro nuevo nivel si no cambiamos de escenario y motor gráfico. Esperemos que los desarrolladores entiendan que un espectador no puede jugar, y que por tanto demanda algo más interesante que la pura acción visual y algunos chistes ocasionales. Es hora de pasar de pantalla, matar al monstruo final del aburrimiento y cambiar de juego.      

Escribe Ángel Vallejo

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