COSAS QUE PERDIMOS EN EL FUEGO (1)

  13 Mayo 2008
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Título original: Things We Lost in the Fire
País, año: Estados Unidos - Inglaterra, 2007
Dirección: Susanne Bier
Producción: Sam Mendes y Sam Mercer
Guión: Allan Loeb
Fotografía: Tom Stern
Música: Johan Söderqvist
Montaje: Pernille Bech Christensen y Bruce Cannon
Intérpretes:

Halle Berry, Benicio Del Toro, David Duchovny, Alexis Llewellyn, Micah Berry, John Carroll Lynch, Alison Lohman

Duración: 119 minutos
Distribuidora: Paramount
Estreno: 25 abril 2008

Felicidad familiar
Escribe Marcial Moreno

No es fácil salir airoso de un melodrama. Sólo los maestros lo han conseguido. Hace falta una visión muy equilibrada del conjunto de la obra para mantener una tensión que amenaza constantemente con desbordarse hacia el abismo del ridículo. Cualquier vacilación, la mínima concesión al sentimentalismo, puede provocar la caída irremediable en una artificiosidad que acaba por instaurar una distancia insalvable entre la historia y el espectador. Eso si no se llega directamente a lo irrisorio.

cosasqueperdimos1.jpgPara evitarlo hay dos reglas que debieran ser de oro. Una es la de la complejidad de los personajes. Hablar de sentimientos con credibilidad requiere, aquí especialmente, huir de los personajes arquetípicos, aquellos que muestran, que tienen, una sola cara e insisten en ella hasta la exasperación. Por otra parte, el tratamiento que de ellos se haga ha de poseer una elegancia que permita digerir con fluidez la sobredosis de emoción que inevitablemente se producirá. Si no es así, si la sintaxis del relato se dedica a potenciar alegremente el contenido, el empacho está asegurado.

Lamentablemente, en esta película no se respeta ninguna de las dos reglas.

En primer lugar, sorprende la perfección del personaje que muere y desencadena la historia: perfecto padre, inmejorable esposo, ciudadano ejemplar y amigo como los que ya no existen. Y no sólo como sublimación en el recuerdo de quienes lo quisieron. Los insertos y flash-backs lo dotan de una realidad que va más allá de la idealización de sus conocidos.

cosasqueperdimos2.jpgAunque no únicamente él era perfecto. También lo son quienes lo rodean, o al menos están en camino de serlo. En realidad su muerte posee una dimensión religiosa innegable, en tanto que reproduce el sacrificio del Mesías para salvar a su pueblo, y así vemos cómo la tristeza por la muerte se ve ampliamente recompensada por los efectos beneficiosos que de ella se siguen, fundamentalmente la reconciliación entre la mujer y el amigo y la salida de las drogas de éste, amén del descubrimiento de su bondad congénita y de lo mal que está desconfiar de la gente, como demuestra la escena del dinero perdido y posteriormente encontrado (¿un milagro desde el más allá tal vez?).

El tratamiento de todo ello no hace sino colaborar en este gelatinoso buenismo que todo lo impregna. La música es lo que de ella cabía esperar. Por otra parte, el rodaje cámara en mano (reminiscencias del viejo Dogma, en el que militó la directora) y la sobredosis de primeros planos impiden el distanciamiento que requeriría una complejidad que aquí no existe. Hacer descansar la humanidad de los personajes en la mirada perdida, el gesto de desamparo y el tono susurrante (¿por qué hablan siempre en voz baja?) cuando hay tan poco que contar, hace que los actores hagan su trabajo de una manera tan rutinaria como olvidable.

Pero lo más sangrante de la película es la insoportable corrección política que rebosa.

cosasqueperdimos3.jpgYa hemos hecho referencia a las alusiones religiosas, confirmadas por el carácter redentor de la muerte de los drogadictos, planteada como una salvación de los que sobreviven. Junto a ello nos encontramos con el desmedido canto a las bondades de la familia, la cual consigue, nada menos, que el drogadicto deje su adicción, y aunque recae cuando esa familia lo abandona, vuelve rápidamente a la buena senda tras ser readmitido. Hasta el vecino que ha decidido separarse acabará reconciliándose con su mujer, pues siempre será mejor eso que cualquier separación.

Por otra parte, asistimos a loas un tanto vergonzantes a la práctica del deporte y su carácter rehabilitador, la cruzada a favor de las focas, el valor de la infancia, la defensa de los débiles por el ciudadano anónimo que automáticamente se convierte en héroe, la asociación del tabaco con la drogadicción o la insatisfacción familiar, la importancia del estudio como método seguro de reinserción y, finalmente, lo más espectacular de todo, el canto al hombre americano que sabe encontrar las oportunidades que otros no ven y así, con su perspicacia y su trabajo, consigue hacerse rico, pagar la hipoteca, fundar una familia (interracial, claro) y sembrar la felicidad por allí por donde pasa.

Y todo eso nos lo cuenta una danesa que iba de rupturista; sin enmendarse, como los buenos toreros.

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