Degas, pasión por la perfección (3)

  04 Abril 2019

Un artista complejo

degas-1Pese a estar incluido en las exposiciones del grupo impresionista en el París de 1870, Edgar Degas (1834-1917) siempre defendió la denominación de «Los independientes» para este conjunto de artistas, quizá  porque un afán de independencia, con huellas de tradición y rasgos de modernidad, alentó su obra.

El principal mérito de Degas, pasión por la perfección (2018), dirigido por David Bickerstaff, radica en mostrarnos no sólo la dimensión habitual que se ha ofrecido del creador galo, la del pintor de bailarinas, sino poner en valor la multidisciplinariedad de Degas: dibujante, escultor, coleccionista. Y dentro del ámbito pictórico, además del ciclo imprescindible de las chicas del ballet parisiense, otros ciclos muy relevantes: las pinturas de los cafés, los cuadros de las carreras de caballos, la trascendencia de los retratos.

El documental de Bickerstaff, muy sólido, no cae en la especialización; al contrario, resulta accesible para todo tipo de públicos. Se basa en la colección de obras de Degas que alberga el Museo Fitzwilliam, uno de los espacios culturales de mayor altura de la Universidad de Cambridge. Por medio de testimonios de profesionales (docentes, críticos, pintores) se lleva a cabo un recorrido cronológico lineal por la trayectoria de Degas. Abundantes imágenes de sus cuadros, fotografías en blanco y negro, y recreaciones cinematográficas de la actividad del artista complementan un largometraje bien construido.

Si el documental nos atrae desde el primer momento es porque Bickerstaff plantea de forma audaz la poliédrica vida de Degas: el joven que no hizo caso a las recomendaciones del padre, que pretendía que estudiase Derecho; el copista del Louvre que admiraba a Ingres y Delacroix; el incipiente artista que se formó durante tres años en Italia; el prestigioso pintor que realizaba múltiples cuadros de sus centros temáticos; el hombre que sufre problemas de visión y deriva esfuerzos creativos a la escultura; el anciano ciego que falleció a los 83 años tras decir: «Entenderéis mi obra en el futuro». Esta confianza en el porvenir de su arte también la poseía Vincent Van Gogh.

Bickerstaff entrega, a su vez, una serie de anécdotas clave para captar la magia del genio francés. Sobresale aquella que relata el encuentro de Degas e Ingres a principios de 1850, y cómo el consagrado pintor le dio un consejo a Degas, entonces un muchacho: «Tú pinta líneas, muchas, muchas líneas. Así llegarás a convertirte en un gran artista». Posiblemente, en los cuadros y dibujos de mujeres desnudas sea donde Degas mostró con mayor brillantez la ascendencia de Ingres, y de algunas de sus obras maestras como La bañista de Valpiçon (1808).

El documental profundiza en el comentario de varios hitos de la carrera de Degas. Tal es el caso de La familia Bellelli (1858-1867), donde Degas transformó el tradicional retrato de familia. A menudo, estos se mostraban complacientes con sus integrantes y expresaban la armonía de los mismos, la felicidad por permanecer unidos. Degas, sin embargo, reflejó la lejanía entre los cónyuges, su falta de conexión, separándolos en el lienzo. La mujer, de pie, seria, la mirada perdida, con un vestido negro, de luto por el fallecimiento de su padre, el abuelo de las niñas, la mujer que se ubica en el margen izquierdo, con el margen izquierdo en el hombro de la hija mayor; el marido, sentado, de espaldas, en la parte derecha, con cierta incredulidad; en el centro de la composición, la hija pequeña, indecisa sobre a quién respaldar: al padre o a la madre.

La pieza audiovisual aborda también la conflictividad de Degas en el grupo impresionista: muy amigo de Manet (que le presentó a Pissarro y a Monet), acabaría enemistándose con este pintor. Algo similar a lo que ocurriría entre Van Gogh y Gauguin. A diferencia de los impresionistas, que defendían la espontaneidad y la pintura al aire libre, Degas abogaba por el trabajo lento, concienzudo, y las obras en interiores. Uno de sus marchantes más representativos.

 Ambroise Vollard, lo defendió de las críticas que le acusaban de su escasa capacidad imaginativa. Vollard dijo: «Degas tiene una continua pasión por la perfección». De ahí que nunca considerase sus obras acabadas (una percepción paralela a la de Gaudí). De ahí que volviese una y otra vez sobre sus temas predilectos.

Escribe Javier Herreros Martínez

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