Joker (3)

  16 Octubre 2019

Rían, señores, rían

joker-0El estreno de Joker constituye todo un acontecimiento cinematográfico. Esta afirmación puede parecer baladí. El lector puede pensar que quien esto suscribe es algún acérrimo fanático de tan icónico personaje que oportunamente escribe sobre esta nueva lectura del mismo. 

Para empezar —y esto puede inaugurar una nueva tendencia en el actual panorama fílmico de revisiones, reboots, remakes, y otras variaciones de las historias de superhéroes— no es habitual que sea el villano el protagonista absoluto de la narrativa. Ahí tenemos, por ejemplo, el aislado y bizarro ejemplo de Maléfica, pero incluso en éste el personaje principal se relacionaba íntimamente con su antagónico bondadoso, la Bella Durmiente, durante todo su metraje. En este caso, el Joker anda solo, aunque veamos el fantasma de un incipiente Batman planeando en algunos momentos de su desarrollo.

Para continuar, Joker podría ser la historia de cualquier enfermo mental que necesita ayuda, y lejos de eso, el mundo lo convierte en un ser despiadado por no encontrar el personaje luz en ningún camino. Es la historia de un antihéroe cualquiera, no es la historia de un villano de novela gráfica. De hecho, la propuesta, aunque reconoce sus orígenes sin pudor, se aleja agresivamente del film-cómic.

Y para rematar la jugada, Joker entra en competición en el Festival de Cine de Venecia y se lleva el premio gordo sin miramientos, sorprendiendo a propios y extraños y pasándole la mano por la cara a autores de la talla de Polanski. Con el León de Oro en el bolsillo, Joker empieza desde su andadura comercial siendo un fenómeno imparable, casi un clásico instantáneo dentro de su propio entramado de géneros.

Joker Phoenix

Y luego está Joaquin Phoenix, quien al aceptar el papel provocó más de un arqueo de cejas aunque estaba claro que si lo hacía era porque confiaba ciegamente en el guión que le habían entregado, en las posibilidades personajes y en el potencial de tamaña historia. Phoenix se puso manos a la obra llegando a perder 23 kilos para ser Arthur Fleck, un hombre deprimido que vive con su madre en un pisucho de mala muerte de Gotham y cuya dedicación es hacer de clown en trabajos mal pagados.

La metamorfosis física y psíquica de Phoenix en el Joker es pasmosa, enorme como el mundo, tanto que provoca a la vez hipnosis y repulsión cuando se le mira en la pantalla. Atenderlo es tóxico y doloroso. Es tal su impacto que el director y creador de este Joker lo exprime al máximo, en una cascada imparable de primerísimos primeros planos del actor, lo que termina por engrandecer el resultado final.

Desde luego, sin Phoenix no habría Joker, o no habría este Joker magnánimo que clama al cielo la entrega inmediata de un Oscar. Desde el instante en que Joker Phoenix sale en pantalla nos olvidamos instantáneamente de Joker Nicholson, Joker Ledger o Joker Leto, sin desmerecer a ninguno de estos mencionados. Simplemente el Joker de Phoenix es diferente, muy diferente, y artísticamente hablando, es una bestia.

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Joker Phillips

El artífice de tan luminosa sorpresa es Todd Phillips, sí, la mente pensante y realizadora de los resacones (en Las Vegas y demás) y otras cintas de comedia adulta que miraban a caminos muy diferentes. Joker no sólo es un dramón de tomo y lomo (con multitud de guiños cómicos, eso sí) sino que es el Taxi Driver del propio Phillips, aunque la idea sola pueda parecerle horripilante a Scorsese. Incluso, ambas cintas comparten actor —Robert De Niro, en un suculento rol secundario— y no creemos que esto sea pura coincidencia.

Phillips, como ya decíamos, ha firmado una obra de narrativa depuradísima que se lee a varios niveles: retrato de un enfermo mental sociópata, radiografía de una sociedad igual de enferma y desesperada, decadente historia de sueños rotos y también spin-off independiente de la historia original de Batman y Joker. Su guión entronca con la historia de la infancia de Bruce Wayne (el futuro Batman, para quien no lo sepa). Un guión inteligentísimo que hace que la historia resulte completa, casi circular, en cuanto al imaginario colectivo que rodea al personaje.

El realizador opta por un estilo a veces documentalista, a veces cínico, pero con una brutalidad ética y paroxística sin concesiones. La violencia es absolutamente frontal, las relaciones familiares son depravadas y tristísimas, los hechos acontecidos son hiperdramáticos. Aunque hayan momentos efectistas y algún que otro extraño giro argumental, Phillips demuestra saber exactamente lo que quiere transmitir en cada momento.

Joker es un tour de force visual y sonoramente apabullante, con un gusto por lo enfermizo y lo retorcido que provoca una incomodidad constante y con una filosofía que llama al caos social y a la anarquía. Es un chiste que termina siendo enfermizo y macabro, es una oda a la eclosión interior, a la interpretación subjetiva del mundo, es adrenalítica y catárquica, fiel a los preceptos del universo del que procede. Joker es toda una explosión de los sentidos.

Y desde luego, es todo un acontecimiento cinematográfico.

Escribe Ferran Ramírez

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