REBOBINE, POR FAVOR (4)

  23 Mayo 2008
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Título original: Be kind rewind
País, año: Estados Unidos, 2008
Dirección: Michel Gondry
Producción: New Line Cinema
Guión: Michel Gondry
Fotografía: Ellen Kuras
Música: Jean-Michel Bernard
Montaje: Jeff Buchanan
Intérpretes:

Jack Black, Mos Def, Danny Glover, Mia Farrow, Melonie Diaz, Irv Gooch, Chandler Parker, Arjay Smith

Duración: 101 minutos
Distribuidora: Universal
Estreno: 11 abril 2008

Y a Michel Gondry se le ocurrió hacer cine...
Escribe Víctor Rivas

Es una idea común, difundida hasta la saciedad en las secciones de cine de los distintos diarios españoles, que el videoclip ha llegado para aniquilar, desmontar, pervertir, infantilizar y transformar el añorado cine clásico (1). Que un personaje como Michel Gondry pretenda hacer cine, cuando él ha nacido como supuesto artista en el mundo defenestrado del videoclip, es una osadía imperdonable.

rebobineporfavor1.jpgPues bien, a estas alturas uno puede decir tranquilo que el cine no contiene esa pureza que se le asocia cuando hablamos de cine clásico, y que incluso los directores santificados por la cinefilia fueron fervientes creadores de series de televisión como ocurre, por ejemplo, con San Alfred Hitchcock (2).

El problema es de concepto, y en estas sucintas líneas es imposible abordar toda la complejidad que requiere el preguntarse de qué se habla cuando se habla de cine. Nuestro interés se centrará en analizar, de forma bastante somera, el estilo de Gondry a raíz del estreno de su última película Rebobine, por favor (Be kind rewind, 2008).

Aludir a la formación de Gondry supone recordar sus éxitos en el terreno del videoclip y la publicidad. Pero, a menudo, estos éxitos no han sido relacionados con su posterior carrera cinematográfica, cuya cima fue, para la mayoría de la crítica y el público, Olvídate de mí (Eternal sunshine of the spotless mind, 2004), un film cuya originalidad no sólo residía en un guión de portentosa imaginación, sino en la plasticidad de unas imágenes que recordaban a las narraciones de sus videoclips. Es precisamente esta faceta la que ha convertido el trabajo de Gondry en algo a tener en cuenta dentro del panorama del mal llamado cine independiente actual.

rebobineporfavor2.jpgEl estilo de Michel Gondry proviene de una infinita habilidad para hilvanar imágenes provenientes de cierto sentido de la fantasía, creando un universo paralelo al real que funciona como complementario, muchas veces como un auxilio de una realidad gris. La creación de este mundo ficticio, donde el poder del sueño y la voluntad de cambiar juegan un papel fundamental, hace de sus películas pequeños tratados utópicos, irrealidades donde se busca cierto escapismo infantil, muy propio de cierta estética pop actual.

Los videoclips de Michel Gondry juegan con imágenes de muñecos, con nubes y creaciones de cartón, propias de las manualidades infantiles. Sus mundos contienen la ternura y la espontaneidad de la niñez. Su estilo, colorista y dinámico, es muy similar al que proponía Jean-Pierre Jeunet en su famosa Amelie (Le buleux destin d'Amélie Poulain, 2001).

Precisamente porque a Gondry le interesa jugar con la imagen, en el pleno sentido de la palabra, todas sus películas proponen como línea argumental un juego con la realidad, ya sea mediante la alteración biológica del cerebro para borrar la memoria (Olvídate de mí), la creación de un mundo psíquico desquiciante a partir de los sueños (La ciencia del sueño, La science des rêves, 2006) o el recurso al cine como material para crear un mundo mejor (Rebobine, por favor). Todas sus películas gravitan en torno a esa recuperación de la arcadia inicial que supone la infancia, ese estado donde los sueños son posibles porque se vive en ellos.

Gondry es un ejemplo perfecto para entender cómo el concepto de cine ha cambiado desde ese supuesto clasicismo. Ya no se trata de crear un mundo cerrado, con unas reglas estrictas de puesta en escena, sino de apropiarse de cualquier material para dar forma a un discurso que pretende ser todo él fantasía. Se alude, en el cine de Gondry, a los materiales con los que el cineasta consigue crear un mundo distinto del real.

rebobineporfavor3.jpgRebobine, por favor supone un triunfo en la carrera de Gondry, pero no es su película más formal, pues su originalidad plástica brilla más en los breves momentos de sus anuncios publicitarios o de sus videoclips (3). El mérito del último filme de Gondry reside, esta vez más que en anteriores ocasiones, en un guión de comedia donde la risa está asegurada. Se trata de un tremendo chiste sobre una realidad importante para el propio cine: la amenaza de formas que van a terminar por hacer desparecer al cine tal y como lo conocemos.

El filme de Gondry es magnífico porque plantea esa tremenda obviedad que es manifestar aprecio por todo aquello que pueda servir para crear una película. No es necesario ningún academicismo de manual para realizar filmes. Cualquier imagen puede conseguirse mediante el trucaje. Toda la película esta montada sobre esta idea del trucaje. Sus imágenes reales se confunden, al principio del filme, con un falso documental sobre la vida de un famoso músico de jazz. Al final, esas mismas imágenes servirán para crear un mundo mucho mejor, para darle sentido a una vida amenazada por la economía de mercado.

Pero, no nos engañemos, de las imágenes de Rebobine, por favor no surge ningún panfleto político. Su idea es la de la diversión pura y dura. Es una comedia que respira a través de un juego que es hacer películas. La música, el juego, los videoclips, la ficción, materiales de la imaginación. En los encuadres de Gondry no hay atisbo de verdad, sólo le preocupa crear preciosos collages visuales, como bien muestran cada uno de los falsos remakes que realizan los protagonistas del filme.

Parece que el videoclip no es un mero accesorio en Gondry, sino una brújula estilística con la que guiarse en su cine. Su portentosa imaginación para crear imágenes impactantes no proviene de un cuidado estudio de lo clásico, sino de una necesidad de inventar una imagen y un sonido que llamen rabiosamente la atención, precisamente una de las funciones de la publicidad y de los videoclips. Si el cine es imagen y sonido, ¿por qué no considerar cine lo que directores como Gondry nos proponen?

El final de Rebobine, por favor no puede ser más claro en ese sentido: el cine alegra la vida. No puede existir una declaración más cinéfila.

*****

(1) Si mis artículos, o críticas, parecen reincidir siempre en este cuestionamiento del cine clásico es por una sencilla razón: su uso desmesurado sugiere una valoración que condena o ensalza las películas (es clásica o no es clásica), cuando en realidad no se trata más que de una fase artística que la historia del cine ha “robado” a la historia del arte.

(2) Por no hablar de todas las prácticas que se desarrollaron en el llamado cine primitivo hasta la llegada del clasicismo (1906-1921, aproximadamente).

(3) Es necesario realizar una aproximación más analítica al valor de la publicidad y del videoclip como narraciones tan importantes como el propio cine.

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