Diego Maradona (4)

  15 Julio 2019

El refugio del fútbol

«Pero cómo explicarmaradona-0
que me vuelvo vulgar
al bajarme de cada escenario»

Ojos de gata
Enrique Urquijo, Los Secretos 

Ascenso y caída de un genio. El tránsito de la gloria al lodo. Así, como si fuera un drama de Shakespeare o Brecht, se puede sintetizar la vida de Diego Armando Maradona y el documental que sobre ella ha realizado el cineasta inglés Asif Kapadia (Londres, 1972).

Diego Maradona, una película extensa de 130 minutos, plantea la confrontación entre el Maradona futbolista y el Maradona individuo. O lo que es lo mismo, entre una leyenda del balompié (considerado con Pelé el mejor jugador de la historia) y un ser humano que cayó en el abismo.

El largometraje de Kapadia resulta un prodigio de solidez. El realizador logró juntar más de cinco horas de materiales (entre entrevistas, imágenes de archivo, filmaciones de jugadas…), de las que seleccionó algo menos de la mitad para conseguir una obra de calado.

El dinamismo del documental se logra merced a una genuina combinación de testimonios (de técnicos, futbolistas, periodistas…) en torno a la vida de Maradona (y la vida del astro supone la conjunción de la vida deportiva y la personal), declaraciones del propio delantero argentino, fragmentos de los partidos emblemáticos de su carrera (y aquí sus maravillosos goles, sus extraordinarios pases y fintas), grabaciones de su vida cotidiana con su familia, de fiestas y celebraciones, etc.

Acierta Kapadia al situar el epicentro de Diego Maradona en Nápoles, pues fue en esta ciudad italiana donde se desarrolló la época nuclear de la carrera futbolística del mágico «diez» argentino, período napolitano que acaso fuese la clave para entender ya no sólo la grandeza balompédica de Maradona, sino sus propios conflictos existenciales. Nápoles: 1984-1991. Ahí se encuentra la delimitación espacio temporal. Podía haber seleccionado sus inicios en Boca Juniors, su etapa en el Barcelona o en el Sevilla, su regreso a las canchas argentinas. No lo hace. Con mucho tino, escoge la raíz del efímero paraíso y la prolongada sima de Maradona. Y ese núcleo se halla en Nápoles.

De forma vibrante, con dos coches que circulan por las calles napolitanas, arranca el documental. Bajo una rápida música ochentera, mientras se presentan los títulos de crédito, los automóviles se dirigen al estadio San Paolo. 5 de julio de 1984. Es la presentación de Maradona como jugador del Nápoles. Al salir al césped, Maradona se encuentra que unos 70.000 hinchas lo vitorean. Ya era una estrella. Y desde los primeros momentos del documental se refleja su condición estelar, que, si en el fútbol le llevó a los triunfos más altos, el peso del estrellato pudo conducirle a las regiones oscuras por las que transitó durante bastante tiempo.

Maradona no eligió un Liverpool, un Bayern de Múnich, ni tampoco una Juventus, un Milán, un Inter. Maradona subió a los altares deportivos a través de un equipo humilde del sur de Italia. ¿Cómo un club que no era una potencia del fútbol europeo pudo costear el fichaje de un crack mundial? Cualquier espectador atento puede intentar dar con una respuesta tras el visionado de la película.

En Italia, la distribución de la riqueza del país históricamente ha ido equiparada con la pujanza de los clubes de fútbol. El norte, próspero e industrial, y los gigantes deportivos: Juve, Inter, Milán. El sur, empobrecido, y los equipos sin posibilidad de luchar por los títulos. Hasta la llegada de Maradona al Nápoles, este conjunto sólo había ganado dos copas italianas. Con Maradona al frente consiguió dos scudettos (1987; 1990), una Copa (1987) y una UEFA (1989).

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Todas las imágenes de los partidos de Maradona en Italia nos dan cuenta de un futbolista excelso, con una técnica prodigiosa, que marca goles inverosímiles, que se escapa de múltiples contrarios. Magistral en los pases y el lanzamiento de faltas (para el recuerdo, la falta a la escuadra contra la Juve en noviembre de 1985, en San Paolo). Habilidoso, rápido, con el balón cosido al pie. Un genio.

