El emperador de París (2)

  27 Julio 2019

París no es una fiesta

el-emperador-de-paris-1François Vidocq es uno de los personajes más interesantes de la Francia del siglo XIX. Desde muy joven se especializó en una vida delictiva de robos y estafas hasta que en 1796 fue detenido y condenado a trabajos forzosos.

Tras una serie de intentos logró escapar y con el objetivo de lograr el indulto se puso al servicio de la policía. Desde entonces comenzó su fama, llegando a ser el primer director de la Seguridad Nacional y uno de los investigadores privados más famosos de la historia. Su popularidad inspiró a numerosos escritores, como Víctor Hugo, que lo incluyó como personaje dentro de Los miserables.

El emperador de París, de Jean-François Richet (Blood father, Asalto al distrito 13), comienza cuando Vidocq es detenido por primera vez y trasladado a una cárcel en mitad del mar. Pero seamos claros, esta película no busca ser un retrato fiel e histórico de la época. Lo que comienza como una película histórica ambientada en la Francia de Napoleón, termina convirtiéndose en una simple ensalada de tiros.

Lo curioso es que la película empieza muy bien, con unos 15 minutos iniciales en los que se nos presenta a Vidocq con su llegada a París. Vincent Cassel es el encargado de dar vida a este investigador que se verá obligado a escapar y a sobrevivir en una ciudad sucia y llena de intrigas.

Sin embargo, poco a poco la película va haciéndose más confusa y absurda. Nada tiene demasiado sentido, ni las motivaciones de los personajes, ni el comportamiento excesivamente siniestro y negativo de los malos. París se muestra sucia, llena de ratas y al mismo tiempo todo parece de cartón piedra.

Finalmente, El emperador de Paris sustituye la trama por un montón de secuencias de acción y violencia. El problema es que son aburridas y poco ingeniosas. Algunas secuencias de tiros y duelos buscan imitar al mejor cine de acción de Hollywood, pero se quedan muy lejos de conseguirlo. Nada funciona demasiado bien en una historia que va desintegrándose poco a poco.

En este sentido, Vincent Cassel tampoco aporta mucho a su personaje, con una inexpresividad total. Con una capa y una máscara bien podría convertirse en un nuevo súper héroe. No cambia el gesto severo y rígido durante toda la película.

Algunos personajes que podrían funcionar, como es el caso de la baronesa Giverny, interpretado por la siempre efectiva Olga Kurylenko, se muestran poco claros y definidos. Los intereses y motivaciones que mueven a la baronesa no tienen demasiado sentido para la trama. Más grave es contar en el reparto con Denis Lavant, uno de los mejores actores de Francia, y darle un papel tan artificial y flojo.

En conclusión, cine fallido que como mucho puede resultar interesante para una tarde calurosa.

Escribe Vicente Ignacio Sánchez

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