Parasitos (3)

  31 Octubre 2019

Un asunto de familias

parasitos-1Viendo Parasitos lo primero que viene a mi cabeza es la fuerza de la retroalimentación cinematográfica. Y es que aunque cada película sea un mundo, puesto que todos sus detalles dependen de una infinitud de personas diferentes más allá de la figura director, es inevitable establecer comparaciones y similitudes entre las mismas. De hecho la comparación es el algo que los seres humanos extrapolamos a todos los aspectos de nuestra vida diaria, mucho más allá del cine. Pero esto, claro está, es otro tema.

La nueva obra del coreano Bong Joon-ho llega a las salas un año después de que lo hiciera Un asunto de familia, del japonés Hirokazu Koreeda, filme con el que comparte una atmósfera y unos personajes similares. Ambos directores retratan a la clase baja desde una visión irónica y crítica del sistema de clases sociales. El hecho de que hagan esto en los dos países asiáticos más occidentales, ricos y poderosos potencia la acidez de su mensaje.

Pero a pesar de esa coincidencia de base, el tono y el desarrollo de sendas películas es completamente distinto. Y en este sentido, la obra de Joon-ho presenta ciertas conexiones con otros filmes como pueden ser Hierro 3 del también coreano Kim Ki-duk, Visitor Q de Takashi Miike o incluso Teorema de Pasolini. En todas estas películas uno o varios individuos se introducen en diferentes hogares provocando un cambio en los mismos, cambio bien físico en la propia casa o bien psicológico en los habitantes de la propia.

Parasitos lleva además lo anterior al extremo, porque en este caso es una familia entera la que se infiltra en el hogar de otra. Los manipulan para colarse en su mundo y así aprovecharse de ellos. Y todo ello cobra una nueva perspectiva cuando descubren que ya había alguien que hacía eso antes que ellos. Aquí empieza una lucha para ver quien se mantiene en el poder, quien controla a los ingenuos ricos y a su excesivo despilfarro de dinero.

Y esto es precisamente uno de los dos puntos que me han parecido algo flojos: el hecho de que se simplifique tanto el sistema de clases y la mentalidad de sus integrantes. Los ricos son egoístas, clasistas e ingenuos. Los pobres son egoístas, envidiosos y astutos. Entiendo que Joon-ho necesita hacerlo para centrarse en lo que le interesa y no perder tiempo con lo demás, pero eso no quita que siga siendo una presentación muy simple de sus personajes y su entorno.

El segundo de estos aspectos es la tensión obligatoria. Me explico. Desde el momento en que se empieza a hacer evidente que Joon-ho quiere jugar con el suspense, el filme me ha desenganchado un poco. Esto se debe al hecho de que noto qué es lo que el director quiere que me suceda como espectador, y eso es algo que nunca me ha agradado. La propia manipulación a la que someten unos de sus personajes a otros es la que el cineasta coreano trata de ejercer sobre mí.

Lo mismo me suele suceder siempre que un director busca despertar una sensación o emoción concreta. Es por eso que no me suelen gustar, por lo general, la mayoría de comedias o de películas de terror. Porque la intención y los artificios en estos dos géneros son muy evidentes. Creo que un cineasta no debería pensar en lo que quiere que le suceda al espectador, sino en su (no) historia y en sus (no) personajes. Lo que estos provoquen en el público dependerá de cada persona.

Y es que lo bonito del cine y del arte es que quien completa la obra es el receptor, quien la consume. Cuando no nos igualamos ante esa persona estamos perdiendo el respeto hacia la misma. Nos situamos por encima como artistas y buscamos manipularla. Queremos que entienda nuestro mensaje de forma cerrada, cuando la riqueza radica precisamente en que cada uno pueda otorgar su propio mensaje a la pieza.

Con esta última digresión no pretendía machacar el filme de Joon-ho, ya que no creo que sea su caso por entero. A pesar de que esos aspectos comentados no me hayan convencido creo que la película funciona bien y que tiene detrás a un realizador con ganas de contar algo, a un director muy preocupado por lo que cuenta y por como lo cuenta, a un cineasta.

Escribe Pepe Sapena 

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