Nación salvaje (3)

  01 Abril 2019

Por un puñado de likes

nacion-salvaje-1Esta ha sido una de las películas que más polémica causó en el pasado Festival de Sitges. Aplaudida y criticada casi a partes iguales, ya que es una provocación hecha película.

A simple vista puede parecer un producto orientado para atraer a los adolescentes, sobre todo por la elección del reparto, en el que la mayoría de los intérpretes destacan con más fuerza en las redes sociales que por sus trabajos anteriores. Además rebosa de vocabulario millennial y no viene con diccionario.

Pero su apariencia juvenil y banal es sólo la fachada. Es más, sus intenciones son muy evidentes con un aviso, el trigger warning del principio, casi en forma de guiño al Rey del gimmick, William Castle. Después de avisar por adelantado de la violencia, también se burla advirtiendo de que el metraje contiene transfobia, masculinidad tóxica y egos masculinos frágiles.

Dado este carácter provocador queda claro que no está hecha para un público conservador. Su óptica brutal aborda un amplio abanico de temas y recursos. Lo hace de una manera muy contundente, a través de un lenguaje efectista, con un poderoso plano secuencia, pantallas dividas, ruptura de la cuarta pared...

Cuando Sam Levinson utiliza al personaje interpretado por Odessa Young, hablando directa a la cámara, se convierte casi en un youtuber, como si el espectador y el director se comunicasen a través de una ventana de Internet.

Es curioso que ya desde su paso por el Festival Internacional de Toronto, el film ha sido comparado con Spring Breakers (Harmony Korine, 2012). Aunque ambas proponen como protagonistas a cuatro adolescentes (con actrices veinteañeras, un clásico en el género) atrapadas en un entorno violento y hostil, las historias no se podrían desarrollar de manera más diferente. Las protagonistas de Spring Breakers luchan a través de someterse al personaje interpretado por James Franco y consiguen poder con los mismos comportamientos que los hombres a los que temen. Desde la perspectiva de la fotografía también discrepan, especialmente porque Assassination Nation carece de male gaze.

En cambio, en lo que a estética se refiere, el homenaje a Stray Cat Rock: Delinquent Girl Boss (Yasuharu Hasebe, 1970) es indiscutible, con el grupo de chicas repartiendo caña vestidas con gabardinas rojas. Destacar lo reivindicativo e ilusionante que supone incluir a Hari Nef, actriz abiertamente transexual, sin que su personaje sea sólo definido por ello ni que se caiga en los estereotipos.

El director hace una narración extremadamente desatada, con un lenguaje en clave que, como en La purga (2013), nos lleva al planteamiento de una situación raramente posible, pero que él usa como vehículo para mostrarnos los males de la sociedad actual.

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Las películas de entorno adolescente (ambientadas generalmente en la vida en el instituto) pueden utilizarse como el retrato de un microcosmos de la sociedad del momento. La superficialidad extrema que preside la búsqueda de la popularidad a través de las redes sociales, puede sacar lo peor de las tendencias de la época actual. Esta mezcla de apología y banalización de la violencia recuerda a Perros de paja (1971) y cómo Sam Peckinpah (conocido por la crítica como Bloody Sam), otro provocador nato, causó controversia renovando los cánones narrativos.

Lo más importante de la película de Levinson es la manera de mostrarnos su idea de las generaciones millennial y Z, de forma esmeradamente descriptiva. Afronta el regreso del linchamiento público, y nos lo retrata descaradamente, incluso al elegir el nombre de Salem para el pueblo en el que transcurre la historia. Nos pone cara a cara ante el falso paralelismo entre evolución cultural y avances tecnológicos, en el que tradicionalmente se suele caer. Nos obliga a reparar en que nos siguen motivando los mismos impulsos e instintos que siempre han guiado a la especie humana.

Para el director, la tecnología sirve como disfraz de la brutalidad de la humanidad actual y nos hace ver que es difícil alejarnos de lo que somos realmente, una especie de «cavernícolas tecnológicos».

Escribe Laura Ayet | Artículo publicado en Cine Nueva Tribuna

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