INDIANA JONES Y EL REINO DE LA CALAVERA DE CRISTAL (2)

  25 Mayo 2008
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Título original: Indiana Jones and the Kingdom of the Crystal Skull
País, año: Estados Unidos, 2008
Dirección: Steven Spielberg
Producción: George Lucas
Guión: David Koepp, basado en un argumento de George Lucas
Fotografía: Janusz Kaminski
Música: John Williams
Montaje: Michael Kahn
Intérpretes:

Harrison Ford, Karen Allen, Cate Blanchett, Shia LaBeouf, Jim Broadbent,  Ray Winstone, John Hurt

Duración: 124 minutos
Distribuidora: Paramount
Estreno: 22 mayo 2008

Despedida agridulce
Escribe Juan Ramón Gabriel

El inicio de la serie de Indiana Jones en 1981, con En busca del arca perdida, supuso la revitalización del género de aventuras: la narratividad por sí misma volvía a ocupar un lugar de privilegio en las producciones de Hollywood, posición recuperada por las nuevas demandas de un público que quería divertirse y evadirse en las salas de cine.

indianajonescalavera1.jpgNo es casual que junto al cine de aventuras el de ciencia ficción satisficiera este nuevo apetito de acción y fantasía. De este modo, Steven Spielberg se convirtió en el director encargado de plasmar en la pantalla los sueños y los miedos de los espectadores.

Tiburón, Encuentros en la tercera fase, ET, Indiana Jones…han sido algunos de los títulos que cumplieron este cometido de restauración de lo narrativo más institucional.

Diecinueve años han debido transcurrir desde la última entrega de las aventuras de Indiana Jones, los que van desde que el hipocorístico “Indi” hasta el actual Henry Jones Junior o segundo; los que van desde la quema de libros en la Alemania nazi de 1938 hasta la realización de un ensayo nuclear en los Estados Unidos de 1957.

indianajonescalavera5.jpgFlaco favor para el desarrollo argumental  de la película  ha sido insertar en la ficción  el transcurso del tiempo real: el doctor Jones ha envejecido muy mal, y con él la frescura y agilidad de sus aventuras.

Los estragos del tiempo en el cuerpo del actor se traspasan a su personaje y a todo el filme, que se resiente de una falta de brío y de empuje físico, de una carencia de fuerza narrativa y de unidad estructural.

Toda la acción situada en los Estados Unidos demora innecesariamente el inicio de la búsqueda del objeto que da título a la película. Esta demora no se ve compensada  por el intento de profundizar en la psicología del personaje, mostrándonos a un Indiana crepuscular y casi derrotado.

indianajonescalavera3.jpgEn esta primera parte, el personaje renuncia a sus atributos característicos para convertirse en una especie de James Bond vapuleado y rechazado por no haber sabido estar a la altura de las circunstancias patrióticas y haber puesto en peligro la seguridad de su propio país. Que el enemigo del doctor Jones sea ahora un comando soviético capitaneado por una mujer experta en “mentalismo” dota de un anacronismo ideológico al filme que lo lastra por completo. ¿Qué aporta a la saga de los Indiana el subgénero de las películas de ciencia ficción de invasores extraterrestres de los años cincuenta, paranoicamente anticomunistas?

Obviamente es una consecuencia más del error de insertar el tiempo real trascurrido en el tiempo diegético.

indianajonescalavera2.jpgDe igual modo, la inclusión de un descendiente ignoto para el protagonista es una concesión para la nueva generación de espectadores nacida después de la tercera entrega de la serie. El punto de vista de este personaje joven, ignorante, atrevido y malencarado, a saber, prototipo de parte de la nueva juventud, pretende crear un contraste humorístico con el “abuelo” Indiana y será la perspectiva que adopte la historia. Su aparición revestido como un trasunto del Marlon Brando de Salvajes provoca cierta hilaridad.

A partir del cambio de escenario, cuando se abandonan los Estados Unidos y la acción se desarrolla en parajes exóticos, la película adquiere una continuidad y un ritmo más dinámico, debido a que se instala en una persecución constante y lo físico (los especialistas) se adueña del vacío existente.

Es en estos parajes inhóspitos donde Indiana se redimirá de los fracasos profesionales y vitales que arrastra consigo, redención  a través de la constitución de un núcleo familiar que dota al personaje de los roles de padre y marido.

indianajonescalavera6.jpgSi en las anteriores entregas el objeto que propiciaba la “búsqueda” (el arca de la alianza y el grial, respectivamente) añadía a su condición de reliquia arqueológica una trascendencia religiosa tamizada por el esoterismo, ahora deviene en un elemento de carácter extraterrestre, en consonancia con el referente de ciencia ficción al que se acoge el guión. La similitud de la “calavera de cristal” con la cabeza del monstruo “Alien” es indudable. La sabiduría profesional y vital del protagonista evitará que los personajes sean succionados por este ente “psicófago”: Indiana sabe dónde están los límites del conocimiento que no deben ser traspasados, a riesgo de enloquecer (como su compañero-mentor arqueólogo) o morir (como la villana antagonista o el falso amigo traidor).

Como autohomenaje personal hay que calificar la intertextualidad que el propio director se realiza a sí mismo a través de secuencias que remiten a ET y a Encuentros en la tercera fase.

En fin, nos encontramos ante el canto del cisne de Harrison Ford en cuanto a intérprete de Indiana Jones. No se merecía el actor ni los espectadores que un héroe tal, que ya ha pasado a la historia del cine, empañará su propio prestigio como icono en el olimpo de los aventureros. La serie de Indiana ha devenido un serial con esta cuarta entrega, una especie de episodio piloto que prepara el terreno para que su vástago tome el relevo.

Hubiese merecido una despedida mejor, pero la incapacidad de Spielberg para reírse de sí mismo a través de un tono paródico y distanciador, a la vez que respetuoso con la trayectoria del propio personaje, deja un sabor agridulce en este adiós.

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