Cats (1)

  30 Diciembre 2019

La contradicción del gato

cats-0Cats llega tarde. Llega veinte años tarde. Por no hablar del hecho de que es un musical que, aunque estuvo más o menos dos décadas representándose en Broadway y en el West-End londinense desde su estreno en 1981, el público del resto del planeta lo desconoce en su inmensa mayoría. Para colmo, los tiempos han jugado en su contra.

Ha sido Tom Hooper quien se ha decidido a llevarlo a la gran pantalla, un director que ha coqueteado con varios géneros y que tenía ganas de lograr el no va más. ¿Recuerdan El discurso del rey (2010), Los miserables (2012) o La chica danesa (2015)? Pues eso.

Su destino no ha podido ser más torturado. Debía ser el taquillazo musical de estas Navidades y se ha convertido en la película de la que todo el mundo habla, para mal, de este 2019 cinematográfico que ya se ha cerrado. Las críticas han sido inmisericordes desde antes de su estreno mundial y su camino incipiente en las taquillas auguran que será uno de aquellos descalabros que aparecen más tarde en las crónicas de la historia del cine.

Por si todo esto fuera poco, Tom Hooper aparentemente ha ordenado que se envíe una segunda copia «terminada» a los cines para que sustituyan esta primera versión por considerar que la calidad y los efectos visuales finales no estaban a la altura de lo que él había concebido. Por lo que de esto se deduce que la primera versión enviada para su estreno no contaba con los estándares estéticos que se habían planeado en su producción. Lo nunca visto.

Ahora, quien esto firma no sabe si ha visto esa primera versión supuestamente cocinada a medias o si ha visto la versión aparentemente final de una cinta cuyos planteamientos artísticos han sido contradictorios desde un primer momento. Lo que por supuesto juega en su contra para los gustos generalistas, pero también de ello pueden extraerse sus virtudes, aunque muchos se empeñen en negarlo.

La misión para su realizador estaba más que clara: repetir los principios que tan bien le funcionaron en otro musical extraído de las tablas. En Los Miserables teníamos un reparto excelso, una puesta en escena sobrecogedora que reforzaba la calidad de su drama y un material de base literaria que ya de por sí mismo valía su peso en oro. Además, su estreno en época navideña le auguraba un buen recorrido en los box-office oficiales.

Pero aquí se la ha jugado, huyendo de la megalomanía propia de aquella y optando por filmar una anomalía absolutamente irracional. ¿Eso es malo? Según se mire.

La condición del gato

Un gato puede ser arisco o afectuoso. O te acoge en su seno o te puede echar a patadas de su lado. Es la contradicción del gato. A Cats le sucede lo mismo, te aleja y te envuelve a partes iguales.

Se podría redactar un larguísimo ensayo sobre las decisiones artísticas extrañísimas que acumula la película. Para empezar, los gatos antropomorfos no lucen como tales. Más bien son machos y hembras recubiertos con mallas de pelo con manos y pies  propios de la anatomía humana, que andan y brincan y practican diferentes estilos de baile, a la par que no maúllan sino gruñen.

Llevan joyas, colgantes opulentos. Algunos lucen abdominales, otras unos buenos pechos e ingles, unos van vestidos, otros desnudos, y todos ellos parecen un grupo de vagabundos londinenses cubiertos en harapos cuando procede, acentuando ese carácter surrealista y bizarro del que hace gala toda la propuesta.

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Las proporciones están deliberadamente enrarecidas. Tan pronto parece que anden por las calles como si fueran personas, como de repente sus tamaños se empequeñecen según el escenario. Algo así como si estos gatos estuvieran constantemente menguando en algún universo alternativo más cercano al País de las Maravillas. También sus rostros incrustados en sus respectivos disfraces provocan distracción en el respetable.

La acción está excesivamente teatralizada en todo momento. Tanto, que parece que Hooper busque el efecto contrario, es decir, la ausencia de acción. La cámara filma desde el primer plano fijo, como si hubiera una voluntad de hacer de la fantasía algo serio y distante. Además, la definición de espacios es absolutamente difusa, haciendo que el conjunto adquiera un tono surrealista.