En su primera temporada, el Nápoles queda octavo en el Scudetto. En su segunda, lo lleva a la tercera plaza. En su tercera, logra el primer Scudetto para la entidad napolitana. Éxito histórico. Maradona hace grande al Nápoles a la vez que engrandece su leyenda. Kapadia muestra muy bien la conexión entre los orígenes muy humildes de Diego Armando (que nació y se crió en Villa Fiorito, uno de los barrios más pobres de Buenos Aires) y la humildad del Nápoles, tanto del equipo como de los habitantes de la ciudad. Los flashback sobre la infancia de Maradona son imprescindibles para comprender al Maradona estrella. Su madre lo recuerda siempre con un balón, siempre jugando, y ahí con el esférico halló el refugio ante una existencia plagada de sinsabores. Lo dice el propio delantero: «Cuando saltas a la cancha, se te olvidan los problemas, se te olvida la vida».

Los mundiales de 1986, en México, y de 1990, en Italia, poseen una equiparación con la evolución temática del filme y de la vida de su protagonista, además de profundizar en la dimensión internacional del mito. En el Mundial del país azteca, alcanza la gloria. En el del país europeo, se muestran ya las señales de su descrédito y decadencia. El partido de cuartos de final de México 86 contra Inglaterra es la cumbre deportiva de Maradona (aunque luego marcase los dos goles en semifinales frente a Bélgica, y diese las asistencias en la victoria 3-2 contra Alemania en la final).

En el choque con Inglaterra, con los ecos recientes de la Guerra de las Malvinas en 1982, Maradona, en apenas cinco minutos, firma sus dos tantos más recordados. El primero propio de un pícaro, la famosa «mano de Dios», un gol de esos que marcaría Maradona en su niñez en las explanadas embarradas de Villa Fiorito. El segundo, la obra de un genio. Arrancando desde antes del mediocampo, Diego Armando va sorteando rivales en una carrera hacia el firmamento que acaba con el balón en la red. Maradona, con sus goles, con su talento, hizo feliz al pueblo argentino y al napolitano.

Un ídolo. Pero un ídolo humano, esto es, evanescente. Maradona ya quiso abandonar Nápoles tras ganar la UEFA del 89, pero el presidente del club se lo impidió. A finales de los 80, Maradona, que seguía dando lecciones de fútbol cada fin de semana en San Paolo y en otros estadios italianos, había caído en una espiral destructiva de drogas, prostitución, contactos con la Camorra, continuas fiestas, etc.

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El documental informa de que Diego Armando salía de forma descontrolada de domingo a miércoles; a partir del miércoles; se recuperaba de los excesos para jugar el partido del sábado o el domingo. Tuvo un hijo que no reconoció fuera de su matrimonio. Se acercó a los ambientes más turbios del Nápoles de la época. La crítica del documental al comportamiento de Maradona es ligera, tenue: hay excesiva dulcificación del Maradona individuo. Quizá no soportó la fama, la presión. Quizá no supo qué hacer con tanto dinero. Pero para muchísimas personas, sobre todos los niños, el deporte, el fútbol, representa una manera de entender la vida de manera sana y tranquila, y una referencia mundial del balón como Maradona hizo un flaco favor al mundo y la sociedad con su conducta.

Las semifinales y la final del Mundial de Italia 1990 marcan de forma diáfana el distanciamiento entre Maradona y la afición italiana. En las sSemifinales, los argentinos ganan a los italianos en los penaltis en el mismísimo San Paolo (Maradona, a medio camino entre la soberbia y la ingenuidad, había pedido a los napolitanos que apoyasen a Argentina ante su propia selección) y la fFinal en Roma, donde los argentinos pierden con Alemania, con una tremenda pitada del público italiano al himno argentino, que provoca la reacción de Maradona: «hijos de puta, hijos de puta».

Caída libre desde entonces. En la cena de Navidad del Nápoles en 1990, se ve a un Maradona taciturno, entristecido (tan distinto del Maradona jovial y vitalista de los festejos de 1987). En marzo de 1991, da positivo por drogas después de un partido contra el Bari. Ya no volverá a jugar con el Nápoles. Volvió a Argentina. Luego al Sevilla. Mundial de Estados Unidos de 1994. Golazo a Grecia y un nuevo positivo. Oscuridad. Atrapado por la cocaína. Diego Armando tuvo suerte de seguir con vida. La droga acabó con miles de personas en los 80 y los 90.

Kapadia nos brinda un valiosísimo documental, tras sus magníficos trabajos en torno a Ayrton Senna y Amy Winehouse (con Amy ganó el Oscar en 2015). En un campo de fútbol, Maradona fue el más grande. Único. Sus goles y jugadas repartieron felicidad, la felicidad que él transmitía con la pelota.

Pero cuando no estaba en el escenario deportivo, su vida era como la de tantos otros: un deambular errante por los precipicios.

Escribe Javier Herreros Martínez

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