Estafadoras de Wall Street (2)

  19 Noviembre 2019

Juega a mi juego

estafadoras-wall-street-1En diciembre de 2015 apareció un artículo de investigación en el New York Times escrito por Jessica Pressler y titulado The Hustlers at Scores, en el que se destapaba, y nunca mejor dicho, a un grupo de mujeres dedicadas al baile erótico que se habían lucrado a base de bien drogando a clientes para obtener sus códigos personales y así poder desplumarles las tarjetas de crédito. Por supuesto, un caso de este talante rápidamente se hizo viral.

Es este documento el que toma la actriz, cantante, directora y guionista Lorene Scafaria para articular su última obra, Estafadoras de Wall Street, y dar el salto al gran público. Hasta el momento, Scafaria había realizado otras películas de menor empaque y había publicado varios álbumes como solista. Con esta cinta, entra en la liga grande del panorama de Hollywood y, además, entronca a la perfección con los tiempos que corren que claman por la igualdad entre géneros, van contra el patriarcado tradicional y, según palabras de la autora, criminalizan a la mujer en base al capitalismo imperante.

También Scafaria introduce una acertada doble dialéctica: aprovecha el origen periodístico de la historia para introducir la mirada del personaje que investiga los sucesos, a la vez que también invita al espectador a juzgar lo que está viendo, aunque la cinta opte finalmente por la atonía crítica. De este modo, la realizadora construye una historia dislocada en espacio y tiempo, poliédrica y pseudoética y rehúye de la narrativa más convencional.

La acción arranca unos pocos años antes de la crisis financiera de 2008 en el epicentro económico de ese mundo dominado por trajes de lujo y relojes carísimos en el que los brokers tienen dinero a raudales para correrse juergas interminables y gastarlo en chicas voluptuosas. En este mundo, ellos tienen el poder y ellas entran en el juego con unas reglas de participación impuestas por el entorno. Es precisamente esa inversión del poder por géneros el que quiere explicitar esta obra.

Armas de mujer

Conocemos a Destiny, «la Nueva», una chica de procedencia asiática que se estrena en el baile con poca ropa puesta para ganarse la vida. La muchacha no tiene mucha suerte en sus inicios dentro de este mundo, viendo cómo otras ganan más que ella por el carisma que desprenden.

Hasta que entra en escena Ramona, «la Abeja reina», una mujer convencida y carnal que será quien tome a Destiny como su protegida y la instruya en las artes del baile y la conquista masculina para que esos pocos dólares se conviertan en muchos. A través de estas dos mujeres conoceremos a muchas otras dedicadas a la misma labor, después golpeará con fuerza el descalabro económico, la miseria y, de ahí, la idea para el timo.

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«Las película de strippers siempre han ofrecido el punto de vista masculino. Mi idea era mostrar a las mujeres libres completamente de cualquier sentimiento de culpa o vergüenza. Hacen lo que hacen para vivir. Es su trabajo. Quería que quedara clara la dificultad del ejercicio, su fuerza, su belleza... Es el punto de vista de una película deportiva», declara Scafaria. Y concreta toda esa fuerza de mujer en Ramona/Jennifer Lopez, la auténtica jugadora estrella del partido.

Se ha dicho ya en muchos medios que Lopez debería ser una firme candidata al Oscar (aunque no queda muy claro si como actriz principal o como secundaria) porque J-Lo da lo mejor de sí misma en la que quizás sea su encarnación más interiorizada y perfecta. Y es que cuando Lopez se olvida de papeles ñoños e interpreta a supervivientes de cariz latino es cuando la artista más brilla. Además, y es justo decirlo, el casting al completo es excelente casi en su totalidad, lo que no hace más que reforzar el sentido de la dirección que luce la directora.

También se ha afirmado que Estafadoras de Wall Street sería algo así como el equivalente en clave femenina  del icónico filme Uno de los nuestros. Pues es verdad, aunque suene a locura. Scafaria hace prácticas en la escuela de Scorsese tanto por la manera de estructurar su visión del relato como en el sentido de mafia hermanada por las circunstancias. 

Sobra decir que Scafaria queda lejos de Scorsese, pero, desde luego, no se le da nada mal este dibujo del círculo vicioso que supone la obtención del dinero, los trabajos de salarios ínfimos y la resistencia de estas mujeres solas que decidirán aliarse para intentar llegar a ese sueño americano.

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La directora opta por un cóctel explosivo de estilos, géneros, momentos estelares e himnos pop que consiguen que el ritmo vertiginoso de la obra no decaiga en ningún momento, salvo cuando debe hacerlo por exigencias del guión. Logra filmar con acierto y cierta mordacidad ese submundo de tíos cachondos, bares de alterne y copas y coca corriendo por las mesas de cristal.

Lejos de resultar vulgar por el mundo que retrata, todo se resuelve con elegancia y sugerencia, trufado de destellos cinematográficos en los que caben igualmente los momentos de reflexión o los bailes impresionantes. Hay algo terriblemente placentero en ver a estas mujeres hacer sus trabajos nocturnos y amasar montones de dinero mientras que la sororidad crece entre ellas.

Después de mostrar el descalabro económico del castillo de naipes del sistema, la cinta se torna paulatinamente en una celebración de la amistad femenina. Al final, el conjunto se revela más inocuo que amenazante, más confortable y libre de juicios que analítico con las aristas de lo que relata. No es una crítica envenenada, pero es una obra divertida, lúbrica y como artefacto de entretenimiento informativo funciona como una bomba de relojería.

Como dice Ramona, vivimos en un enorme club de striptease. A elección de cada uno y cada una queda entonces entrar en él.

Escribe Ferran Ramírez

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