Le Mans’66 (Contra lo imposible) (3)

  21 Diciembre 2019

La rivalidad USA-Ford versus Italia-Ferrari

le-mans-66-1Película técnicamente impecable dirigida meritoriamente por James Mangold. Un auténtico drama deportivo teñido de épica y engrandecido por escenas de carreras de coches. También con subtramas paralelas de unos personajes obsesivamente entregados a los motores y al diseño de las mejores carrocerías de autos.

Ingenieros, mecánicos, pilotos y proyectistas norteamericanos liderados por el visionario Carroll Shelby (Damon) y su amigo el piloto británico Ken Miles (Bale). Bajo el patrocinio de Henry Ford II la misión de este equipo es construir un coche partiendo de cero, para destronar el dominio Ferrari en el Campeonato del Mundo de Le Mans en 1966. Es una carrera que dura 24 horas en la que juega tanto la mecánica como la pericia del conductor.

Estamos en 1963 y el gigante Ford está en decadencia con una notoria caída de las ventas. El heredero del imperio es Henry Ford, un hombre grueso de recio carácter que decide recurrir a nuevas estrategias para relanzar la firma. La ocurrencia principal será llevar la marca Ford a territorios inexplorados e introducir cambios de cara a un mercado más juvenil y dinámico. Ese territorio es Europa y la marca a batir es la icónica Scudería Ferrari.

Esta historia, basada en hechos reales, nos presenta a un grupo de personas pretenciosas y subidas de ego. Tanto que lo que habría sido una opción de colaboración Ford-Ferrari, deviene rivalidad que no tendrá reparo en llevar las cosas al límite de la deportividad y el reglamento. Fue cuando en Le Mans, año 1966, Ford y Ferrari se enfrentaron en una carrera épica por el liderato mundial. Era una época legendaria del mundo de la velocidad. Los coches y el carácter indómito de los pilotos eran motivo de orgullo nacional y la gente escuchaba las carreras por la radio con enorme interés.

Por lo tanto es en gran medida una obra sobre la relación en aquellos tiempos entre el deporte y la idiosincrasia de países y marcas como EE.UU.-Ford versus Italia-Ferrari; formas diferentes de enfocar la vida y la industria del automóvil, a la vez que exponente de competitividad. El deporte como acontecimiento social y político. Y sobresaliendo a mayor gloria USA, el estilo de vida americano, el capitalismo rampante, las ambiciones y el triunfo como meta; la capacidad de gestión y decisión, teñido todo de patriotismo, de cultura mercantil y del esfuerzo made in EE.UU.; ello con sus virtudes y sus deficiencias.

Tiene la película un buen guion que en ocasiones se escribe con diálogos espirituales, cuasi místicos, sobre los sublimes efectos de conducir un bólido a siete mil revoluciones por minuto; ese es el punto en el cual se siente la ingravidez sobre un carro que quisiera volar. Excesivo, quizás efectista, tal vez se puede perdonar.

La puesta en escena es magnífica, planos y contrapicados, carreras rodadas con frenesí a pie de asfalto, ritmo en ocasiones vertiginoso, montaje vibrante. Ello hace que el producto Mangold no caiga en los tópicos de la industria hollywoodiense más tradicional y manida. Se puede oler un cine más artesanal, con talante personal, distinguido y clásico.

El resultado es una cinta deportiva que se emparenta bien con otros clásicos del automovilismo de aquellos años sesenta tipo Grand Prix (1966) de John Frankenheimer, y la carismática Las 24 horas de Le Mans (1971) de Lee H. Katzin; e incluso con esa cinta tan interesante y reciente, Rush (2013), de Ron Howard. Obra articulada en secuencias de acción, al fin y al cabo, eso son las carreras, pero que no olvida momentos familiares y empresariales, de progreso en lo personal y superación deportiva, y de forcejeo con las altas instancias del poder.

Igualmente el film tiene una excelencia el apartado audiovisual: gran fotografía de Phedon Papamichael y tratamiento musical muy interesante de Marco Beltrami. En lo que atañe al reparto destaca un sobrio pero bien plantado Matt Damon que llena pantalla con su pinta de tejano sensato y cerebral; y un Christian Bale en plan británico que sobreactúa como mecánico y piloto díscolo e incontrolable, aunque a veces esos gestos hipervoltados resulten para bien en muchas escenas límite o trepidantes. Acompañando otros actores y actrices de los buenos, como Jon Bernthal, Caitriona Balfe, Noah Jupe, Josh Lucas o Tracy Letts.

Es una película convencional y previsible. Además, la historia real que relata fue en su momento muy relevante en el mundo del automovilismo, pues los dos protagonistas reales —Carroll Shelby y Ken Miles— consiguieron en muy poco tiempo unos avances impensables para este deporte de las cuatro ruedas. Una historia real y cimera, aunque el film no acierta a reflejar bien esta proeza, resultando en ese sentido decepcionante. Por lo demás, película aconsejable, sobre todo para los aficionados a las carreras de coches.

Escribe Enrique Fernández Lópiz | Artículo publicado por The Journalist

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