Señor (2)

  28 Septiembre 2019

Cruce de caminos

senor-1En un mundo donde los príncipes se casan con plebeyas (como en el cuento), y viceversa (Europa es la muestra perfecta), no resulta sorprendente que las relaciones entre amos y criados fructifiquen, y menos aún que las mujeres puedan ser independientes para tomar sus propias decisiones, sea cual sea su clase social o estado civil. Pero en la sociedad india actual es una realidad incuestionable que circunstancias como éstas sean todavía un tabú insalvable.

La India es uno de los países donde el peso de la tradición y el statu quo de clase, casta y género sigue estando más vigente. Eso no impide que una patina de modernidad externa ofrezca una imagen diferente.

En ese contexto aparente donde tradición y modernidad confluyen pero no se mezclan sitúa Rohena Gera a los protagonistas de Señor (2018), su primer largometraje de ficción: Ratna (Tillotama Shome), una joven de clase humilde que ha emigrado a la ciudad en busca de un futuro mejor, y el señor al que sirve, Ashwin (Vivek Gomber), un profesional acomodado que acaba de romper su compromiso matrimonial y se encuentra bastante desorientado.

Presentada en la Semana de la Crítica de Cannes, la película ha recorrido varios festivales internacionales donde ha obtenido el aplauso, especialmente del público, obteniendo numerosos premios y reconocimientos, también para sus actores protagonistas y la directora.

Rohena Gera es una curtida cineasta india formada en Estados Unidos (California y Nueva York) que ha vivido también en París. Trabaja desde hace casi veinte años en distintos roles de la industria audiovisual —guionista, productora, directora—, más en televisión que en cine. Su carrera incluye colaboraciones con otros compañeros, la dirección y producción de campañas publicitarias, videos musicales y la escritura de guiones para los principales directores del cine hindi y para series de tv.

En 2013 estrenó, el Festival de Cine de Mumbai, el documental ¿Qué tiene que ver el amor con esto? Un retrato divertido sobre la búsqueda de la felicidad y el amor que mezcla las historias de varios candidatos, de clase privilegiada, a un matrimonio concertado.

En Señor, Gera, que firma también el guión, vuelve a explorar el tema del amor en la clasista y tradicional sociedad india a través de la relación entre una criada y su señor y las consiguientes presiones sociales y familiares que impiden su relación pública, porque de forma privada, nada lo impediría. Algo que Ratna rechaza porque no está dispuesta a convertirse en «su prostituta», como dice en determinado momento, que es como sería considerada si mantuviera una relación sentimental con él.  

Ratna no cree en la viabilidad de su relación como tampoco nadie de los que la rodean. Sabe que sería motivo de burlas («se reirían de nosotros», dice) de hecho ya lo es en cuanto transpira entre sus compañeros el posible romance. Entre la familia y amigos de él tampoco es aceptada. Su mejor amigo le aconseja («No puedes salir con tu criada») y le recuerda que es posible que ni siquiera sepa utilizar los cubiertos (poco antes la hemos visto comer en el suelo y con las manos) y su padre no duda en aconsejarle emigrar antes de consentir su relación.

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La sociedad entera los excluiría. Juntos, e incluso por separado. Sólo hace falta ver cómo la tratan cuando se atreve a entrar en una boutique cara de Bombay. Mucho peor que a Julia Roberts en Pretty Woman, solo que aquí no hay revancha.

Inspirada en Deseando amar (2000), de Wong Kar Wai, Señor nunca logra el grado de lirismo, sofisticación y belleza de su referente, no obstante consigue mostrar con sutileza el deseo y la contención emocional de los sentimientos que crecen condenados en el interior de sus protagonistas.

Sus vidas se cruzan, dentro de ese piso silencioso, en el que conviven en íntima soledad, cada uno apegado a sus pensamientos (ella ilusionada, él melancólico); y sus destinos se rozan por ese largo pasillo que encarna a la perfección, como dice la directora, «la idea de separación y conexión al mismo tiempo», en el que solo hay un momento de encuentro, en la escena del casto beso, donde toda la tensión sexual acumulada estalla tímidamente para volver a diluirse.

Solo pueden estar juntos en la azotea. Un espacio simbólico de libertad donde es posible soñar (la última escena de la película se desarrolla allí). Pero la realidad se impone de forma contundente en la secuencia de la fiesta que celebra la madre de Ashwin donde Ratna sirve a los invitados, como un ser invisible, sin que nadie repare en ella; solo Ashwin la mira a los ojos, impotente cuando se para ante él con la bandeja en la mano y es ella la que se aleja sin levantar la vista.

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Además de mujer y humilde, Ratna es viuda, un estigma más que dificulta su lucha por la independencia. No obstante, ella ha conseguido, emigrando a la ciudad, liberarse del yugo que le impone su condición (su familia política le permite trabajar para liberarse de una carga) y su estatus, y sueña con labrarse un futuro como diseñadora. Si como mujer viuda, debe renunciar al amor, al menos le queda la aspiración de prosperar profesionalmente.

En este aspecto, la película apuesta por el empoderamiento femenino de la mujer india de clase baja, no solo en el caso de Ratna, que trabaja duramente para conseguir su propósito, también en el de su hermana, que consigue seguir estudiando después de casarse o de su amiga Laxmi, una criada que no duda en abofetear al hijo maleducado de su ama, amparada en su condición de indispensable.

Rodada en tiempo cronológico (para dar mayor continuidad al in crecendo de la relación) y con bajo presupuesto, Señor es una película sencilla, amable y tímidamente reivindicativa que intenta ofrecer una imagen naturalista tanto de la situación como del contexto (la mezcla de lenguajes es un ejemplo: inglés, hindi y marathi) en que se desenvuelven los personajes.

Más expositiva que crítica, más idealista que feminista, Gera ofrece, a través de una historia de amor interclasses, el retrato social contenido de una sociedad conformista con tímidas aspiraciones, que no tiene ninguna prisa en establecer.

Escribe Leo Guzmán

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