Aute retrato (4)

  24 Septiembre 2019

Un artista único

«Fue en ese cine, ¿te acuerdas?aute-retrato-1
En una mañana Al Este del Edén.
James Dean tiraba piedras
a una casa blanca, entonces te besé»

L. E. Aute, Las cuatro y diez.

Gaizka Urresti nos ha entregado un magnífico documental con Aute Retrato (2019). La película posee muchos méritos, entre ellos el mostrarnos nuevas dimensiones de un artista muy conocido desde hace varias décadas. Porque siendo el Aute músico, compositor, el más relevante en la obra de Urresti (y en la vida de generaciones y generaciones que han crecido con sus canciones), también se iluminan otros Autes menos célebres, pero que contribuyen a formar la identidad de un creador único: el Aute dibujante, el Aute pintor, el Aute poeta, el Aute cineasta.

El documental está elaborado desde el respeto y la admiración hacia Aute, y con una concepción ética de enorme valía: los homenajes es mejor realizarlos cuando los homenajeados continúan vivos. Urresti planteó hace cuatro años a Aute la posibilidad de realizar una película sobre él. Tras los recelos iniciales, el artista aceptó.

A lo largo de 2016, Urresti acompañó a Aute en los conciertos de Giraluna, donde repasaba medio siglo de creatividad en la música. En agosto de ese año, Aute sufre un infarto, y la película queda en el aire. No será hasta finales de 2017 cuando el documental se reactive en coordinación con la familia. Se retoman las entrevistas con amigos y colaboradores.

El concierto de apoyo a Aute, con el lema ¡Ánimo Animal!, celebrado el 10 de diciembre de 2018 en el Palacio de los Deportes de Madrid, y que tuvo su continuación el 2 de febrero de 2019 en el Auditori del Forum de Barcelona, fueron dos eventos que reforzaron toda la propuesta de Urresti, consolidando el consenso que hay en el mundo de la música, de artistas muy diversos, sobre la importancia y alcance de las composiciones de Aute.

El conjunto de testimonios en Aute Retrato sobre este creador polifacético constituye la columna vertebral de la película. Son declaraciones llenas de autenticidad, a menudo emotivas, de personas que aprecian al Luis Eduardo artista y, sobre todo, al Luis Eduardo individuo. Sobresalen los músicos: los compañeros generacionales de Aute como Silvio Rodríguez, Sabina, Serrat, Rosa León, Ana Belén, Víctor Manuel, Massiel; los que empezaron a despuntar en los noventa como Ismael Serrano, Pedro Guerra o Jorge Drexler; o talentos muy jóvenes como Rozalén, Dani Martín o Marwan.

Con sus palabras, constatamos la trascendencia y el legado de Aute en múltiples artistas de diferentes tendencias. Me parece un acierto que los músicos hablen de la canción de Aute que más les ha marcado, porque son canciones con las que tantas y tantas personas han ido caminando por la vida. Así, Serrat se decanta por De alguna manera; Dani Martín por Las cuatro y diez; o Pedro Guerra por Pasaba por aquí. Y después del comentario sobre esa canción predilecta, la interpretación en el escenario.

Los años 60 y 70 fueron los años dorados de la música de cantautor: con una guitarra y una voz, los artistas crearon canciones inolvidables. La relevancia de Aute y Serrat en España resulta equiparable a la de Brassens y Sardou en Francia, Pablo Milanés y Silvio en Cuba, o Caetano Veloso y Gilberto Gil en Brasil. Sus canciones fueron tan mágicas que traspasaron las barreras del tiempo, y de las circunstancias sociopolíticas en las que fueron escritas, y jóvenes de todo el mundo el mundo escuchan hoy fascinados Penélope, Rosas en el mar, La maladie d’amour, Yo no te pido o Você é linda.

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Junto con los testimonios de los músicos, las declaraciones de otras personas del mundo de la cultura que nos acercan a otras vertientes culturales en las que Aute ha trabajado. Forges nos habla de sus dibujos; Fernando Bellver, de su pintura; Azucena Rodríguez y Jaime Chávarri, de su cine; Jesús Munárriz, de su poesía. Todos ayudan a conocer a ese artista inigualable, especial, que es Luis Eduardo Aute.

Quizá en la película haya una sobrecarga de testimonios, y echemos de menos una voz en off que conecte con mayor claridad los períodos artísticos en la trayectoria de Aute. Sus primeras canciones fueron cantadas por Rosa León y Massiel a finales de los 60. Aute tenía cierto miedo a subirse a un escenario. Uno de los primeros conciertos en los que participó fue en febrero de 1978, en Albacete, dentro de un acto de la CNT. Luego vendrían más y más recitales, por España, por Europa, por América.

En 1983, impulsó el concierto colectivo Entre amigos, donde le acompañaron numerosos compañeros artistas, y que sería una referencia para este tipo de eventos (en los 90, tendrían lugar Mucho más que dos o En blanco y negro). Y en 1993, el inolvidable Mano a mano con Silvio Rodríguez, donde los dos genios mezclaban obras maestras como Unicornio y Albanta, entre otras. Vi a Aute en directo en 2012, en el Teatro Español, con mi amiga Isa. Firmó una actuación inolvidable, maravillosa. Delante de nosotros, estaban sentados Ana Belén y Víctor Manuel.

De carácter sencillo, bondadoso, Aute ha comentado la necesidad que tiene el artista de ser sensible y de deslumbrarse ante las maravillas del mundo: el amor, la amistad, la música, la libertad, la naturaleza. El niño que miraba el mar en Filipinas es hoy un hombre veterano que ha sobrevivido a un infarto. En el camino, numerosas canciones, varias de ellas piezas magistrales, que forman parte de la vida de muchas personas, y que continuarán dando aliento a las generaciones venideras, porque la música de Luis Eduardo no se olvidará jamás. Permanece. Queda su música.

«Yo sé que allí,
allí donde tú dices,
no existen hombres que mandan,
porque no existen fantasmas»

L. E. Aute, Albanta.

Escribe Javier Herreros Martínez

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