Okko, el hostal y sus fantasmas (2)

  06 Junio 2019

Una curiosa y divertida hermana pequeña

okko-1Es imposible escribir sobre Okko, el hostal y sus fantasmas sin conectarlo con el Studio Ghibli. Y es que el realizador Kitaro Kosaka, antes de dirigir sus propios proyectos, colaboró con dicho estudio como animador en una gran cantidad de películas. Es de ese periodo de donde surgen sus influencias, de su contacto con cineastas de la talla de Hayao Miyazaki e Isao Takahata.

Su tercer filme como director rebosa de elementos que nos recuerdan a las obras producidas por el famoso Studio Ghibli: la enorme presencia de la naturaleza, la importancia de lo espiritual, la exaltación de la tradición y costumbre japonesa sin caer en un nacionalismo ridículo... Todo ello son aspectos muy característicos del cine del maestro Miyazaki. Esos elementos se plasman en esta película a través del bosque, del mar, de los templos, de las casas termales, de las ferias, de las fiestas tradicionales, de los fantasmas, de los demonios, de los kimonos...

De hecho el único aspecto que veo criticable en ocasiones en los filmes de Miyazaki también se hace patente en esta obra, y es la presencia de cierto «buenismo» en ocasiones algo simplista e infantil. Lo segundo es lógico ya que muchas de estas películas están dedicadas a este sector del público, pero hay otras que en cambio son mucho más ricas y su mensaje es solo captado en su totalidad por una persona más madura. Okko, el hostal y sus fantasmas no pertenece a esta segunda categoría, no es tan compleja y elaborada como sus hermanas mayores.

Hay además un par de situaciones extrañas en el filme, situaciones que a mi parecer rompen con el conjunto de la obra. La primera de ellas se da cuando la protagonista y una cliente se van de compras a la ciudad al centro comercial. Durante esos minutos se vive una exaltación del consumismo. Se llega incluso a afirmar a través de uno de los personajes que comprar es algo bueno para despejar la mente y que es positivo para ayudarse a uno mismo. No quiero hacer aquí una crítica exacerbada del capitalismo, pero sí quiero decir que se me hace raro esta oda al dinero tan absurda y directa que nada tiene de relación con el resto de la obra.

Lo segundo que llama mi atención es la también extraña mentalidad que se tiene con respecto a los clientes. Se da gran relevancia a lo largo de película al trato que se debe dar a estos por parte de los trabajadores. Pero creo que esa importancia es demasiado exagerada y cae de nuevo en algo ridículo a ojos de la sociedad actual. Se busca tanto agasajar a los clientes que uno se olvida de sí mismo, se adopta una especie de actitud de siervo muy incómoda y anticuada.

Creo que estos dos aspectos manifiestan algo que Kosaka no ha sabido hacer, y es saber qué quiere contar y cómo hacerlo. Entiendo que el filme busca transmitir un mensaje parecido al de Miyazaki, pero, a diferencia de éste, Kosaka se pierde por el camino. No sabe del todo cómo conjuntar lo moderno con lo antiguo, y eso le lleva a que sucedan estas dos escenas o actitudes tan alejadas entre sí.

Si observamos en cambio otra obra con la que podría tener bastantes cosas en común como es por ejemplo El viaje de Chihiro veremos cómo ésta es muy superior a la película de Kosaka. Son hermana mayor y hermana pequeña.

Aún así, como filme infantil, Okko, el hostal y sus fantasmas es una obra divertida, alegre y desenfadada. Su ligereza la hace agradable y fácil de ver. El cambio que se muestra, la transición de Okko de niña a adulta (dejar de ver fantasmas y dejar de tener asco por los insectos son dos manifestaciones de ello) es graciosa e interesante.

Pero todo lo que he comentado anteriormente la deja antes mis ojos como una película más que no recordaré demasiadas veces en el futuro.

Escribe Pepe Sapena 

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