Fortuna (3)

  05 Enero 2020

¿Pawlikowski?

fortuna-0En estos últimos años, la elaboración de cintas en blanco y negro en el panorama cinematográfico europeo está siendo una tendencia venida a más. Títulos encomiables como Ida y Cold War, dirigidas por el maestro polaco Pawel Pawlikowski; 1945, ese filme controvertido dirigido por el húngaro Ferenc Török, o la gran Leto, participante en  majestuoso festival de Cannes y dirigido por Kirill Serebrennikov, son unas de las tantas películas que han pasado por nuestra cartelera en estos años recientes.

También, si cruzamos el charco, el año pasado se estrenó una de las cintas más sobrevaloradas del cine contemporáneo: Roma, con la que Cuarón consiguió atrapar el corazón del público cinéfilo (aunque quien escribe estas líneas no pudo ver en ella otra cosa que una telenovela bien construida). Ahora, al comienzo de 2020, llega a nuestras pantallas la delicada y pausada obra suiza dirigida por el cineasta novel Germinal Roaux: Fortuna.

Es imposible no comparar el título en cuestión con Ida o Cold War, no sólo porque esté rodada en blanco y negro, sino por la utilización del formato 4:3, uno de los sellos característicos del maestro nacido en Varsovia. Ahora bien, muchos caerán en el afán comparativo y equitativo entre el suizo y el polaco… y eso es un error que no hay que cometer.

Dejemos reposar a Roaux con su primer largometraje, que no alcanza ni por asomo el nivel majestuoso de Pawel, pero que tiene dotes más que de sobra para algún día asemejarse a Don Pawlikowski.

Esta obra es meticulosa, cuidada y equilibrada, perceptible en la belleza intrínseca de cada fotograma, pero que por momentos tiende a la más burda latosidad. Y es que las duraderas secuencias carentes de interés y la pausa tomada por el director hacen de Fortuna un cachazudo conjunto, latente de un ritmo tardo y manso.

Sin embargo, la hermosa fotografía y la meticulosidad palpada en el ambiente monasterial de este filme son propios de que algo grande se está germinando en el séptimo arte. Sólo el tiempo dictaminará si estamos ante un promisorio cineasta o si tan sólo es un ademán puntual.

Los personajes vistos en el largometraje son veraces y tiernos, consiguen con una única mirada penetrar y petrificar de una manera desgarradora y empática al circunstante espectador.

No obstante, a medida que va transcurriendo el film, llega un punto en que la trama resulta  intrascendente, por lo que el respetable desconectará con facilidad de lo que sus retinas estén percibiendo, siendo la excepcional fotografía la única excusa para continuar la historia narrada.

En conclusión, para el que escribe estas líneas, Fortuna es una obra destinada para el cinéfilo más vanguardista, no alcanzando el nivel de las influencias que se perciben en  este conjunto. Aun así estamos ante un ejercicio visualmente magistral.

Escribe Daniel Bernal Artículo publicado en Cine Nueva Tribuna

fortuna-1