La (des)educación de Cameron Post (2)

  11 Julio 2019

En un mundo extraño

la-deseducacion-cameron-post-1Hay veces en el que una película bien estructurada en su argumento, una narrativa sencilla y unas sólidas interpretaciones son suficientes para que ésta funcione. Es el caso de esta pequeña obra que rezuma espíritu indie por los cuatro costados, La (des)educación de Cameron Post, que logró llevarse el premio gordo en el festival de Sundance y la espiga de plata de la Seminci de Valladolid.

Se trata de la segunda película de la directora Desiree Akhavan, que en su trayectoria fílmica —dos películas y una serie de televisión— siempre ha tratado el binomio homosexualidad/bisexualidad en el universo femenino y cómo el entorno muestra agreste resistencia ante la idea de que una mujer tenga relaciones con otra. En esta cinta, además, introduce un fuerte ambiente católico que piensa que la atracción hacia personas del mismo sexo puede tener cura.

Nuestra protagonista, la tal Cameron Post del título, es una joven confundida en plenos años 90 que siente una gran pasión por otra chica de su escuela. Aún teniendo novio, Cameron no puede —ni quiere— reprimir sus sentimientos ni su despertar sexual, pero el pastel pronto se descubrirá y será enviada a un centro de terapia en el que supuestamente reorientan a los jóvenes para eliminar sus tendencias homosexuales.

Por supuesto, el miedo a la decepción familiar y la presión católica que reina en su ambiente hacen que Cameron intente sin éxito someterse a esa reorientación. En esta especie de granja también conocerá a otros chicos y chicas que intentan ser buenos cristianos y no caer en la tentación del sexo con personas del mismo género.

Curiosamente, La (des)educación de Cameron Post comparte temática con otro filme reciente también de factura independiente, Identidad borrada. Casualidad o no, estamos ante  un momento en el que el cine estadounidense está reivindicando la propia expresión del individuo sin someterlo a fuerza de la presión social externa. Y en estos dos casos, también estamos delante de un alegato contra los juicios de una educación católica.

La mala educación

Desiree Akhavan, quien por supuesto también guioniza la película, maneja el tono entre la frialdad, la sensitividad y la emoción de sentirse extraño en un mundo que no te acepta. Le bastan unos ajustados 90 minutos para hacer una disección simple, pero muy efectiva, sobre lo que supone un ferviente ambiente religioso, sobre lo que supone el traicionar una estructura familiar estandarizada y sobre cómo puede terminar el forzar a alguien para ser alguien o algo que realmente no siente.

Chloë Grace Moretz se mete en la piel de Cameron Post haciendo cristalizar todo un torbellino de dudas, de pulsiones, de deseos insatisfechos y de miedos en la que es una de esas interpretaciones que definen una carrera. También una espléndida secundaria, Jennifer Ehle, funciona a la perfección como contrapunto perfecto dando auténtico pavor acerca de lo que una persona puede llegar a hacer siguiendo sus férreas convicciones. Aunque quizás los mejores momentos de la cinta sean aquellos en los que Cameron y sus compañeros intentan mantener la alegría en el epicentro de ese adoctrinamiento contra la libertad individual.

Puede pensarse en algún pasaje, o sobre todo también por su temática, que estamos delante de un telefilme bien realizado. Y en cierto modo, es así. Pero en el buen sentido de la frase. Aquí el menos es más adquiere todo su sentido. Pocos escenarios, un reducido grupo de actores poco o nada conocidos, un guión que sabe lo que busca y un estilo relajado que va avanzado como quien penetra lentamente un bosque profundo.

Y con estos sencillos elementos, Akhavan firma un buen trabajo, simple y limitado por su propia naturaleza y su propio minimalismo, pero bueno al fin y al cabo.

Escribe Ferran Ramírez


Más información:
Identidad borrada

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