Mientras que el número musical de Mr. Mistoffelees resulta ser toda una delicia, el momento dedicado a Jennyanydots es grosero y hasta repugnante y el que protagoniza Ian McKellen/Asparagus parece un monólogo de comedia barata de un borracho en un pub de mala muerte. Y para rematar la jugada, el célebre Memory que canta Grizabella resulta diferente, patético y mucho más crudo, aunque no por ello le reste méritos a la secuencia.

Y luego está la propia condición de la historia y del musical original. Cats es una concatenación de «solos» gatunos que sucede durante el transcurso de una noche. Para cuando llegue el amanecer se escogerá al gato que accederá a un nuevo renacimiento. Dicho de otro modo, es un cúmulo de retratos fugaces sin una narrativa concreta ni un argumento definido, ni transiciones entre secuencias, que ya provocó en su día una división de opiniones como las que generará esta adaptación.

En definitiva, es como si Tom Hooper hubiera querido reinventar Cats en lo visual aunque haya optado por respetar al máximo su texto y su libreto de origen en lo musical. Lo que ha hecho es rodar una especie de espectáculo/sueño/pesadilla delirante, muy kitsch, muy queer, muy sexualizado y muy suyo. Tanto, que uno no sabe muy bien lo que ha visto ni lo que debe pensar cuando sale de la proyección.

La mescolanza de estilos, caracterizaciones, números musicales, escenarios y planteamientos estéticos es enloquecedora.

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El año del gato

Porque Cats, y ahora viene lo bueno, se debe ver con una mente completamente abierta a la experimentación. Sólo así puede ser disfrutable. Muchos han dicho de ella que es una ofensa para los sentidos. Quien se aventure a contemplarla con la aceptación onírica que esta enorme extravaganza propone, encontrará un extraño placer dentro de su propia locura.

Y es que, como ya hemos dicho, se basa en la contraposición de opuestos y, aunque resulte alternativamente placentera e imperfecta, obedece a unas leyes más propias del terreno de lo infantil, de lo macabro e incluso de lo dadaísta cuyo objetivo último parece querer desafiar a las artes conjugadas. Desafía el ballet, desafía el musical clásico, desafía a sus actores, desafía las coreografías y desafía la lógica a la hora de rodar una cinta de estudio hollywoodiense.

En este sentido, Hooper ha sido listo y ha rodado con una puesta en escena ilusionista, unas ideas envenenadas y una imaginación desbordada que propone que el rigor y el mal chiste se cojan de la mano y que exige a quien la vea liberarse de lo verosímil. Y ha unido a este plantel de actores provenientes de mundos absolutamente diferentes para, si cabe, reforzar esa idea de colisión entre mundos festivos.

Para empezar, dos ases atemporales: Judi Dench e Ian McKellen, que resultan caricaturas de sí mismos. Para continuar, dos estrellas del pop adolescente: Taylor Swift y Jason Derulo, entendemos que para atraer también a un público más joven. Para terminar, y ya era hora de que alguien lo dijera: dos figuras provenientes del mundo de la danza que resultan imprescindibles en este abigarrado desfile de personalidades gatunas. Préstenle atención a un desconocido aunque muy carismático Robbie Fairchild y a la estrella absoluta de la función que, con su mirada de infinita ternura conquista una y mil veces a la cámara, Francesca Hayward. Amén de un espléndido Idris Elba en su papel de villano mágico.

Cats es puro trampantojo. Será vilipendiada, retirada como ha sucedido hacia su carrera a los Oscar, duramente criticada y todo un fracaso en la taquilla internacional. Pero quizás es que, aunque ciertamente no es buena, ha sido tristemente malentendida.

No es la peor película del año como afirman, y quizás en un futuro más justo acabe siendo una de esas cult movies de medianoche para pasar un buen rato. Lo cierto es que llega veinte años tarde, y también veinte años antes. Porque sus planteamientos y resoluciones estéticas no están hechas para nuestra forma de ver cine hoy.

Y esta es la última de las contradicciones que encierra esta extraña película.

Escribe Ferran Ramírez


Más información sobre Tom Hooper:
La chica danesa
Los miserables
El discurso del rey
The Damned United   

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