La virgen de agosto (4)

  15 Septiembre 2019

El hijo de la imagen

la-virgen-de-agosto-1Todos somos hijos de las imágenes de alguien. Incluso los primeros cineastas bebían de algo que, aunque sin movimiento cinematográfico, habían visto previamente: la pintura y la fotografía. Y así, si continuamos nuestro viaje hacía el pasado encontraremos que quizás las únicas imágenes puras que podemos encontrar en este mundo son las que se plasmaron sobre arcaicas cuevas miles de años atrás.

La cuestión es que existe un lenguaje de las imágenes, un lenguaje que se ha construido muy lentamente y que está muy infravalorado con respecto al que solemos usar en nuestro día a día: el de las palabras. Pero, ¿no estamos hoy en día bombardeados por medios pictóricos, fotográficos y audiovisuales? La televisión, internet, la publicidad en las calles, los metros, los autobuses, los taxis, las tiendas, los aeropuertos... Nos vemos continuamente avasallados por todo ello, y aun así el ciudadano medio sigue sin tener un conocimiento base sobre ese lenguaje. Y si todos tuviéramos ese mínimo de sabiduría, si todos supiéramos a que manipulación están sujetas las imágenes, las cosas serían diferentes.

Pero no voy a divagar mucho más y voy a tratar de centrarme en lo aquí se ocupa, que es el filme La virgen de agosto de Jonás Trueba. Si he introducido la película de esta forma, ha sido con un propósito: el de hablar de los padres cinematográficos de Jonás.

Y es que es inevitable ver a ciertas figuras coronando su particular imaginario. Pero no estoy tratando de decir con esto que Trueba busca imitar y parecerse a esos cineastas, sino que entre ellos existe una conexión especial, y aún sin buscarlo concienzudamente, Jonás acaba pareciéndose a aquello que le gusta ver.

Así, hay dos grandes menciones que no puedo dejar pasar, son las que debo hacer a Ozu y Rohmer. El propio Trueba ha hablado de ellos varias veces, demostrando con honestidad que reconoce su punto de partida, que conoce a sus progenitores fílmicos. De ellos se contagia a él el gusto por la sencillez, por las interpretaciones espontaneas y naturales, por el retrato de personas reales pertenecientes a nuestra sociedad y sus relaciones con otras, por el uso de espacios arquitectónicos y públicos de ciudades con las que siente una especial conexión, el interés por la figura de la mujer...

Todo ello es algo que le liga en cierta forma a otro director con el que se lleva unos 20 años y que también bebe de estos dos grandes cineastas: Hong Sang-soo. Pero este, al igual que Trueba, es honesto consigo mismo, y es capaz de llevarse sus referencias a un nuevo terreno personal alejado del plagio o de la repetición. Y por ello, a pesar de pertenecer todos a un círculo común, cada uno de ellos es capaz de diferenciarse de los demás gracias a ciertos matices característicos y personales.

Centrándonos ya en La virgen de agosto, cabe decir de ella que presenta una similitud con un filme de Rohmer en concreto: El rayo verde. En una entrevista realizada hace poco, Trueba decía que no se había puesto a repasar películas para realizar la suya, pero que sí había vuelvo a ver esta obra del cineasta francés junto a su pareja, co-guionista y protagonista de la película, Itsaso Arana.

Es comprensible que se hayan decidido por ese filme y no por cualquier otro: ambas obras hablan de la soledad veraniega de una mujer. Por supuesto que la soledad ya estaba presente en ambos personajes de antes, pero es el verano lo que provoca en ellas una serie de reflexiones y cambios importantes para su vida y su relación con los demás. Es un punto de inflexión.

Aun así, tanto el carácter de las protagonistas como el camino que siguen para superar sus problemas y trascenderlos es diferente. Porque Rohmer y Trueba no son la misma persona, y por tanto cada uno completa los huecos de la historia con sus propias marcas.

Y es que no es malo ser hijo de las imágenes de otro, ya que todos los somos. A veces lo nuevo no consiste en tratar de romper todos los esquemas precedentes derrochando originalidad y osadía, sino simplemente en coger algo que ya existía y añadir nuestra pequeña variación personal.

Escribe Pepe Sapena

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