La biblioteca de los libros rechazados (2)

  06 Enero 2020

Suspense literario y codicia

la-biblioteca-de-libros-0La película se centra en la investigación sobre la autoría de un manuscrito que ha sido descubierto en una biblioteca de libros que nadie quiso publicar. Se trata de una novela compleja, profunda y de notable calidad, que concierta la muerte de Aleksandr Pushkin con la historia de una ruptura romántica. Pero lo más impresionante del caso es que la tal obra está firmada por un pizzero difunto de nombre Henri Pick, al cual no se le conocieron en vida inquietudes literarias de ningún tipo.

Hay un subgénero, tanto en cine como en literatura, conocido como Whodunit, consistente en esbozar un delito y dar al espectador (lector) pistas diversas a ver si es capaz de adivinar al culpable. Esta cinta sigue este esquema, solo que aquí se trata de adivinar quién es el autor del manuscrito que ha alcanzado a ser novela de fama mundial.

Es una joven editora quien descubre la genial novela supuestamente escrita por el Sr. Pick. Su viuda afirma que su esposo nunca leyó un libro ni escribió nada. Pero la novela tiene un éxito inusitado, momento en el cual un afamado crítico literario, receloso y testarudo, se empeña en adivinar al verdadero autor de la obra.

Este film está correctamente dirigido por Rémi Bezançon, quien junto a Vanessa Portal escriben un guión light y simpático, adaptación de la novela Le Mistere Henri Pick, 2016, del escritor parisino David Foenkinos. Se trata de un libreto ligero que maniobra con la trama y los personajes sin estridencias, sin chirridos ni destemplanzas; sin sangre, como un precocinado listo para ser consumido.

Destaca en el reparto un acertado Fabrice Luchini en su papel de esnobista y obstinado intelectual y crítico literario, bien acompañado por actores y actrices como Camille Cottin, Alice Isaak o Bastien Bouillon. Bonita música de Laurent Perez Del Mar y estupenda fotografía de Antoine Monod. Buen montaje y hermosos paisajes de la Bretaña francesa.

Como suele ocurrir, el misterio se resolverá, si bien de una manera apresurada y artificial, aunque la película hace gala de cierto toque de distinción como la secuencia que se desarrolla en un reportaje televisivo en torno al fundador de la biblioteca en cuestión.

Como escribe Marín Bellón: «la cinta tiene su puntito pedante, otra peculiaridad del cine galo, que no teme asustar con contenidos elevados al público de un país “con más escritores que lectores”, aunque en eso España se parezca algo más».

El caso es que en Francia la cinta ha tenido un éxito notable. Una comicidad socarrona de parte de los protagonistas de la historia, unida a una trama ligera y a una intriga muy digestiva, hace que el film funcione, aunque sin tirar cohetes al aire. Además sirve la obra para potenciar las bibliotecas y lugares de lectura, algo que parece estar decayendo de forma notable en los últimos tiempos.

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La película habla también de la ambición, pues la fantástica historia del pizzero Henri Pick tiene más que ver con lo que se necesita para hacer un best-seller que con la literatura misma. En Francia, como en España u otros lugares de nuestro entorno, una forma segura de éxito conlleva ser promocionado por críticos despiadados como Jean-Michel Rouche, quien escribía para Le Figaro y que en una entrevista televisiva muestra que puede hacer o deshacer la carrera de un autor: el poder del crítico.

Sin ser nada excepcional, la película posee ingredientes meritorios dignos de agradecer; ingredientes que sientan bien, son digestivos y, además, dejan buen sabor de boca. Estamos ante un film de evasión, un entretenimiento que nos aleja de la cacharrería y la vulgaridad rampante en las pantallas de hoy día. Se aparta de lo evidente y de vulgar. Y así y todo creo que tiene un buen resultado entre un público mayoritario, pues la trama tiene detalles agradables y aleccionadores. No se hace aburrida, es fresca y aunque podría haber dado más de sí, lo que ofrece ya es de agradecer.

Concluyendo, la película merece desde mi manera de ver una valoración positiva, que conduce al espectador por una urdimbre de indagaciones y descubrimientos que no alcanzan, empero, un clímax realmente absorbente. O sea, que el pretendido misterio no acaba de cuajar como sería de desear.

No obstante, aporta a este semisuspense un cierto sentido del humor burlón y sobre todo una evidente crítica a la avidez y la vanidad de editores, escritores y críticos literarios, muy interesante. De ello resulta un producto agradable, con una intriga bien dosificada que resultará, al menos para los amantes a la literatura y la lectura, un producto fresco y digestivo.

Escribe Enrique Fernández Lópiz

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