La sombra del pasado (2)

  17 Abril 2019

Lección de vida e historia

la-sombra-del-pasado-1Cuando hace 13 años se estreno La vida de los otros, nadie había oído nunca hablar de Florian Henckel von Donnersmarck, más que nada porque era su opera prima y porque la obra aún no había alcanzado la resonancia que luego tuvo. La vida de los otros se reveló como una de las cintas más importantes de aquel año, ganó el Oscar a la mejor película de habla no inglesa y de paso reivindicó el cine alemán, que hacía años nos iba dando perlas sueltas y con ésta confirmó su nueva ola de directores.

La vida de los otros era una obra depuradísima, con una narrativa impecable que bajo la forma de thriller desarrollaba una historia profunda, impresionante, que analizaba la propia historia del país con una asombrosa capacidad crítica.

Además, logró conmocionar a todo aquel que la veía convenciendo a propios y extraños. Digamos que fue un feliz acontecimiento cinematográfico de esos que trascienden y permanecen en la memoria.

Tan bien le salió esa primera obra que Hollywood, rauda y veloz, cogió al director y lo puso delante de una superproducción para mayor lucimiento de Johnny Depp y Angelina Jolie.

La peli en cuestión era El turista (2010), una especie de thriller cómico y estilizadísimo que servía para que Depp ejerciera de personaje fantoche y Jolie se presentara como una musa inalcanzable un tanto ridícula, con un pelo seco y una pose igual de seca que nadie se creyó.

Aquello fue un auténtico estropicio aunque el material de base tuviera cierta gracia y desde luego debía haber corrido mejor suerte. Nadie entendió el disparate de aquella cinta. El realizador debía estar muy poco inspirado con una película casi detectivesca y toques de humor como para haber podido filmar algo tan profundamente débil e inconstante.

Ya alejado del panorama del star-system y de las majors estadounidenses, von Donnersmarck ha vuelto a Alemania para filmar su tercera película y un intento de volver a hacer algo parecido a aquella primera y magnífica obra, dando a luz una obra escrita, dirigida y producida por él (de nuevo), con la historia del país germano como telón de fondo (de nuevo) y unos personajes que se verán en una encrucijada vital (de nuevo). En esta ocasión, la historia se expande durante treinta años.

Una vez vista la obra, resulta curiosa la comprobación de que von Donnersmarck ha dado en su última cinta una extraña mezcla de los dos estilos de filme que ha rodado: contienen momentos logradísimos que recuerdan a su cinta novel, pero también contiene una caracterización de personajes y pasajes narrativos farragosos que recuerdan a su más fallida segunda obra. La sombra del pasado se sitúa entre ambas, artística y creativamente hablando.

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Obra sin autor

Otra de aquellas cosas que le dejan a uno atónito es el título español que la caído en (des)gracia a la película. La sombra del pasado recuerda lo que viene siendo un telefilme baratucho de los que se ven en la sobremesa. Amén de que también recuerda a muchos otros títulos exactamente iguales de otras cintas, o si más no, profundamente parecidos.

Curiosamente, y aunque un poco mejorado, su título americano tampoco ha corrido mucha suerte: Never look away. El título original traducido sería Obra sin autor, e insistimos en esto porque es esencial para entender uno de los niveles de significado de la película.

La obra constituye una epopeya personal y familiar de 3 horas y más de treinta años de historia de Alemania mediante las idas y venidas de Kurt, un joven ambicioso amante del arte y a quien el contexto sociohistórico influirá notablemente en su destino.

Kurt tendrá para siempre en su recuerdo a su tía Elisabeth, una bellísima joven que le enseñaba el arte moderno y paseaban juntos por Dresde hasta que fue diagnosticada como esquizofrénica. Por supuesto, el advenimiento del nacionalsocialismo y la construcción de una raza pura sin máculas provocarán la separación de Kurt y Elisabeth y él vivirá toda su existencia con el recuerdo de su rostro y de aquellos días felices.

Ya en la escuela de las artes, Kurt conocerá a su pareja ideal, de nombre también Elisabeth. Ambos expresan su arte cada uno a su modo, Kurt se dedicará la pintura mural para promocionar el socialismo, mientras que ella se dedicará a la confección. Un tercer elemento entrará en juego: el padre de Elisabeth pretenderá destruir la relación de los jóvenes desde dentro puesto que considera que el joven puede ser una deshonra para la familia.

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El devenir de los años revelará las conexiones invisibles de estos personajes, sus verdaderas naturalezas y sus intenciones ocultas convirtiendo a este triángulo de las Bermudas familiar en un terceto de interpretaciones soberbias (imperial Sebastian Koch) que se apoya esencialmente sobre la arista de Kurt/Tom Schilling en un esforzado papel para llevar él solito el peso casi absoluto de la función.

El director alemán pretende salirse con otra obra trascendente como La vida de los otros. Y lo consigue de algún modo, aunque esta vez tamaña ambición le haya traicionado y le haya salido profundamente irregular, aunque igual de importante a la vez. Y es que las tres horas de metraje no se hacen pesadas, están bien llevadas y hasta son lo suficientemente entretenidas. Pero, ay, están plagadas de clichés.

Los personajes son bastante planos en general, casi manieristas. Sólo atendiendo al villano de la función uno se percata de que es un personaje al que le faltan muchos matices, por no hablar de la asombrosamente guapa pareja protagonista, que podrían estar sacados de sendos anuncios de colonia. Y si atendemos al guión y su estructura, es fácil observar que está lleno de obviedades, elementos harto predecibles, recursos narrativos simplones y que sus diferentes capítulos narrativos están forzados, insertados con calzador de refuerzo.

Pero no sabemos muy bien cómo, también decimos a la vez que es una cinta bella, que se torna más importante en cuanto avanza su metraje y que tiene momentos espléndidos que redimen sus otros pecados. Además, von Donnersmarck pone todo su empeño contratando un empaque excelso de música, fotografía, vestuario y ambientación que ayudan a que el producto final salga muy beneficiado.

Sabemos que todo en La sombra del pasado resulta artificioso, hasta sus endebles discursos sobre el arte y su validez a niveles individual y colectivo, pero el cine es lo que tiene y cabe dejarse llevar por él cuando está bien hecho. Tiene salidas de tono, pero también tiene corazón y profundidad suficiente como para que pensemos que se respira cine puro y clásico dentro de ella, y de esto hoy andamos escasos.

Escribe Ferran Ramírez


Más información sobre Florian Henckel von Donnersmarck:

La vida de los otros
The tourist

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