Legado en los huesos (2)

  08 Diciembre 2019

In crescendo

legado-en-los-huesos-1Legado en los huesos (2019) es la segunda adaptación cinematográfica de la famosa trilogía del Baztán, escrita por Dolores Redondo. La primera fue El guardián invisible (2017) y la tercera será Ofrenda a la tormenta, cuyo estreno está previsto para abril de 2020. Todas firmadas por el director navarro Fernando González Molina.

Tres historias de género negro, mezcla de thriller criminal con drama familiar, sin descartar el elemento fantástico, cuyo epicentro son los pueblos del valle del Baztán que tienen como  protagonista a la inspectora de homicidios de la Policía Foral de Navarra, Amaia Salazar (Marta Etura).

En esta entrega, imbricada con la investigación policial, Amaia continua su angustioso viaje al interior de sí misma, a la búsqueda de su esencia como mujer y en esta ocasión también como madre, ligada a la oscura intrahistoria de un pasado familiar que la atormenta y al sustrato de lo ritual-mágico-religioso que anida en el subconsciente colectivo de su comunidad.

La literatura de Dolores Redondo se ha convertido en los últimos seis años en todo un fenómeno editorial y con la adaptación al cine de la primera entrega de la saga, también cinematográfico, porque a partir del éxito en taquilla de El guardián invisible,  que recaudó más de tres millones y medio de euros, ha conseguido vender los derechos de todas las novelas escritas después. Incluidos los de la obra premiada con el Planeta 2016, Todo esto te daré, cuyo estreno está previsto para 2021, y los de la precuela de esta trilogía, titulada La cara norte del corazón que acaba de publicarse en octubre.

El estilo literario de la escritora donostiarra es profundamente cinematográfico. Ella no lo niega, incluso le encanta. Le gusta el cine y se inspira en él, sobre todo en el thriller americano más que en el español, al que considera algo más sórdido. Cree que literatura y cine se complementan y que si el director está comprometido con la historia, y además le apasiona, como es el caso, la adaptación funciona siempre.

O no. No hay que olvidar que el director es un lector más de la novela y que lo que filma es su propia visión de la historia, que puede coincidir, o no, con la de otros lectores-espectadores.

Aunque según confiesa González Molina —en una entrevista concedida a nuestro compañero Luis Tormo, con motivo del estreno de la película— lo importante es ser fiel al lector que uno es y no defraudarse a sí mismo. Desde esa perspectiva ha concebido el director la trilogía, a partir de la esencia de las novelas que conecta directamente con él. Por eso no es extraño que quien no las haya leído se pierda un poco por sus vericuetos.

En Legado en los huesos. la inspectora Salazar ha ascendido a jefa de homicidios por la resolución del caso del basajaun y se encuentra en su noveno mes de embarazo. Una elipsis de tranquilidad que se rompe cuando varios acusados de asesinato, con un modus operandi similar, se suicidan dejando un enigmático mensaje para ella: Tarttalo. La trama policial se completa con una serie de extrañas profanaciones religiosas en una iglesia del valle. La investigación de ambos casos se imbrica con su oscuro pasado familiar y la amenaza constante que representa para ella la presencia de su propia madre.

Cuando vi El guardián invisible ya había leído el libro y mi percepción de la película, entonces, fue bastante negativa, por eso, ahora he preferido invertir los términos y el resultado ha sido muy diferente, a mejor. Y no exclusivamente por esta circunstancia. Lo que entonces me pareció un error de adaptación ahora me ha parecido un acierto de dirección.

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Es fácil percibir las mejoras que González Molina ha conseguido respecto a su película anterior. La principal, ocultar la debilidad argumental de la historia original y su correoso desarrollo narrativo, haciendo una versión más dinámica e inquietante, con recursos de cineasta experto como agilizar el ritmo, modular la tensión dramática y decantar el equilibrio entre texto e imagen, más hacia el elemento visual que literario. Un error de muchas adaptaciones, que abusan de la palabra.

Por eso, en esta ocasión, el guión, de nuevo a cargo, de Luis Berdejo, mantiene la fidelidad al texto original, con ciertas renuncias obligadas, evitando la excesiva literalidad de los diálogos que lastraba la naturalidad interpretativa en la primera entrega. Como consecuencia, el equipo artístico parece ahora más cómodo en sus personajes. Muy convincentes todos, salvo alguna excepción, tanto los anteriores (Susi Sánchez, Elvira Mínguez, Paco Tous… e incluso Marta Etura está mejor aquí) como las muy acertadas incorporaciones de Imanol Arias (padre Sarasola), Leonardo Sbaraglia (juez Markina) o Ana Wagener (Fina Hidalgo).

La significativa ambientación (la lluvia incesante, los juegos cromáticos, la iluminación), potenciada por el paisaje autóctono de la zona como un personaje más de la historia, es otro de los elementos fuertes de la película. Una apuesta por la acción, por la espectacularidad, con imágenes visualmente impactantes (como la inundación de Elizondo), frente a la introspección, sin desdeñar la latencia de lo íntimo (escenas de la protagonista con su hijo), lo mágico-sobrenatural y lo religioso.

En resumen, una realización pulcra, hábil, eficaz y meticulosa que consigue entretener y mantener el interés del espectador en todo momento. Un mérito de su director que sin tergiversar la historia y a falta de aliados invisibles, ha sabido reivindicarse.

Escribe Leo Guzmán


Más información sobre la trilogía del Baztán:
El guardián invisible 
Entrevistamos a Fernando González Molina, director de Legado en los huesos

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