Venganza bajo cero (2)

  26 Diciembre 2019

Un Neeson imponente que mantiene el film

venganza-bajo-cero-0Remake del thriller noruego Uno tras otro (2014), del director Hans Petter Moland, que se hace cargo ahora con profesionalidad e inteligencia, de esta entrega estadounidense, casi plano a plano de la primera.

En la historia Nels Coxmann es un hombre taciturno, esposo y padre, que trabaja de quitanieves en una estación de esquí. Al poco de ser nombrado Ciudadano del Año en Kehoe, Colorado, su hijo muere supuestamente por sobredosis. Pero Nels no lo cree y descubre que ha sido asesinado por una banda de narcotraficantes. En este punto deja su trabajo y se convierte en un justiciero acompañado de su maquinaria pesada.

Con un guión aceptable y fluido de Frank Baldwin, esta cinta es lo que es: acción, venganza, disparos y la máquina poderosa quitanieves jugando su papel destructor en la historia. Tiene además, un humor ingenioso y astuto en dosis adecuadas, tal el caso de los bodycount, típico de la comedia negra, que va presentando los crucifijos con los nombres en fondo negro de los «malvados» que Neeson va liquidando; igualmente la comicidad del jefe indio entusiasmado por la maquinaria de Neeson; o los gags del niño, hijo del mafioso, etc. Son recursos para dulcificar una matanza en toda regla que, empero, no resulta en exceso desagradable.

Moland se centra mucho en el ritmo trepidante de la narración y el excelente trabajo de montaje. Pero se olvida un tanto de los encuadres y los contenidos del plano, a la vez que los aspectos estéticos quedan sencillamente esbozados, pero la tensión de las secuencias es mayúscula. 

El director hace uso de los tópicos del thriller de venganza, lo que deviene especie de parodia del género, por el sarcasmo y el humor «negro» con que los acompaña. Además, Moland, como apunta Miguel Ángel Palomo: «Lo bueno de Venganza bajo cero es que no engaña a nadie. Aunque en su ánimo está presente la apuesta por lo trepidante, pero con cierta contención, no se olvida de proteger a sus personajes para que no resulten de una pieza y, además, incluye estimulantes rastros de humor».

El reparto es sobre todo un Liam Neeson enorme que ha encontrado acomodo en los últimos años en el género de acción y lo hace con absoluta credibilidad, a pesar de sus sesenta y siete años, lo cual no le impide atizarle fuerte a los más jovenzuelos de la función. El resto de personajes es irregular, destacando Emmy Rossum y John Doman, que interpretan a los policías locales de manera simpática y convincente. Los protagonistas indios tienen también su impacto en la pantalla. Sin olvidar al cínico y asqueroso villano que interpreta Tom Bateman de manera exagerada y kitsch.

Buena y acorde música al film de George Fenton; y una esplendente fotografía de Philip Øgaard. Y recursos técnicos buenos.

He oído a alguien que esta cinta es entretenida pero poco original, ya que parece una secuela de la saga Venganza, donde claro, sin duda es Liam Neeson el puntal principal y quien se luce. Pero no creo equivocarme si digo que no es así. Esta película es inteligente como para ofrecer, como escribe Jesús Palacios: «Un humor negro y frío, ingenioso, astuto y bien dosificado, en la vena nórdica de Kaurismäki, pero sin exagerar la nota, y recogiendo el testigo del neonoir cómplice, agudo y a veces hasta cruel de la mejor época de Tarantino, los Coen, Guy Ritchie y su cine de gánsteres autoirónico y referencial». Pues sí, se puede decir que todo eso ofrece la peli y que además, lo hace de manera fresca y con una vena que bordea un surrealismo fantástico, que inevitablemente la hace simpática. 

En suma, película «gran menú» que ofrece un poco de todo: violencia, drama psicológico, intriga, humor, excelente interpretación de un Neeson en plenitud e incluso incorrección política.

Escribe Enrique Fernández Lópiz

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