Los Japón (1)

  02 Julio 2019

Salmorejo o sushi

los-japon-1Los Japón parte de un hecho histórico muy interesante: en 1614, una expedición japonesa encabezada por un nieto del emperador de Japón desembarcó en Coria del Río (Sevilla). El objetivo era conseguir apoyo financiero y militar del papa Paulo V y del rey Felipe III. La misión fracasó y muchos de los tripulantes del barco decidieron quedarse en Sevilla. Con el tiempo muchos de los descendientes de estos japoneses decidieron cambiarse los nombres, que para muchos era impronunciable, por el apellido Japón. Motivo por el que en Andalucía hay algunos ciudadanos emparentados lejanamente con el país asiático.

El director y guionista Álvarez Díaz de Lorenzo (Señor, dame paciencia) busca darle una vuelta de tuerca a este hecho histórico y nos presenta una comedia que surge cuando cuatrocientos años después el emperador de Japón muere sin descendencia. La historia comienza cuando una familia de Coria del Río descubre que son los herederos al trono, tendiendo que trasladarse al palacio imperial y aceptando su nueva misión.

Una premisa que con un buen guion podría haber sido muy divertida, pero que termina siendo un despropósito en todos los sentidos. Los Japón, digámoslo claramente, es una muy mala película que además nos sugiere algunas preguntas muy interesantes.

¿Cuál es el concepto que tenemos de nosotros mismos? Estamos ante una de esas películas en la que se nos presenta como unos catetos incapaces de entender el funcionamiento del mundo.

Esto parece ser una especie de tendencia en nuestro cine, puesto que no son pocas las propuestas que parten de esta visión: Perdiendo el norte, Perdiendo el este, Thi Mai, Rumbo a Vietnam. Cintas que muestran a unos personajes que ya no solo no hablan inglés, sino que se muestran incapaces de entender culturalmente a otras personas. Películas que, en cualquier caso, tienen un gran éxito en nuestra cartelera y que se sitúan entre las más taquilleras. Es decir, parece que nos gusta esa visión de nosotros mismos.

Resulta curioso que esta tendencia no esté presente de forma tan clara en el cine de nuestros países fronterizos, que siempre presenta a unos personajes mucho más internacionales; véase por ejemplo Bienvenidos al norte. Una mentalidad que, en definitiva, nos vuelve a sumergir en el cine de Antonio Ozores y Paco Martínez Soria, pero con peores resultados, ya que en el caso de estos se trataba de comedias sin pretensiones, que no ocultaban su mensaje y eran francamente divertidas.

En Los Japón encontraremos todos los tópicos posibles sobre los andaluces y los españoles. Además, presenta a los japoneses como un pueblo excesivamente servil, incapaz de tomar sus decisiones y un poco atontado. No obstante, acepto que esto puede dar pie a divertidos chistes y situaciones, pero ni siquiera esto funciona. Y es que nos encontramos ante una película sin ideas, con un guión muy flojo y sin momentos realmente memorables.

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Prácticamente, la totalidad de la película se basa en las dificultades de entender el idioma japonés, pero sin ningún chiste ni situación a destacar. En ocasiones, da la sensación de que ya no saben como continuar la historia, creando situaciones que solo buscan dilatar el metraje, como todo lo referente al viaje en paralelo del abuelo (Antonio Dechent). Totalmente metido con calzador.

Otra pregunta que nos suscita la película es: ¿hasta qué punto necesitamos ser políticamente correctos? Toda la película está escrita en mayúsculas y con subrayado gordo. En este caso todo gira en defensa de los derechos de la mujer y su empoderamiento, mensaje muy positivo siempre. Pero lo hace de una manera demasiado burda, tratando al espectador como si fuera incapaz de razonar.

A nivel interpretativo, Dani Rovira y María León hacen el mismo papel de siempre. El comportamiento de sus personajes es intercambiable por el de las últimas tres o cuatro películas que han rodado. Es decir, funciona bien. Lo que no se entiende muy bien es qué hace Antonio Dechent en esta historia. Más curioso resulta el papel del debutante Ryo Matsumoto, un bailaor de flamenco afincado en Triana desde hace treinta años.

Dicho esto, poco se puede reseñar en positivo de Los Japón. Basta decir que al final de la película convierten el palacio imperial de Japón en un tablao flamenco. Y lo peor es que si tiene éxito puede tener continuación.

Escribe Vicente Ignacio Sánchez | Artículo publicado en Cine Nueva Tribuna

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