EL CIELO DIVIDIDO (2)

  26 Mayo 2008
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Título original: El cielo dividido
País, año: México, 2006
Dirección: Julián Hernández
Producción: Centro Universitario de Estudios Cinematográficos
Guión: Julián Hernández
Fotografía: Alejandro Cantú
Música: Arturo Villela
Montaje: Emiliano Arenales Osorio
Intérpretes:

Miguel Ángel Hoppe, Fernando Arroyo, Alejandro Rojo, Ignacio Pereda, Klaudia Aragon, Clarissa Rendón, Pilar Ruiz

Duración: 140 minutos
Distribuidora:
Estreno: 16 mayo 2008

Un amor sin palabras
Escribe Eva Cortés

El último largometraje de Julián Hernández, El cielo dividido, es un claro ejemplo de propuesta formalmente hermosa a falta de una buena historia.

elculodividido1.jpgEl primer amor de Jonás y Gerardo, dos jóvenes mexicanos, no tiene nada de extraordinario, una serie de encuentros felices, el paso a la convivencia, los problemas y la ruptura; como una relación normal.

Su amor primerizo, como en  la vida real, es tan pasional que sobran las palabras; con una mirada, con un gesto, con su manera de andar, uno ya sabe lo que piensa el otro: en una sola palabra, complicidad. Esta complicidad que no todas las parejas logran encontrar, es el punto clave del argumento. Para resaltarla, Hernández no usa diálogos, sino que la historia está contada como un relato con narrador omnisciente en tercera persona, con voz en off.

elculodividido5.jpgA pesar de la ausencia de diálogo, el espectador comprende toda la historia, pero no tanto por las interpretaciones de ambos actores, Miguel Ángel Hoppe (Gerardo) y Fernando Arroyo (Jonás), muy inexpresivos, sino por el resto de recursos que la acompañan.

El guión tampoco hace hincapié en perfilar a los personajes. No conocemos prácticamente nada de su pasado, de su personalidad, incluso podemos confundir sus nombres en algún momento. Pero no es lo importante. Lo que Julián nos ha querido contar es un sentimiento, el amor. Para transmitir un sentimiento tan humano, tan propio de las personas, tan natural, es mejor buscar una forma sencilla. Por eso, el director no se ha preocupado tanto de la acción ni de los personajes como de la forma.

Para que la relación entre ellos se sienta desde fuera y sea la verdadera protagonista del filme, además de contar la historia en tercera persona, la cámara, en la mayoría de los casos, se sitúa como si fuera el ojo de un observador ajeno a la situación, para tan sólo alguna vez, ponerse en el punto de vista de uno de ellos.  De esta manera también obliga al espectador a ver todo desde una panorámica general y no tan subjetiva. De enormes panorámicas precisamente rebosa la película, quedando así ambos personajes como el centro del inmenso mundo que les aborda.

elculodividido2.jpgAl cuidadoso empleo de los planos y movimientos de cámara, Julián suma una fotografía muy pensada, donde ningún encuadre es por casualidad. Pero si hay que destacar un elemento, ése es la música. La importancia de las canciones es clara. Una banda sonora escogida con precisión y mimo que acompaña la historia y los sentimientos de los personajes, desvelándonos en muchos casos lo que ellos no nos muestran; en definitiva, reforzando la ausencia de palabras. Y además, cada personaje va asociado a un estilo de melodía: electrónica para Jonás y pop para Gerardo.

Sin embargo, tras todos estos cuidados encuentro una incoherencia. No entiendo cómo bajo un estilo con pretensiones poéticas, que se distinguen claramente al incluir mensajes bañados en luz intensa, cegadora entre escena y escena, lo que va entre ellas son una ristra larga de escenas puramente sexuales que no sensuales, que elculodividido3.jpgen mi opinión, habrían dado un matiz mucho más bello al conjunto de la película. Sobre todo el principio puede incluso resultar un tanto desagradable para los menos desinhibidos. Y no se trata de que sea un amor homosexual, sino de un mal acierto por pasarse en natural y explícito.

A pesar de esto, el objetivo es bueno: la lucha porque el amor homosexual esté en igualdad al heterosexual, algo que por desgracia hoy sigue siendo una utopía en muchos países y para muchas personas.

Así que, si conseguimos no dormirnos en un ambiente tan silencioso y concentrarnos en la complicidad de la relación entre los personajes, más que en sus cuerpos, valoraremos el trabajo de Julián Hernández; eso sí, advierto que, a pesar de su excesiva duración, ¡más de dos horas!, cuando contemos el argumento a un amigo, no nos llevará ni medio minuto.

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